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Manuel Lorenzo Costa: Cruz
de la Orden de Isabel la Católica
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El guardés Manuel
Lorenzo Costa, reconocido en Santo Domingo con la Cruz Oficial de la Orden de
Isabel la Católica

Manuel Lorenzo
Costa, empresario guardés que lleva 50 años en la República Dominicana, ha sido
condecorado con la Cruz Oficial de la Orden de Isabel la Católica, durante un
acto celebrado en la embajada de España.
Manuel García
Arévalo, presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria, de la
República Dominicana, recordó A Guarda, lugar de nacimiento del distinguido
guardés, para hacer, acto seguido, una semblanza biográfica de Manuel Lorenzo
Costa, desde su llegada, primero a Puerto Rico y, en 1960, a Santo Domingo,
llamada entonces Ciudad Trujillo. Recordó el presidente de la Cámara, los
inicios laborales de Manuel Lorenzo, como dependiente, y posteriormente, su
independencia laboral al hacerse distribuidor exclusivo de productos La Toja.
Más tarde creó la sociedad en comandita Rodríguez y Lorenzo, después Alfonso’s
Decoraciones que cambiaría su nombre por el de Lorenzo Hermanos.
Formó parte de la
directiva de la Casa de España en Santo Domingo, ocupando, entre 1982-84, la
presidencia, en cuya etapa este centro social duplica sus instalaciones,
favoreciendo la práctica de distintos deportes y creando la regata que se
celebra cada 12 de octubre, que mereció que el Instituto Postal dominicano
emitiera una serie de sellos alusivos a la misma.
Fue también
miembro de la Cámara Oficial Española de Industria y Comercio. En 1978 fundó la
Asociación Pro-Emigrantes Españoles (APROE) que posibilitaría la creación de la
Oficina de Agregaduría Laboral de la embajada, que logró muchos beneficios para
la colectividad española.
Fue este guardés,
uno de los principales promotores para la creación de la Sociedad Benéfica Pro
Emigrantes Españoles (1982) que dio amparo a muchos inmigrantes hispanos
necesitados.
Manuel Lorenzo,
siguió recordando el presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria,
está casado con la rosaleira María Isabel Fernández, tiene cinco hijas y cinco
nietos. Hombre emprendedor y carismático, de profundas convicciones católicas,
profesa de manera particular una marcada de voción a Nuestra Señora la Virgen de
la Guía, que tiene su ermita en Sobrelavilla (A Guarda), a la que acudió en más
de una ocasión acompañado del obispo emérito de Santo Doingo, Monseñor Francisco
José Arnaiz, S.J.
Manuel García
Arévalo no olvidó mencionar “el inmenso amor de Manuel Lorenzo Costa por su
terruños gallego y su inusitado entusiasmo por hermanar a Santo Domingo con A
Guarda”, acto que se celebró en 2005.
Las romerías “enxebres”,
la Plaza de Galicia, la presencia de cruceiros con sabor gallego, fueron otras
referencias mencionadas durante el acto, y debidas o en las que colaboró para su
logro, Manuel Lorenzo Costa.
Al acto de
imposición asistieron, entre otros, el cónsul general, Manuel Lorenzo
García-Ornaechea; monseñor Amancio Escapa, Javier Gaso, ministro Consejero de la
embajada, y Domingo Contreras, secretario general del ayuntamiento.
El embajador, que
obsequió con elogios al distinguido guardés, se refirió a Manuel Lorenzo como
“hombre carismático, humilde, emprendedor, y que siempre ha tenido muy en cuenta
desde su llegada al país, las necesidades de la colonia española aquí radicada”.
Manuel Lorenzo
Costa, en su intervención agradeció “la alta distinción que me ha sido orogada
por su Majestad el Rey Don Juan Carlos, al concederme esta condecoración de la
Orden de Isabel la Católica, la cual me motiva aún más para seguir trabajando y
aportando tesoneramente todo lo que me sea posible a favor de todas las
Instituciones Españolas, así como a seguir contribuyendo humildemente, en la
difusión del espíritu español en estas tierras de América, que con tanto cariño
nos ha recibido.”
Se refirió a la
“profunda tristeza” que nos invade al dejar el terruño, y al recibimiento “con
los brazos abiertos”, de la tierra que los acogió “la República Dominicana, de
la cual nos sentimos parte y en la que hemos formado nuestras familias y una
nueva vida”.
Quiso compartir
el reconocimiento que recibía “con mi esposa Maribel, con mis hijas, María
Isabel, Mónica, María del Carmen, Marisol y María Elvira; con mis hijos Pedro,
Christian y César, y con mis cinco nietos” sin cuyo apoyo no hubiera alcanzado
esta distinción. Pero también quiso compartir este momento “con mi hermano
Alfonso y con el resto de mi familia” y con quienes le acompañaban en aquel acto,
así como “con toda la colonia española, ejemplo de trabajo, honradez y
perseverancia”.
Y agradeció el
apoyo incondicional que siempre le prestaron “Monseñor Grancisco J. Arnaiz;
Manolo Lorenzo Arévalo y Alberto Salazar”. Y concluyó recordando “a un gran
amigo que recientemente nos dejó, y que no hace mucho tiempo compartimos en este
mismo lugar la imposición de su condecoración, don Gustavo Martínez, Q.E.P.D”.













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