JOAQUÍN MIGUEL VILLA ÁLVAREZ é Doctor en Historia Contemporánea pola Universidade de Santiago de Compostela. Imparte docencia no Colexio dos PP. Somascos, da Guarda. Investigador e experto na emigración guardesa a Puerto Rico e Santo Domingo. Obtivo o Primeiro Premio de ensayos no "IV Concurso de Redacción de Ensayos sobre Puerto Rico" convocado pola Casa de Puerto Rico en España, Xunta de Galicia e Univerisdade de Santiago de Compostela (1996). Ten colaborado en distintas publicacións e realiza un exhaustivo traballo de investigación sobre distintos aspectos relacionados coa Guarda.

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(NOTA de la Redacción: Las fotografías de las casas Indianas se irán incorporando en próximas fechas)

Las casas indianas de A Guarda (IV): la huella de los «brasileiros»

 

Cita bibliográfica

VILLA ÁLVAREZ, Joaquín Miguel (2003), "Las casas indianas de A Guarda (y IV): la huella de los brasileiros", en AA.VV., Festas do Monte 2003, A Guarda: Asociación Pedra Furada-Comisión de Festas 2003, pp. 17-24.

 

            En los tres años que llevamos identificando las casas de los retornados de América –una parte de nuestro patrimonio–, nos hemos centrado básicamente en los que volvían de Puerto Rico. Pero lo cierto es que la emigración a América más numerosa no era la que iba a esa Antilla sino la que se dirigía al Brasil. Desconocemos todavía cuándo comenzó. Sólo sabemos que ya era importante en el último cuarto del siglo XIX, alcanzado sus cotas más altas en el primer tercio del XX. De las tres parroquias del municipio de A Guarda sin duda es Salcidos la que aportó el mayor número de emigrantes a aquella inmensa nación de América del Sur. Tanto es así que es muy raro que no haya una familia en esa parroquia que no tenga o haya tenido algún miembro en Brasil. Ese es el caso, por ejemplo, de mi familia materna, natural de Cividanes, que envió a muchos de sus hijos a aquel país. Según la memoria familiar, el primero en emigrar fue mi tatarabuelo José Francisco Español Sobrino (al que llamaban cariñosamente «Piquico»), un hombre ilustrado, escribiente de los Alonsos, que emigró con la intención de ganar lo suficiente para estudiar a sus hijas, particularmente a la mayor, Melitina Español Trigo, cuyas innatas capacidades intelectuales habían encandilado a su padre. Lamentablemente no lo consiguió. Justo cuando iba a regresar falleció allí, en Brasil, hacia 1888. Así fue como a los 14 años, y con gran dolor, la joven Melitina tuvo que renunciar al sueño de su padre y ponerse a trabajar para sacar a su familia adelante. Aquella inteligencia privilegiada se pasaría el resto de su juventud  trabajando de sol a sol, primero en las Cachadas, acarreando cestas de barro en la cabeza, y después en las serrerías del Pasaje, encastillando tablas de madera. Esta historia familiar, inculcada por mi madre desde niño, la he tenido siempre muy presente a lo largo de mi vida. Desgraciadamente todavía hoy no sabemos en qué lugar del Brasil está enterrado José Francisco Español. Yo le he jurado a mi abuela hacer todo lo posible por averiguarlo, aunque no ha de ser fácil después de tanto tiempo. A su viuda, Delfina Trigo Álvarez, y a sus cuatro hijas, no les quedó más recuerdo de su difunto padre y esposo que un reloj y varios de sus escritos literarios. El más famoso de ellos su poema «Márgenes del río Miño» que compuso precisamente durante la travesía en barco. Su hija menor, María Manuela Español Trigo, mi bisabuela –quien nunca llegó a conocer a su padre pues nació poco después de su marcha– se lo sabía de memoria, y después se lo enseñó a su hija, mi abuela, y ésta a su vez a la suya, mi madre.

 

            En este artículo vamos a iniciar tan solo el tema de las casas de los emigrantes al Brasil, pues este año no he tenido apenas tiempo más que para indagar en algunas familias con emigración a ese país. Tengo la gran suerte de contar con la ayuda de mi abuela, Josefina Sobrino Español (actualmente con 94 años), una emigrante al Brasil junto con sus padres, Manuel Sobrino González y la mencionada María Manuela. Emigró a aquella nación en dos ocasiones, pasando en Niteroi gran parte de su infancia y su juventud. Regresó definitivamente en 1933. Ella es la persona que me ha puesto en la pista de las familias que estuvieron en Brasil y espero que en el futuro podamos ambos ampliar y profundizar mucho más en el asunto de los «brasileiros». Cuento también con la ayuda de mi madre quien conoce a casi todas las familias de la parroquia y es capaz de relacionar los parentescos y procedencias de la mayoría de sus miembros. Así pues, como se puede observar, gran parte del conocimiento de la emigración al Brasil se encuentra en la tradición oral y a ella habrá que acudir para iniciar en el futuro su estudio. En esta ocasión nos hemos dirigido a cuatro familias con emigración al Brasil. Los testimonios de las personas que amablemente nos atendieron constituyen la aportación de este año. Hemos iniciado también los primeros contactos con otras familias, entre ellas la de los Giráldez, probablemente los emigrantes «brasileiros» más importantes en esta comarca. La falta de tiempo nos impide tratarlos este año, por lo que Dios mediante esperamos poder hacerlo en el que viene.

