galiciasuroeste                                             Fredderick Barnet

Más de 10 años por delante y unos 100.000 km esperan al aventurero Frederick Barnet que pasó por a Guarda

Tiene 70 años, pero el optimismo de una persona mucho más joven.  Superó una grave enfermedad, de esas que también ‘machacan la cabeza.’ Tiene fe en el ser humano, desconoce la soledad y cree que los retos evitan la monotonía. Esa fortaleza de espíritu contrasta con un hombre que no va sobrado de carnes ni de talla. Su acento no denota sus orígenes catalanes, de Canet de Mar; más bien nos haría pensar que viene de más allá de los Pirineos. Los años en la emigración también dejaron su impronta en el acento de un aventurero que tendrá más de 80 años cuando concluya un periplo que le llevará por Europa, África y América.

 

Porque un día Frederick Barnet decide dar la vuelta al mundo ¿o fue algo meditado?

            Yo me operé de cáncer de estómago  y tuve que dejar mi profesión; no me sentía con fuerzas para continuar mi vida laboral, y me vine a Barcelona, hasta que pensé que me encontraba mejor. Regresé a Alemania, pero no me concentraba en mi trabajo, y decidí retirarme, con casi 65 años. Opté por una vida más tranquila, aunque rsultó demasiado tranquila para mí y me planteé este reto.

 

Supongo que se lo expuso a su familia, a sus amigos. ¿Le creyeron? ¿Qué le dijeron?

            Vamos a ver. Mi familia sí que me creyó, también los amigos que mejor me conocen; los demás dudaban “ese habla por hablar”, decían. No fue una sorpresa para mi familia y los amigos esta decisón porque ya me conocen: “es típico de Federico”.

 

Desde una perspectiva más joven, pensamos que con 70 años, y para un periplo así, hacen falta tres cosas: una salud de hierro, una fe inquebrantable y (discúlpeme) estar un poco loco?

            La salud, gracias a Dios, la he recuperado después de la enfermedad. Lo que me entra en la cabeza, da lo mismo lo que cueste, aunque haya paredes por el medio, lo tengo que hacer. ¿Hay montañas? Pues las subo, eso sí, sin ver hacia arriba, porque si alzo la vista, me canso (y ríe), voy subiendo, subiendo, aunque tarde en alcanzar la cumbre, pero siempre llego a la cima. ¿Un poco loco? Pues quizás sí; pero a mí me gusta conocer gente, gente joven, porque las personas de mi edad las veía mucho más “viejas” que yo.

 

En tan larga aventura, creo que hablamos de 10 años...

            10 años pensaba yo, pero calculando quizás se alarguen un poco más, y pienso que pueden ser hasta 12 años.

 

O sea, hablamos de usted con 80 años visitando países con lenguas, costumbres y culturas diferentres. ¿No teme a la soledad?

            No, non estoy nunca solo, porque hablo con usted; hablo con las personas del pueblo; voy a un mercado y pregunto a la gente “ y usted cómo prepara esas cosas”, y hay quien me lo explica con mucho gusto y otras que me dicen “eso no se lo explico a nadie porque eso viene de herencia”.

 

Cruzará usted países o lugares con cierta, digamos, ‘inseguridad”. ¿No tiene miedo?

            No. No pienso que la gente sea tan mala como a veces nos imaginamos. Cuando ocurre algo malo, se habla y se escribe de ello, pero cuando sucede algo bueno, no nos enteramos, porque no es noticia. Si nos dejamos influir por lo que informan los medios entonces ya te dedican expresiones como “te va a pasar esto”, “lo vas a pasar mal”... Unos me dicen, no vayas nunca solo... Tengo amigos que, en alguna ocasión me acompañarán. No, yo no creo que la gente sea tan mala; depende de como se comporte uno.

 

Alguien puede pensar “a este hombre le sobran los dineros”

            No, no. Tengo que mirar por mi economía. Sucedió que en una de las etapas perdí el dinero que llevaba  en una bolsa al cuello, de modo que solo me quedaron 2,50 euros en el monedero. Tuve que aguantar con esta cantidad hasta que recibí la pensión del mes.

 

Partió, corríjame si me equivoco, un 29 de octubre desde la iglesia de Santa María de Ripoll, ¿por qué desde Ripoll?

            Bueno yo salí antes. Vine de Alemania, de la Selva Negra, y pedaleé durante tres semanas, hasta llegar a Barcelona, y allí esperé al día 29, que era sábado, porque el 26, cuando llegué, era mi 70 cumpleaños. ¿En Ripolll? Porque aunque no lo parezca, soy muy catalán y en el monasterio de Ripoll está enterrado el fundador de los Países Catalanes.

