ATALAYA

            La réplica que se puede visitar en el entorno del puerto de A Guarda, es una edificación nueva de una torre defensiva construida, en 1665, por los portugueses para defender la entrada del puerto guardés cuando A Guarda, conquistada por el general luso Conde Prado de Cela, estuvo en poder del ejército luso (1665-1668), durante la guerra de la Independencia de Portugal (1640-1668).

            En su origen, la Atalaya estaba situada muy cerca de las últimas casetas de los gameleiros (tripulantes de las gamelas, embarcación tradicional de A Guarda), que se sitúan sobre el dique oeste que cierre el puerto. En 1943 el ayuntamiento ordenó la demolición de las ruinas que aún quedaban de aquella torre, incorporada ya al malecón del actual puerto construido a principios del siglo pasado.

            En la primavera de 1666, la Atalaya, con unos veinte metros de diámetro, y ocho de altura, estaba finalizada. Su interior constaba de una cámara abovedada, el polvorín, circundada por una galería, también abovedada, y cubriendo ambas una plataforma sobre la que se emplazaba la artillería y la garita del centinela.

             En 1779 la Atalaya es reedificada y dotada de una batería del calibre 12, para hacer frente, en esta ocasión, a las incursiones de los piratas africanos.

            La actual construcción, que se inició en 1997, fue realizada por los alumnos de diferentes Escuelas –Taller que se formaron en las ramas de cantería, albañilería, forja, electricidad, carpintería y jardinería.

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 LA GAMELA

             En el varadero de A Lonxa, o en el de A Ribeira, se puede ver la embarcación tradicional de A Guarda, la gamela, a la que distintos especialistas y estudiosos consideran como la más antigua nave de Galicia. Entre sus características destacan su capacidad, estabilidad, economía en su construcción y mantenimiento, manejabilidad y fácil varamiento.

          El gameleiro es el marinero que la tripula –y es toda su tripulación-. Cuando aún todos duermen, guiado por la experiencia que se acumula desde la niñez, sale, solitario y envuelto en la noche, en busca de la pesquería con la que regresará poco después del alba. Como dice Iñigo Echenique, “ser gameleiro es el trabajo noble de la gente de mar pobre, honrada y sencilla”.

            La llegada del motor hizo desaparecer la vela y los remos como elementos propulsores, y los tableros contrachapados, sustituyeron a las tablas de pino que, ensambladas y clavadas, se utilizaban en su construcción.

            Sus dimensiones medias son, aproximadamente, de 4 metros de eslora, 1’70 de manga y 0’60 de puntal.

            La proa y la popa, prácticamente, se confunden.

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