22/12/ 2010

     

    

Manuel Lorenzo Costa: Cruz de la Orden de Isabel la Católica

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El guardés Manuel Lorenzo Costa, reconocido en Santo Domingo con la Cruz Oficial de la Orden de Isabel la Católica

            Manuel Lorenzo Costa, empresario guardés que lleva 50 años en la República Dominicana, ha sido condecorado con la Cruz Oficial de la Orden de Isabel la Católica, durante un acto celebrado en la embajada de España.

            Manuel García Arévalo, presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria, de la República Dominicana, recordó A Guarda, lugar de nacimiento del distinguido guardés, para hacer, acto seguido, una semblanza biográfica de Manuel Lorenzo Costa, desde su llegada, primero a Puerto Rico y, en 1960, a Santo Domingo, llamada entonces Ciudad Trujillo. Recordó el presidente de la Cámara, los inicios laborales de Manuel Lorenzo, como dependiente, y posteriormente, su independencia laboral al hacerse distribuidor exclusivo de productos La Toja. Más tarde creó la sociedad en comandita Rodríguez y Lorenzo, después Alfonso’s Decoraciones que cambiaría su nombre por el de Lorenzo Hermanos.

            Formó parte de la directiva de la Casa de España en Santo Domingo, ocupando, entre 1982-84, la presidencia, en cuya etapa este centro social duplica sus instalaciones, favoreciendo la práctica de distintos deportes y creando la regata que se celebra cada 12 de octubre, que mereció que el Instituto Postal dominicano emitiera una serie de sellos alusivos a la misma.

            Fue también miembro de la Cámara Oficial Española de Industria y Comercio. En 1978 fundó la Asociación Pro-Emigrantes Españoles (APROE) que posibilitaría la creación de la Oficina de Agregaduría Laboral de la embajada, que logró muchos beneficios para la colectividad española.

            Fue este guardés, uno de los principales promotores para la creación de la Sociedad Benéfica Pro Emigrantes Españoles (1982) que dio amparo a muchos inmigrantes hispanos necesitados.

            Manuel Lorenzo, siguió recordando el presidente de la Cámara Oficial de Comercio e Industria, está casado con la rosaleira María Isabel Fernández, tiene cinco hijas y cinco nietos. Hombre emprendedor y carismático, de profundas convicciones  católicas, profesa de manera particular una marcada de voción a Nuestra Señora la Virgen de la Guía, que tiene su ermita en Sobrelavilla (A Guarda), a la que acudió en más de una ocasión acompañado del obispo emérito de Santo Doingo, Monseñor Francisco José Arnaiz, S.J.

            Manuel García Arévalo no olvidó mencionar “el inmenso amor de Manuel Lorenzo Costa por su terruños gallego y su inusitado entusiasmo por hermanar a Santo Domingo con A Guarda”, acto que se celebró en 2005.

            Las romerías “enxebres”, la Plaza de Galicia, la presencia de cruceiros con sabor gallego, fueron otras referencias mencionadas durante el acto, y debidas o en las que colaboró para su logro, Manuel Lorenzo Costa.

            Al acto de imposición asistieron, entre otros, el cónsul general, Manuel Lorenzo García-Ornaechea; monseñor Amancio Escapa, Javier Gaso, ministro Consejero de la embajada, y Domingo Contreras, secretario general del ayuntamiento.

            El embajador, que obsequió con elogios al distinguido guardés, se refirió a Manuel Lorenzo como “hombre carismático, humilde, emprendedor, y que siempre ha tenido muy en cuenta desde su llegada al país, las necesidades de la colonia española aquí radicada”.

            Manuel Lorenzo Costa, en su intervención agradeció “la alta distinción que me ha sido orogada por su Majestad el Rey Don Juan Carlos, al concederme esta condecoración de la Orden de Isabel la Católica, la cual me motiva aún más para seguir trabajando y aportando tesoneramente todo lo que me sea posible a favor de todas las Instituciones Españolas, así como a seguir contribuyendo humildemente, en la difusión del espíritu español en estas tierras de América, que con tanto cariño nos ha recibido.”

            Se refirió a la “profunda tristeza” que nos invade al dejar el terruño, y al recibimiento “con los brazos abiertos”, de la tierra que los acogió “la República Dominicana, de la cual nos sentimos parte y en la que hemos formado nuestras familias y una nueva vida”.

            Quiso compartir el reconocimiento que recibía “con mi esposa Maribel, con mis hijas, María Isabel, Mónica, María del Carmen, Marisol y María Elvira; con mis hijos Pedro, Christian y César, y con mis cinco nietos” sin cuyo apoyo no hubiera alcanzado esta distinción. Pero también quiso compartir este momento “con mi hermano Alfonso y con el resto de mi familia” y con quienes le acompañaban en aquel acto, así como “con toda la colonia española, ejemplo de trabajo, honradez y perseverancia”.

            Y agradeció el apoyo incondicional que siempre le prestaron “Monseñor Grancisco J. Arnaiz; Manolo Lorenzo Arévalo y Alberto Salazar”. Y concluyó recordando “a un gran amigo que recientemente nos dejó, y que no hace mucho tiempo compartimos en este mismo lugar la imposición de su condecoración, don Gustavo Martínez, Q.E.P.D”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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