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"Fundamentalmente, soy poeta y, fundamentalmente, soy músico (...) Mi ideal sería llegar a una totalidad del arte, mezclando la poesía, la música..."
Una de las obras de Pedro Solveira en la que deberían jugar las sombras, pero a la que no se adecúa la iluminación semifija de la Sala de Exposiciones creando entonces distorsiones sobre la concepción pictórica del artista
Hasta el 27 de agosto puede visitarse, en la Sala de Exposiciones del Centro Cultural de A Guarda, la exposición de Pedro Solveira en una retrospectiva que llega hasta su creación más reciente. Hierro cincelado, esmaltes, dibujos, madera. Técnicas variadas, pero también, temas diferentes. La exposición, que ya fue inaugurada el 6 de agosto, está abierta de 9 de la mañana a 2 de la tarde y de 6 de la tarde a 10 de la noche, los días laborales. Los festivos el horario es de 11 de la mañana a dos de la tarde.
Solveira artista. ¿Cuántos Solveira hay en su mundo de pintor y escultor? Se lo pregunto por las diferentes técnicas y estilos de las obras expuestas
Solveira es uno, lo que pasa es que en la
evolución de un artista siempre hay un principio y hay un fin, y lo que yo no
quiero es repetirme. Entonces, es todo un proceso de cualquier ser humano: al
principio, a lo mejor, uno tiene un sentido muy realista de las cosas y, luego,
por decantación, por eliminación de toda la retórica que uno tiene consigo mismo
se va quedando en las abstración. Lo que sucede en esta exposición es una cosa Entonces lo que sucede es que hay obra aquí que tiene casi sesenta años, que es esa obra que va quedando en el taller, que ya la terminaré mañana, que ya la terminaré pasado, ya la terminaré el año que viene, y pasaron cincuenta años sin terminarla. Como dispongo ahora de esos espacios estupendos, esa obra que tenía todos los colores de base, pero a la que le faltaban pulidos, le faltaban bruñidos, le faltaban perfiles, la traje y la recuperé. Por otra parte, en ese lugar, en la Armona, tuve la suerte de encontrarme con un amigo, con José Ramón Cadilla, carpintero, y me dejó la carpintería para que yo pudiese desarrollar la última obra que está en esta exposición. En esta exposición, entonces, lo que se ve es lo primerísimo que hice en hierro, y lo últimísimo que hice en mi trayectoria, y entre ambos contenidos, una serie de obras que es imposible traer, porque he trabajado con bronce, con cobre, con metacrilato, con acero inoxidable, con espejos y el espacio del que dispongo es limitado para exponer.
Viendo esta muestra, que arranca de 1948 y llega a las formas más actuales del arte abstracto, con esas Armonas, se observa un salto muy brusco, demasiado abrupto. Es un salto muy brusco contemplando lo que se expone. Pero si pudiésemos ver la evolución de todos los cuadros anteriores, la obra anterior de la época de los sesenta, de los setenta, de los ochenta, de los noventa, entonces el cambio no se notaría; es más suave.
La representación de la figura ha sido siempre importantísima dentro del paisaje urbano. La mujer trabajadora, el hombre campesino, la mujer mariscadora: son elementos primordiales de nuestra sociedad, de nuestra cultura y de nuestra economía, incluso. Para mí es innegable que el ser humano va unido al paisaje. Hay otro tema, que es la mar. La mar yo la he desarrollado de forma como muy expresiva y con gran cariño. Me falta un tema por desarrollar, que no lo hice, y que desde que estoy trabajando en la Armona me he comprometido conmigo mismo a hacerlo, que es un río, y el Miño tiene un atractivo fantástico, y estoy, en teoría, viviendo encima del Miño, y me voy a meter con el Miño que, naturalmente, no será un cuadro realista, será el cuadro del Miño desde la actualidad de Pedro Solveira.