 

Del itinerario ya hecho, ¿con qué se queda?

            ¿Con qué me quedo? Con la calidez de las personas. En los albergues me encuentro con gente muy agradable, de todas las partes del mundo: Australia, Corea, Canadá, Brasil... En los albergues uno compra el arroz, otro la carne o el pescado y hacemos la comida en común y luego repartimos el gasto entre todos. Compartimos experiencias, anécdotas; es una pena que a las diez tengamos que estar todos en cama porque al día siguiente nos espera otra jornada.

 

Frederick Barnet cogió su bicicleta, una mochila, miró al cielo y... comenzó a pedalear. Atrás quedaba Santa María de Ripoll, empequeñeciéndose a sus espaldas”. Tiene usted un nombre y apellido para ser el protagonista de una novela. ¿Escribirá su “novela”?

            Yo mismo, no. Pero recojo cada día lo que vivo, lo que hago. Algunos días no encuentro de qué hablar y otros la información es muy abundante que me falta tiempo.

 

En tan larga aventura, ¿con qué apoyos cuenta?

            ¿Apoyos? Apoyos de mis amistades, un apoyo moral muy importante, porque tengo muchos amigos en distintos países de Europa que me empujan con sus palabras. Y tengo esos otros amigos que voy conociendo en el recorrido.

 

Es larga la aventura, ¿de cuántos kilómetros hablamos?

            Es difícil de calcular porque en cada país tengo que informarme en los consulados para que me orienten por dónde puedo ir o por dónde no debo pasar. Podríamos hablar de entre 80 y 100.000 km.

 

¿Y cómo son sus etapas? Usted pernoctó en Oia, doce kilómetros después está en A Guarda...

            Mis etapas son diferentes. Tengo hecho etapas de 95 km y otras más cortas, como la que me dejó en A Guarda, donde mi familia tenía un conocido y quise saludarlo.

           

¿Siempre durme usted en camas mullidas y bajo un techo que ampara las inclemencias?

            Yo viajo con una tienda de campaña. De todas formas busco donde haya albergues o, como fue en Francia, me alojé en camping. A veces acudo también a los hostales.

Siendo cocinero, ¿“cata” usted lo que le ponen?

            Sí, sí, sí, sí... Lo saboreo mucho, y además las cosas sencillas, que es la mejor cocina que hay: cuanto más sencillo, más sabrosa es la comida. Y quiero recoger esta clase de cocina sencilla para practicarla.

           

¿Es exigente con el plato o es de los que para esta aventura come de lo que le echen?

            Si estoy invitado en una casa, como lo que me dan. Si voy a un restaurante, soy exigente y hasta me enfado si no está bien cocinado. Cuando uno tiene un negocio tiene que presentar el producto como debe.

 

¿Se defiende usted bien con las lenguas?

            Sí, me entiendo bien. Hablo varias lenguas que me permiten conversar con la gente.

 

Mañana (por el domingo) se despide de A Guarda. ¿que se lleva de aquí?

            (Saca sus apuntes, una bloc que guarda la memoria de sus días). Esta mañana, tomando café, escribía: “El último pueblo de España no lo voy a perder de mi memoria porque ha sido uno de los pueblos que más me ha agradado”.

 

¿Y cuál es su próxima parada?

            No lo sé. He cometido una equivocación cuando salí de Ripoll: ponerme una meta, llegar a Santiago. Y dejé de ver a la derecha y a la izquierda. Eso me hizo perder muchas cosas que podía ver y mucha gente que tendría que conocer. Ahora domina la tranquilidad, y si veo un pueblo, me encamino hacia él para enriquecer mis deseos de comunicación y conocimiento de la gente. Y si no llego hoy a donde tengo que dirigirme, llegaré mañana, pero quiero vivir esta experiencia.

 

Por ciero, ¿por qué este acento que no le identifica como catalán?

            Por las lenguas que hablo y por mi estancia en el extranjero. Ya de joven, mi pueblo, Canet de Mar, se me quedaba pequeño y a medida que crecía necesitaba más amplios horizontes, porque el mundo no es sólo el pueblo de uno, en el mundo hay tantas cosas que no llegarían mil años para conocerlas

 

Frederick, fue un placer conversar con usted, y que dentro de diez años podamos volver a hablar. Buen viaje.

(Nuestro agradecimiento a Jose, de Cinebank, que nos puso en contacto con Frederik Barnet)

 

Decembro, 2011