 

Dicho esto, entremos en el apasionante, amplio y desconocido mundo de los emigrantes al Brasil. Y ello, como hasta ahora, a partir de sus huellas más conocidas: sus casas. La primera familia que trataremos es la de los «Bértolos», naturales del barrio del Aloqueiro, en Salcidos. Supimos de ellos gracias a dos hermanas, Joaquina y Dionisia Vicente Vicente, quienes amablemente nos recibieron en su casa y nos explicaron algunos pormenores de la rama de los «Bértolos» a la que ellas pertenecen, pues al parecer eran varias. Según nos comentaban, los primeros emigrantes conocidos al Brasil fueron cinco hermanos: Gervasio, Venancio, Francisco, Antonio y Manuel Vicente Portela que emigraron a finales del siglo XIX. En Salcidos se quedaban sus hermanas Manuela, Ludivina, Teresa y Encarnación. Se fueron al Brasil a trabajar como tejeros o «telleireiros», profesión que tradicionalmente había ejercido su padre, Bartolomé Vicente Martínez, en Peñaranda de Bracamonte, Salamanca. Se demuestra así como la tradicional emigración de trabajadores a Castilla se desvió a América con la aparición de los grandes trasatlánticos. En Brasil los hermanos Vicente Portela trabajaban de tejeros para grandes «facendeiros». Allí se quedaron para siempre Gervasio, Venancio y Francisco, regresando tan solo, a principios del siglo XX, los otros dos, Antonio y Manuel Vicente Portela. Ambos son ejemplos perfectos de dos tendencias muy comunes entre los retornados del Brasil a la hora de procurarse una nueva vivienda: comprarla o hacerla. Así, a su regreso, Antonio compró la casa que en 1862 hiciera al lado de la capilla de San Roque el entonces párroco de Salcidos, Diego Antonio González Rodríguez. Y la hizo a la par que la reedificación de la fachada y la torre de la iglesia parroquial, rematadas al año siguiente de 1863 según consta en el frontispicio.[1] Dicho sacerdote –que da nombre a la avenida que va desde San Roque al Coruto– fue una figura clave en la operación de compra que los Jesuitas realizaron a Domingo Español en 1875 de los terrenos del Pasaje donde luego establecieron su famoso Colegio Apóstol Santiago.[2] Pues bien, esta es la casa que compró Antonio Vicente Portela al regresar de Brasil, la cual fue últimamente forrada de azulejo verde, y hoy goza de un magnífico estado de conservación. Por otro lado, su hermano Manuel, al regresar de Brasil se hizo su propia casa, con fachada de piedra, al final de la subida del Coruto. Esta casa, hoy de la familia de Donato Salinas, se encuentra también en muy buen estado de conservación.

 

Otro salcidense retornado de Brasil, en este caso hacia 1900, fue Narciso González González quien hizo su casa justo al inicio de la cuesta del Coruto. Según nos contaba su bisnieto Antonio Martínez Pérez, Narciso la dotó de diferentes y trabajados elementos decorativos en su interior. Así, hoy en día se conservan sus cielos rasos, una bañera con patas, los pasamanos de madera tallada o sus imitaciones a mármol. Dicho ornato interior no se corresponde, sin embargo, con el regular estado de conservación en el que se encuentra su parte exterior. Por cierto que una de las hijas de Narciso, Benigna González Gil –la otra se llamaba Isaura– se casó con Antonio Pérez, un hombre natural de la Gándara que anduviera como emigrante por Cuba, Estados Unidos y Brasil. Finalmente regresó y lo empleó su hermano, el reputado industrial Ignacio Pérez, en sus almacenes de ESPAÑOL Y PÉREZ. La casa de este hombre, en el Coruto Viejo, no se encuentra en buen estado de conservación.

 