Insisto en el paisaje. Le atrae a usted nuestro patrimonio etnográfico, nuestros soportales. ¿Es Pedro Solveira un hombre más rural que urbanita? Yo soy las dos cosas. Lo que pasa es que en ese mundo del paisaje urbano yo, creo entender, he desarrollado un paisaje que tenía, y tiene, la posibilidad de perderse. Entonces digamos que es algo testimonial de lo que puede quedar, de lo que fue, porque seguramente con el tiempo desaparecerá. También tengo que decir que ese paisaje urbano a lo mejor no es exactamente así, tal y como yo lo reflejo, porque uno tiende siempre, a la hora de expresarse, a idealizar. Y al idealizar, algo sobra y algo falta.
Viendo la exposición, ¿es usted más pintor que escultor o se siente, primero, cincelador de formas y, después, pintor? Yo creo que soy las dos cosas, y, fundamentalmente, soy poeta y, fundamentalmente, soy músico. Y hay algo que me llama muchísimo, muchísimo; que me tienta ya mucho, y estoy metido en ello de pleno, es la arquitectura. De hecho estoy ahora en una fundación, en California, que tiene sedes en San Francisco, Los Ángeles y San Diego. En la arquitectura de interiores yo me muevo muy bien; pero en el exterior es más complicado porque tienes que ponerte de acuerdo con el arquitecto de turno, y entonces si le cambias la estructura de una fachada, tienes unos líos brutales. Mi ideal sería llegar a una totalidad del arte, mezclando la poesía, la música, etc., etc., algo wagneriano si se quiere, pero no me importa siendo el volumen y siendo el color de la misma medida.
Yo creo que vendrá, el día que no venga es que Solveira está muerto. Hay una obra que está reconocida; incluso comercialmente tenía mucho atractivo, pero uno, sin embargo, tiene el reto personal de ir evolucionando y de enfrentarse a nuevos retos de modo que nunca sabes que serás mañana, porque no los tienes en mente; pero sí que estás luchando contra todo con esa historia y seguramente mañana habrá otro Solveira ahí presente con otra exposición.
¿Es usted hierro y color, o es blanco y abstracto? Hay un libro de Ramón Faraldo, que fue un crítico excepcional y que yo creo que fue el mejor libro que escribió en toda su vida, que se titula “Pedro Solveira que nació entre los hierros”. El mundo del hierro ha sido siempre para mí muy familiar, porque mi padre era mecánico de profesión. El mundo de la madera es otro mundo que también lo he vivido en mi infancia, porque viví mucho la carpintería de ribera, en astilleros, y entonces, esas vivencias de la infancia, son las que están en el camino largo del hombre. El hierro para mí ha sido una materia fundamental en mi vida. Debiera hacer una aclaración. Yo, a los doce años, tuve un tifus y me suspendieron en todas las asignaturas, no me pude presentar a ninguna; me suspendieron incluso en dibujo, y un tío-abuelo que vivía con mi familia, era metalúrgico y se dedicaba a la fabricación de envases de conserva, que entonces iban litografiados, en cuanto me puse bien, se olvidó de que yo tenía que estudiar Matemáticas, y Literatura, y Gramática y todo eso, y me dijo: tú te vienes conmigo y te meto en la sección de dibujo. De modo que con doce años estaba dibujando en piedra litográfica, conociendo la litografía industrial, trabajando sobre planchas de metal... Quiero decir, que las vivencias primeras son importantísimas en la vida de un hombre para después desarrollar lo que tiene que desarrollar.
“Que la luz se encargue del resto”, es una frase que usted colgó en la pared. Hay obras en la exposición que son planos superpuestos que tienen unos volúmenes bastante acusados, y que se pueden exagerar mucho más. El blanco es, para mí, primordial como elemento de abstracción absoluta. Pero como estamos hablando de relieves y estamos hablando de volúmenes, si una luz tiene el haz suficiente para producir las sombras que a mí me interesan, entonces esa luz estará trabajando sobre el cuadro y haciendo que el cuadro hable y funcione; si no es así, entonces mala suerte. En este caso la exposición tiene una luz muy en precario; no es la adecuada.
Quienes deseen profundizar en la obra y en la vida de Pedro Solveira, pueden acudir a la página www.pedrosolveira.com Agosto, 2007 |
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