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4 ao 11 de agosto de 2008

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1946, primeiro Libro-programa das Festas do Monte

No ano 1946 publícase o primeiro Libro-programa exclusivo das Festas do Monte. Antes xa se editaban outros folletos, pero avanzaban, ademais dos actos das Festas do Monte de Sta. Tecla, a programación doutros festexos que se celebraban no verán na Guarda.

Aquela primeira programación tiña, se se pode considerar como título, un consello "Visitad el Monte de Sta. Tecla en los días de sus Grandes Fiestas. 16, 17 y 18 agosto 1946. La Guardia".

Este primeiro programa, que se imprimiu na Imprenta Guardesa, reproducía, en B/N, algunas fotos con vistas da Guarda: o porto desde o Trega, o Monte Santa Trega, o poboado castrexo, a Porta Norte do castro, unha vista sobre o Miño, un dos atallos do Monte e as Loucenzas.

Algunhas colaboracións literarias e xa unha importante publicidade de casas e establecimentos comerciais, completaban este primeiro libro-programa de festexos.

Colaboracións

    As colaboracións que se incluíron no Libro-programa de 1946 eran textos de personalidades que visitaran o Museo Arqueolóxico e deixaron, no álbum de sinaturas, algún comentario.

Monte grandioso en cuyas altas cumbresel alma se remonta a su Hacedor

gustando sus divinas dulcedumbres vuelvo a ti con amor.

Y como fui el primero que rasgando en nombre d euna ciencia soberana la

costra de suelo venerando.

Haciendo surgir de él la prerromana población que a La Guardia dio cimiento

mi alma de rodillas ante ti.

Te ofrece el más sumiso acatamiento exclamando: "El que quiera ver portento

de estupendas bellezas, venga aquí".

IGNACIO CALVO

La ascensión más agradable que hice en mi vida de aviador ha sido al Monte de Santa Tecla acompañado de los socios de la Sociedad Pro-Monte a los que guardo agradecimiento eterno.

JOAQUÍN LORIGA

Me complace en expresarle la grata y hondísima impresión que me ha producido el monte de Santa Tecla en el que en hermoso consorcio se hallan la naturaleza y la arqueología y creo deben estar satisfechos y orgullosos los guardeses pues al contribuir con nuevos datos y monumentos a la historia patria hacen de la su patria chica, amor de sus amores.

FCO. ÁLVAREZ OSSORIO

Guardar memoria de la tradición y conservar cuidadosamente los monumentos que la representan es la principal obligación de los pueblos.

Aquellos que desconocen su historia  carecen de fundamento para confiar en sus energías y esperar su progreso.

A. BONILLA Y SANMARTÍN

Dícese que la belleza es Dios entrevisto; si es así el Monte de Santa Tecla es más que la belleza porque desde él no sólo he entrevisto a Dios, sino que lo he sentido.

MIGUEL DE ANDREU

Obispo de T. de Tennes

Camino de Santa Tecla: camino de mi raza y de mi Dios.

RAMÓN CABANILLAS

Encantado y satisfechísimo de mi excursión del Monte Santa Tecla, felicito a cuantos contribuyen a los trabajos, y deseo por España y la civilización, cunda por todas partes su ejemplo y aumente el entusiasmo por el pasado y el porvenir.

TOMÁS VILLANUEVA

Ingeniero de Montes

.

Difícil me parece haber podido encontrar las vistas del campo y mar de esta hermosa Región, unido al afán de cultura reflejado en los trabajos de los habitantes de ella, pues raramente sucede que dones tan distintos como no sea por gran suerte se aúnen.

MANUEL CAMOS

No es posible contemplar el Monte de Santa Tecla sin sentirse orgullo de la raza.

P.P.K.O.

En la misma frontera Hispano-Portuguesa en la bellísima desembocadura del Miño, el Monte Tecla llena de intensa emoción a los hombres que tienen el entusiasmo máximo por conocer la vida de las edades prehistóricas.

Hagamos porque las generaciones venideras sean cultas y conozcan el pasado ya que jamás podrán conocer el porvenir.

