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galiciasuroeste                                                                     Entrevistas

Rogelio Vicente, más de 50 años endulzando los paladares de los guardeses, se jubilará el 27 de diciembre

            Un 27 de diciembre de 1941 nacía, en la hoy Rúa Galicia, antes calle José Antonio, Rogelio Vicente. Orientó su profesión al sector gastronómico, concretamente a la confitería, y durante más de cincuenta años endulzó los paladares de los guardeses y de muchos de los turistas que visitan A Guarda. Pudo haberse quedado, tras una experiencia favorable, en una localidad sandanderina, pero el destino, en forma de mujer (su esposa Carmen), le reclamó un regresó que no tenía necesidad de reflexionar. Rodeado de sus hijos Rogelio, Fernando, Ana, María Elena y Sofía, y de sus seis nietos, que pronto serán siete, vivirá una jornada muy especial cuando falten apenas cuatro días para despedir 2006.

 

Dentro dun mes le llegará a Rogelio la edad de la jubilación. ¿Cntos años dedicado a esto de endulzar los padares de los guardeses?

            Yo comencé con 13 años en la panadería Morales. Allí empecé a hacer algo de pastalería, poco cosa. Luego me fui, durante un año, a Torrelavega, Santander, donde trabajé en panadería y pastelería. Regresé y, otra vez, me incorporé en la panadería de Morales. Después de casarme me establecí por mi cuenta en la calle Concepcion Arenal y allí empezó mi profesión como pastelero. Conté, entonces, con la ayuda de mis padres y también de mi mujer, Carmen, que fue una ayuda extraordinaria, y desde que me instalé, hasta hoy, hace cuarenta años que trabajo por mi cuenta, empezando con poca cosa, con lo poco que sabía hacer, hasta que me especialicé en Vigo, acudiendo a unos cursos que se impartían.. y hasta hoy. Con la ilusión de agradar a la gente.

 

Además de los guardeses, también son muchos los forasteros que se acercan a la pastelería al ser A Guarda un pueblo turístico. ¿Qué es lo que más demandan quienes nos visitan?

            En principio la rosca de yemas, que es, digamos, el pastel-reina de A Guarda. Después tenemos en la confitería una especialidad, son las galletas de nata, caseras, como las que hacían las abuelas, que las solicitan muchísimo en verano, lo mismo que nuestras mantecadas. Digamos que tienen un cierto renombre, que las hacen conocidas, y las piden.

 

En el obrador vemos un horno que, nos explicaba, se trasladó por piezas desde  Verona. ¿Como recuerda Rogelio aquel primer horno que tuvo? ¿Cuál es la imagen de aquel establecimiento que lo independizó en el mundo laboral?

            En la construcción de aquel primer horno, ayudé también yo. Era de ladrillo, era un horno moruno, asi se le llamaba. Tenía bóveda de ladrillo y piso de baldosa. Entonces, con la ilusión que tenía de empezar, ayudaba a los albañiles, subiéndoles la masa y los ladrillos. Por cierto, que me ayudó mucho el tío Pepe Riego, que era el dueño del bajo: me apoyaba, me mandaba albañiles...

 

Claro, entre aquel horno y este, la diferencia es más que notable

            Tremenda. Aquel era un horno de leña que traía en sacos en una furgoneta. Después había que descargala, meterla dentro, calentar el horno, ponerlo a punto para cocer. Cambiar para este, fue un “no va más”. Este funciona con gasoil y con leña, tiene las dos alternativas.

 

Antesde decía que a los 13 años comenzó en la panadería Morales, después se instaló en Concepción Arenal, hasta que se trasladó, definitivamente, a la esquina Brasilino Álvarez-Joaquín Alonso

            Así es. Aquí llevo, aproximadamente, desde 1980.

 

De aquí salieron muchos pasteles. ¿Hay alguno, de aquella primera época, que hoy ya no se elabora?

            Pues sí. Como se fue modernizando todo, se incorporaron nuevas elaboraciones. De antes era aquel célebre bollo de leche y unos mazapanes... De todos formas, aquellos bollos de leche con los que empecé, los sigo haciendo todos los días. Se trata de unas trencitas y unos tréboles que le llaman “bollo de tres”; pero ahora se innovó mucho con tartas semifrías, tartas de nata y fresa, muy aceptadas por el público.