Los siguientes emigrantes que vamos a tratar eran, según todos los indicios, originarios del barrio de Netos, Cividanes. Hablamos de los hermanos Trigo Alonso, cinco hombres y dos mujeres. Vivían en una quinta que, a tenor de la enorme entrada de carro que todavía se aprecia, debía ser de cierta importancia. Nos han hablado sobre ellos sus nietos Ramón Trigo Martínez, Paz Costa Trigo y Celia Trigo Vicente. Según nos comentaban, a finales del siglo XIX emigraron al Brasil los cinco varones a trabajar en su oficio de constructores. Durante muchos años estuvieron yendo y viniendo de aquella nación donde dejaron levantados numerosos edificios. En esos retornos se fueron casando con mujeres de la parroquia. Finalmente regresaron todos menos uno que se mató trabajando en una de las obras que allí estaban realizando. Ya en Salcidos cada uno vivió con su familia en una casa diferente. El mayor de los hermanos, José Manuel Trigo Alonso, se fue al barrio de la Longra, en Salcidos, a la casa –con toda seguridad– propiedad de su mujer, María Ventura Santiago, que obviamente reformó a su regreso. Esta casa se encuentra hoy en perfecto estado de conservación. Un caso parecido es el de su hermano Severino Trigo que se fue a vivir a la casa propiedad de su mujer, María Trigo Santos, en el barrio de Netos, próxima ya a Buxán. Esta casa fue recientemente restaurada con gran acierto. El caso de otro de los hermanos, Francisco Trigo (conocido por «Xico Trigo») es un poco distinto. Tuvo la suerte de que le tocara la lotería en el Brasil por lo que acumuló más ganancias que sus otros hermanos. Por este motivo, a la hora de procurarse una residencia a su regreso optó por un aire más urbano y, con la ayuda de un maestro de obras, edificó una casa de categoría en la antigua calle Brasil, en el Coruto. Esta casa todavía la recuerda alguna gente porque posteriormente fue por mucho tiempo el cuartel de la Guardia Civil. Por desgracia hoy se encuentra en un lamentable estado de abandono y parálisis, sin que sepamos la causa. Además, al haberle aumentado artificialmente una planta se rompió la armonía de su configuración original tal y como se puede apreciar en la foto de la página 29 del libro de las Fiestas del Monte del año pasado. Sobre Manuel Benito Trigo Alonso no sabemos mucho. Es probable que se quedara a vivir en la casa paterna. El último de los hermanos, Ramón Trigo Alonso, fue el que falleció en Brasil. En sus periódicos retornos este hombre ya había empezado a hacer su casa en el barrio de Netos, dentro de las propiedades de la quinta paterna. Tras su fallecimiento sus otros hermanos se la acabaron para que su viuda e hijos pudieran disfrutar de ella. Dicha casa goza actualmente de un buen estado de conservación.

 

Finalmente hablaremos de otro emigrante al Brasil de la parroquia de Salcidos, de quien nos informó su nieto Carlos Alonso Portela. Nos referimos a Laureano Alonso Portela (1863-1946), originario del barrio de la Silveira, que emigró siendo muy joven. En uno de sus viajes a Galicia se casó con la guardesa Ascensión Sobrino Vicente que se marchó con él a Brasil, concretamente a Niteroi donde Laureano tenía sus negocios de hostelería. Allí nacieron sus dos hijos aunque el primero falleció muy pronto. Por eso, cuando regresaron definitivamente hacia 1902-1903 lo hicieron ya con un solo hijo, Alcides Alonso Sobrino. Pero Laureano no va a hacer su casa en la parroquia de Salcidos sino en el centro de A Guarda, en la antigua calle Ezequiel Ordóñez, hoy Avenida de Galicia. La casa fue levantada entre 1906-1907 y actualmente se encuentra en muy buen estado de conservación. En las puertas de la izquierda todavía se pueden ver los hierros forjados con las iniciales «LA» del dueño del edificio. Según nos comentaba Carlos Alonso, Laureano hizo esta casa imitando la de su cuñado José María Sobrino Vicente, una casa indiana que realizara a finales del XIX cuando regresó de Puerto Rico (derribada el pasado año 2000, como recordamos). De hecho tiene la misma distribución interior de escaleras, pasillos y habitaciones. La diferencia principal estaba en la fachada pues mientras la casa de Sobrino –véase la página 178 del libro de la Fiesta del Monte 2000 o la página 91 del 2001– tenía una glorieta central con dos balcones a los lados, la de Laureano Alonso tiene un balcón central y dos glorietas laterales.

 

Queremos acabar el artículo de este año de la misma forma que lo hicimos el anterior. Esto es, pidiendo una vez más a las autoridades municipales se recupere el nombre de la antigua y verdadera Calle Brasil, y con ello se resarza una injusticia histórica cometida contra la memoria de cientos de emigrantes guardes –sobre todo de Salcidos– a aquella nación sudamericana. De esta forma A Guarda volverá a tener sus dos originales avenidas de entrada, la calle Brasil y la calle Puerto Rico, símbolo y orgullo de unos habitantes que no olvidan el pasado migratorio de sus padres y abuelos, y que recuerdan para siempre los lugares de América donde trabajaron y ahorraron para progresar en la vida y sacar adelante a sus familias, y donde muchos quedaron para siempre.

 

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[1] Véase Xoán Martínez Tamuxe (2001), Parroquia de San Lorenzo de Salcidos: aproximación histórica. Padroado dos Condes de Priegue, Concello da Guarda, pp. 48-50.

[2] Véase Evaristo Rivera Vázquez (1993), Colegio Apóstol Santiago. Historia de una larga peregrinación, Vigo, pp. 64-67. Precisamente dice este libro que en años anteriores a 1875 el párroco Diego Antonio González había aposentado en su casa al P. Arcaya.

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