La hermosa tierra de Galicia merece gratitud de la Humanidad entera y los hombres entusiastas que dirigen las obras un entusiasta saludo de todos aquellos buenos españoles que aman a su Patria.

MARIANO DE LA VEGA

En el Tecla se hallan Íntimamente ligadas la obra de la mano del hombre y de la naturaleza.

Es el conjunto armonioso en su apoteosis, de la belleza innata y el ingenio del hombre.

¡Querer es poder!, certísimo el refrán.

A la voluntad férrea de un grupo de buenos guardeses amantes de la patria chica, se debe tal maravilla.

¡Cuántos parajes esperan aún la mano del hombre!

No visitar el Tecla es una profanación

No sólo como santuario, que puede figurar entre los de mayor fama, debe ser visitado sino también como paraje donde al espíritu se le transmite alegría y sosiego; admirando las más variadas perspectivas y recibiendo las caricias del rugiente mar (este mar que me salvó de las garras de la muerte en el umbral de la vida) que cual amante apasionado se rinde a los pies de su amada, besándola con frenesí.

Obra tan estupenda no debe dejar de admirarla ningún gallego que sea amante de su tierra.

ALFONSO BERNÁRDEZ

1947, sen textos literarios no Libro-programa das Festas do Monte

No ano 1947, as Festas do Monte celébranse do 8 ao 10 de agosto. O Programa de festexos encárgase a Imprenta Guardesa, entón na rúa Oliveira Salazar, nº 20 (despois sería a rúa José Antonio e hoxe é a Rúa Galicia), e conta, portadas incluídas, con 28 páxinas.

A portada é unha invitación a disfrutar do verano nesta localidade: "La Guardia villa de verano".

Non aparecen, no programa de 1947, textos literarios e sí ata oito fotografías, en branco e negro, das que cinco son de tamaño reducido, e as tres restantes reproducións de postais, como a que ilustra a portada.

1948, As colaboracións literarias foron extraídas de "La Citania de Santa Tecla"

de Julian López García

Segundo o programa de festexos de 1948, as Festas do Monte celebráronse ese ano do 20 ao 22 de agosto.  

As colaboracións literarias que se recollen neste Libro-programa iníciaas R. Pantaleón con “Invitación”, e siguen as de Julián López García, cun fragmento do libro “”La Citania de Santa Tecla” recollendo, tamén outros fragmentos desa mesma publicación e autor, para engadir ás seguintes páxinas.

As fotografías son en branco e negro, en número de oito: una panorámica da Alameda e o Centro Cultural, ilustra a portada; outra panorámica da Guarda, co porto, desde o Facho; a pedra de abalar que existía no lugar onde hoxe se ubica o Museo Arqueolóxico; As loucenzas co monte Santa Trega ao fondo; unha vista aérea do Facho; unha panorñámica do río Miño; a Ribeira co convento das Nais Bieitas e un dos atallos que suben ao monte.

Colaboración literarias que se recollen nno Libro-programa de 1948:

INVITACIÓN

En uno de los rincones de Galicia, en aquél que el Miño forma al fundirse en el Atlántico, apartado de los grandes núcleos de población y lejos de las primeras vías de comunicación como perla oculta que solamente se entrega al que busca profundamente, se alza el Santa Tecla, perla de turismo maravillosa y deslumbrante entre las muchas joyas panorámicas que Galicia encierra.

Toda Galicia es, sin duda alguna, maravilloso joyel que guarda numerosas bellezas con que encanta a propios y extraños, siendo ésta, sin duda, la razón de que el gallego emigrante no olvide nunca a su "terriña" y es que los ojos que han sido impresionados por el paisaje gallego, difícilmente lograrán borrar tal impresión.