 

A Guarda crea, en pastelería, auténticas delicias para el paladar. En las confiterías locales hallamos exquisiteces propias de cada una de ellas. ¿A que le suena, por ejemplo, "Patricia" o "Sofía"?

            Pues son dos de los postres que salieron de esta casa. La "Patricia" surgió con el bautizo de una niña cuyos padres querían una cosa rara. Le hicimos esa “cosa” rara y salió una "Patricia" y tanto éxito tuvo que la seguimos haciendo con ese nombre, que era el de la niña. La otra tarta, es la "Sofía", que lleva el nombre de una de mis hijas, y que es otra exquisitez de la pastelería. Se trata de hojaldre y bizcocho con nata y chocolate, en la "Patricia"; la "Sofía" es hojaldre, petisús, nata y frutas picaditas por encima, que es una tarta que tiene un éxito tremendo.

 

Ustedes, los pasteleros de A Guarda, demostraron que no es  cierto aquello de que el enemigo de uno está en la misma profesión . Se unieron y crearon la Fiesta de la Rosca de Yemas. Resultó una experiencia interesante.

            Estábamos muy unidos, y hoy, continuamos llevándonos muy bien. Los confiteros no tenemos ninguna rencilla entre nosotros; al contrario, cualquier cosa que necesitamos colaboramos unos con otros.

 

No tengo yo muy claro eso de ser pastelero o confitero, ¿y usted?

            Yo tampoco. Puede que haya una pequeña diferencia. La pastelería sería una elaboración más tradicional, más sencilla, y el confitero elabora una producción más fina, como  yemitas y productos sofisticados... En cualquier caso nosotros elaboramos de todo.

 

Hai quen cree en la reencarnación. ¿Se siente usted realizado con su profesión o en esa otra posible vida le gustaría dedicarse a otra cosa?

            Me encuentro felicísimo desde que empecé, con mucha ilusión, y además es que me gusta. Yo volvería a empezar, y además de igual: con todos los sacrificios que se pasaron.

 

El próximo 27 de de diciembre cumplirás 65 años...

            Así es.

 

¿Cómo adivina su vida con la llegada de la jublilación?

            Un poquito complicada al principio, porque como no sé hacer otra cosa más que estar aquí, ni casi sé clavar una punta, vamos a ver. Tendré que ir haciéndome a la idea poco a poco.

 

O sea, que de momento no se olvidará de la pastelería.

            De momento no me voy a olvidar. Me acercaré por aquí todos los días, haré mi visita y a ver...

 

La pastelería, la confitería Rogelio seguirá, de todas formas aquí, en la esquina Brasilino Álvarez-Joaquín Alonso atendiendo a los clientes. ¿Quién seguirá al frente del negocio familiar?

            Aquí seguirán mis hijos: el mayor, Rogelio, y el segundo, Fernando, y se encargará de la tienda mi hija Ana, que es la que en estos momentos ya la lleva.

 

¿Con que acto especial se despedirá de su vida laboral Rogelio?

            Invitaré a mis empleados, que son muy buena gente, y a un vecino especial de por aquí, que es un amigo de toda la vida (ríe con picardía), y nos iremos a tomar algo por ahí. Y por supuesto, lo celebraré también en la intimidad familiar, con los hijos.

 

Para finalizar. A aquellos que fueron sus clientes, a esos otros qu ocasionalmente se acercaron a la Confitería Rogelio, en definitiva para todos ¿que mensaje les quisiera transmitir Rogelio?

            Agradecerles la confianza que despositaron en nosotros; a veces pudieron no haber salido las cosas tan bien como quisiéramos, otras fueron mejores, pero siempre hemos puesto nuestra ilusión en lo que hacíamos. Agradecerles esa confianza que yo la siento de cerca, porque siento que me tienen afecto, y creo que les caí bastante bien. Así que a todos, mi agradecimiento.

Noviembre, 2006