Pero entre todas las bellezas que os ofrecen los pequeños y mansos riachuelos que, serpenteando  entre las agrestes montañas del interior de Galicia, vienen a abrirse paso en la magnificencia de las Rías Bajas; las de los ondulados valles esmaltados de toda la gama de verdes posibles, y tantas otras, yo os aseguro que después de haber recorrido Galicia en todas direcciones y cuando creáis que ya no es posible encontrar nada más bello, si llegáis a ascender al Santa Tecla, veréis cuan equivocados estabais, pues aquí si encontraréis el cúmulo de perfección que habíais soñado y algo así como el resumen de todo lo que habéis admirado por partes en distintos lugares y que aquí encontraréis reunido, pues la bravura salvaje de los montes que lo circundan y que parecen haberse separado para rendir homenaje al menor y más bello de sus hermanos, la veréis dulcificada por el colorido y suavidad de las vegas del Miño y sus afluentes, y al otro lado la mar atlántica que, mansa, semeja amante que acaricia y, agitada, hembra salvaje y dispuesta a defender al amado.

Y si vuestro espíritu no está aún saturado con tanta magnificencia y es capaz de percibir más grandiosas impresiones, esperad a que en noche de plenilunio, la luna hienda con sus suaves rayos las tinieblas y así asistiréis a uno de los más maravillosos espectáculos que la Naturaleza os puede ofrecer.

R. PANTALEÓN

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Descripción del Santa T ecla.

Hacia la parte más meridional de Galicia, allí donde en cariñoso abrazo se unen las aguas tranquilas del Miño con las inquietas y agitadas del Océano, se alza en la margen derecha de ese poético río el histórico Monte Santa Tecla, semejando a eterno centinela a quien los siglos confiaran la custodia y defensa de la entrada del río, llave principal del hermoso y fértil valle Minniano, cubierto de rica y variada vegetación, por donde se deslizan las aguas del Coira y del Tamuje que le riegan y fecundizan.

Separado en apariencia este monte del sistema orográfico que en un tiempo formara parte, se presenta como solitario y aislado promontorio, cuya base bañan a porfía el Miño por Oriente y el Océano Atlántico por Occidente, tratando de circundarle por completo, a no impedírselo una pequeña estribación que por la parte Norte del monte le une en suave pendiente con las vegas da la antiquísima Cividáns, y los alegres caseríos de Salcidos y la Gándara, que se pierden, allá lejos, en la amplia llanura del renombrado valle del Rosal.

Todo este monte es de pura formación primitiva, que en pasadas épocas geológicas emergió del seno de las aguas en forma de ingentes peñascales, que el tiempo se encargó después de ir poco a poco modelando hasta darle la forma que hoy tiene, con sus dos originales picachos que le coronan; constituidos por grandes bloques de granito, que se nos presentan cabalgando unos sobre otros en equilibrios sorprendentes.

El picacho de la parte sur se conoce con la denominación de Facho de San Francisco, nombre dado sin duda por los franciscanos de un convento que en la antigüedad existió en la Insua de la barra del Miño; y el picacho del Norte se llama simplemente Facho, nombre que parece indicar que este era el sitio destinado a hacer señales a las embarcaciones que cruzaban nuestro mar.

Del libro de D. Julián López García "La Citania de Santa Tecla"

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As casiñas dos mouros”

Denomina así el vulgo a las ruinas de las casas que en otros tiempos formaron la importantísima citania existente en la cumbre del Tecla.

Son estas viviendas de muy reducidas dimensiones, pues no pasan de cuatro metros de diámetro y su altura de unos dos a tres metros, siendo su forma de la llamada poligonal irregular y en todas las paredes se nota un principio de bóveda que no llega a cerrar, estando rodeadas de canales que recogían las aguas que vertían del tejado a fin de evitar la inundación de las moradas.

La forma más frecuente de estas edificaciones es la de dos círculos secantes, de los que uno de ellos, el más pequeño hace el oficio de vestíbulo, por el que se pasa al siguiente que es la verdadera morada y la otra forma es la de dos círculos también, pero, independientes aunque unidos exteriormente por una pared tangente a los dos, que circunda el recinto total.

Este espacio que media entre los círculos es de suponer se utilizara para colocar las vasijas destinadas a contener líquidos, dado la gran cantidad de cerámica que en las excavaciones se ha encontrado.

En el centro de las viviendas se encuentra siempre una piedra cuadrangular con un hoyo en el centro, en el que se encajaba un poste que en su extremo sostenía varias viguetas a manera de radios, sostén, a su vez de varias tablas sobre las que se colocaba la cubierta de paja que hacía de tejado. Al lado de esta piedra está la "lareira", separada de la anterior por medio de una losa colocada verticalmente a fin de evitar que el fuego destruyese el poste central, como también de este mismo pendía una gran losa horizontal cuyo objeto era evitar que el fuego se propagase por medio de las chispas al tejado de paja.

Un detalle que no falta en ninguna de las casas es también el horno formado por seis losetas colocadas en forma de cubo geométrico.

El suelo de estas viviendas nunca se halla enlosado y está formado de "salón", o sea granito descompuesto.

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Origen de la citania de Sta. Tecla

            Cuando las tribus celtas entraba en una comarca cualquiera en son de conquista, se establecían con preferencia en los sitios altos y estratégicos, dando lugar a las poblaciones de altura que fortificaban convenientemente, circundándolas de varios lienzos de muralla para poner su nueva patria a cubierto de los ataques de otras tribus y así es natural qu7e las primeras que llegaron a las riberas del Miño, se apoderasen de la importantísima altura del Tecla, como lugar seguro y a propósito para fundar su nueva y definitiva morada, cuyo dominio ponía en sus manos, por un lado la dilatada costa del Atlántico, por otro las riberas de la entrada del Miño, ricas ambas en toda clase de pescados y mariscos, al mismo tiempo que les daba posesión del fértil valle del Rosal que les brindaba variados y abundantes frutos.

            Los restos de fortificaciones ciclópeas que existen el Tecla nos indican que ya antes de la venida de los celtas había en este monte núcleos de población debidamente organizados y dispuestos para la defensa, y por ello no cabe duda que las tribus celtas tendrían que tomar estas alturas a viva fuerza para posesionarse de ellas.

            Y ya en posesión de las cumbres del Tecla dieron origen a esa población de altura que en aquella época sería sobradamente conocida dentro y fuera de la región, pero pasaron los siglos y con ellos la memoria de tan misterioso pueblo, del que hoy sólo podemos afirmar su importancia y grandísima antigüedad.

            El olvido en que iba a sumirse tan importante población, sólo es comparable al infortunio que le esperaba ante el arrollador empuje de las legiones romanas, que en nombre de una nueva civilización, venían conculcando derechos, destruyendo pueblos y exterminando razas.

Del libro de D. Julián López García “La Citania de Santa Tecla”

Ignacio Iglesias Trigo xa falaba da Atalaia no Libro-programa das Festas do Monte de 1949

No ano 1949 as Festas do Monte teñen lugar durante tres días: 12, 13 e 14 de agosto. O libro programa fai unha invitación, que firma “Guigo”, para participar destes festexos nos que “resonarán los célticos alalás y las gaitas llenarán el aire con sus sones; otra vez degustaremos las sabrosas empanadas de ‘raxo’ y a continuación las alegres parrandas y ‘trouladas’ llevarán hasta el último rincón la alegría favorecida por el agrio vinillo del país”.

As fotografías, en blanco e negro, reproducen a Ribeira e as edificacións próximas; a Alameda e o Centro Sanitario, o Facho, un sendeiro e un mirador do monte Santa Trega, a Cruz das Loucenzas co Trega ao fondo e unha panorámica do Océano e outra do porto, desde o Monte.

            Entre os artigos que se publican, (hoxe sen rigor científico) está o asinado por Mª Victoria Vaamonde Mallo, que leva por título “El monte Santa Tecla y las razas primitivas”:

        Al lado N.E. del Monte de Santa T ecla se eleva en suave pendiente, y hacia la mitad de su altura una vieja ciudad abandonada.

El descubrimiento fue casual al hacer la carretera de circunvalación al monte. El hallazgo despertó gran interés en investigadores y estudiosos; los trabajos de excavación se hicieron con detenimiento y precisión, siendo en todos ellos activo colaborador la entidad ‘Pro Monte’, creada para el incremento  de los valores estéticos e históricos de dicho Monte. En un Museo ha reunido los restos hallados en la citania, que pone a disposición del investigador. Gracias a la actividad de esta sociedad hoy es pefectamente estudiado y conocido el hallazgo de Santa Tecla, que captó la atención de los peritos en la materia durante largo tiempo. El Sr. Megelina ha hecho un trabajo maravilloso en el que comprendía todo lo referente a sus excavaciones en la citania del Monte Tecla. Indudablemente la existencia de una población primitiva poseyendo una cultura amplia, perfectamente desenvuelta y muy rica en manifestaciones varias, importada por el pueblo celta que irrumpe definitivamente en la Península a finales de la primera Edad del Hierro. Los textos de Hesíodo (s. VII) y Avieno (s. VI) así como los mismos restos de la citania, el puñal de antenas típico de la civilización hallstática, correspondiente a finales del II período, comprueban el hecho.

El ‘Periplo’ de Avieno, que sólo conocemos a través de autores posteriores, habla de una invasión de ‘saefes’ en Galicia se sobrepusieron a la antigua población, oestrymnios. Estos saefes del N.O., habitantes de los castros, no pueden ser otros sino los celtas.

En el Tecla se sigue esta superposición sin lugar a dudas; las hojas de bronce halladas son vestigios del grupo indígena. Los saefes fundarían una gran ciudad de cultura hallstática pero desarrollada de una manera ancrónica, en realidad contemporánea a la innovación centro-europea de la Tene. Galicia quedaba alejada del Rhin y al margen de toda evolución, de ahí la preexistencia de la cultura hallstática hasta la romanización de los castros.

Noutra das páxinas do Libro-programa recóllese un segundo texto da mesma autora dedicado a “La Guardia, villa de veraneo; su playa y lugares de belleza natural”:

 “La Guardia... En su paisaje se conjugan las gracias de los valles la fragosidad de los montes litorales (Monte Terroso) y la severa grandeza del abierto Océano.

            Su fundación hace remontarnos a tiempos muy antiguos y, por estar situados en la boca del Miño y servir de abrigo a los barcos que guiados por las luces del ‘facho’ precisaban un abrigo forzoso, hacen su conocimiento lejano. Al fin de la Edad Media es villa de realengo y en la Edad Moderna, la Reina Católica la dona a un particular, pasando a ser cabeza de una extensa jurisdicción. Y La Guardia, primero como dominio real, luego somo señorío y posteriormente sede de franciscanos ha sido la verdadera ‘guarda’ del marino extraviado y la acogedora estación del peregrino o, quizás ya futurista al monte Tecla, porque es difícil separar el momento estético y religioso en un lugar de tal belleza natural.

De La Guardia no se dice sólo fue... Es próspera villa oceánica, puerto típico de difícil entrada defendida por la roca de Genete. Una activa e intelegente emigración, sobre todo a Puerto a Rico, contribuyó a la prosperidad de la villa, que luce barrios modernos y cuidados al lado del viejo puerto pescador.

El turista encuentra paisajes incomparablemente vellos; todo una antigua tradición histórica el estudioso y, para recreo del veranenate, yodo y sal en la arena cálida de su playa de la ‘Arena Grande’, y hermosos lugares de excursión en las vegas de Cividanes o en la amplía llanura del valle del Rosal; esmaltada de alegres caseríos que se pierden en la lejanía.

La noche, profunda y llena de un sentido a la vez cósmico y entrañablemente galaico-portugués, dibuja perfiles y antoja sombras en el valle, mientras la luna, eterna antorcha de la noche, derrama estelas de luz plateada sobre los barquitos que anclados en la ensenada esperan el nuevo Día.

            Outra colaboración literaria-histórica nestas páxinas do Libro-programa de 1949, é da autoría de Ignacio Iglesias Trigo, quen escribe sobre a Atalaia:

            Hasta hace pocos años existió, dentro del recinto del muelle de nuestro puerto, un torreón-semi-derrruido, que un tiempo fue baluarte, defensa y antemural de la villa de La Guardia.

            Carecemos de datos para fijar con exactitud los fundadores y objeto primitivo de la Atalaya, ya que las sucesivas invasiones que padeció nuestro suelo, al destruir, repetidas veces, con el pueblo nuestros archivos, nos han privado de las fuentes históricas necesarias para ello.

            La opinión más generalizada es que fue construida por los fenicios, para servir de faro; y reedificado por los Malteses a los que, como fundadores de La Guardia en su emplazamiento actual, está dedicada, desde tiempo inmemorial, la calle más típica del antiguo barrio marinero.

            Desde que fue fortificada por el arzobispo Gelmírez en ella resistieron nuestros abuelos varias veces a los portugueses, rechazaron otras a los piratas ingleses y turcos, y en ella sucumbieron también, luchando siempre heroicamente en defensa de la Patria, de la libertad, vidas y hacienda de los guardeses.

            La deuda de gratitud de La Guardia a la Atalaya sigue perenne a pesar de su desaparición, pues no sólo en momentos críticos de su historia, a la fortaleza y disparos de la misma, debió la villa su conservación y no ser saqueda e incendiada como otros pueblos de la costa, sino que de ella ha tomado su blasón y su bandera.

            En nuestro escudo de armas la Atalaya, tremolando al viento su bandera blanca con la cruz roja de los Templarios, a quienes pertenecía, presta a defendenderse del ataque de un airoso galeón que se acerca a velas desplegadas, y que ante la arrogancia y valentía de los defensores no se decide a atacar, es el símbolo más felizmente logrado de la fecunda historia de la antigua Plaza fuerte de La Guardia”.

            E pecha as colaboracións literarias outro texto de Mª Victoria Vaamonde Mallo co título “El Monte de Santa Tecla como lugar de turismo”:

            El Miño afluye calmo y dinámico entre riberas de intenso verdor; se detiene, entra dulcemente en la campiña, la rodea y la estrecha hasta hacerla suya. Continúa... Continúa insconsciente del mar que lo acecha y se mueve impaciente. El Atlántico quiere penetrar su cauce; no hay lucha, el río mansamente se entrega.

            Un espectacular gigante contempla la escena, el Tecla. Encuadrado entre ambos como árbitro que sabe de los devaneos del río y conoce la impetuosidad del mar. Dos valles le rodean; el Rosal va a morir a sus pies, el Mimniano embellece la ladera Este para ofrendar luego sus aguas al mar.

            En desigual fisonomía de laderas y cumbre consiste su mayor encanto: el flanco del río es suave; abrupto y escarpado el del mar. La cima remata en dos picachos graníticos de atrevidas exhibiciones equilibristas. Y si el turista es atraído a Niza por la belleza de una costa de Montecarlo y Mónaco por el curioso espectáculo de una sociedad que sólo vive del juego, en el Tecla es la contemplación de un cuadro gigante que el pincel divino ha plasmado en armonía de luz y sombra y combinación expresiva de colores.

            Horizontes de Océano y tierra se dominan en grandiosa composición. La poderosa escultura de la tierra alzada en relieve, en apariencia inconexas hsta las montañas de la Cañiza, el Faro de Avión, el Leboreiro y aún las desvanecidas cúpulas de los macizos centrales de Orense se enfrenta con el horizonte vago y brumoso, o rutilante y precioso, según los días y horas, en la línea del litoral bordeada de espumas desde el Finisterre hasta muy al S. en el contorno litoral portugués.

            El crepúsculo hace el arte singular de su luz, en esaltar el valor de las formas y despliegue y matización de colores”.

            Como todo Libro-programa de festexos o de 1949 tamén recolle un importante número de anunciantes que coa súa aportación contribuíron a publicación do mencionado voceiro das Festas do Monte daquel ano.