|
|
NOTA (El texto que incorporamos fue publicado por su autor en los Libros-Programa de Fiestas del Monte de Santa Tecla, de los años 2000, 2001, 2002, 2003, 2004 y 2005)
Las casas indianas
de A Guarda. ¿Sabemos lo que tenemos? A Guarda tiene uno de los conjuntos arquitectónicos más interesantes de casas indianas en Galicia. Pero ¿sabemos realmente lo que tenemos? ¿Qué ese eso de las casas indianas?. Las casas indianas son las viviendas de los antiguos emigrantes a América retornados a su pueblo, en su mayoría edificadas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Pueden ser de dos tipos: urbanas (las que se encuentran en el casco urbano) y de campo (las famosas villas). Las casas de los indianos suelen ser de materiales nobles, con la piedra como elemento principal, lo que las convierte en piezas fundamentales del urbanismo de cualquier población en la que se encuentren. Las ciudades y villas de España que al darse cuentan de esto se han acogido a planes especiales de recuperación de casas indianas muestran un urbanismo único, tanto para el turismo como para los propios habitantes de esos lugares. Da envidia pasear por esas villas de Asturias, Cantabria, País Vasco, Cataluña o Baleares de tradición migratoria e ir viendo esas casas perfectamente restauradas y, por su puesto, utilizadas (como viviendas, sedes de bancos, tiendas, museos, etc.) Hace dos años hicimos un viaje a Asturias para conocer el Archivo de Indianos situado en el pequeño pueblo de Colombres, al este de Asturias, cerca ya de Cantabria. Este fondo documental y museo de la emigración a América está ubicado en una impresionante casa indiana restaurada a la perfección (recomendamos su visita). En la caseta de turismo de ese pueblo, cuando solicitamos información para conocer la localidad, nos proporcionaron un folleto con las rutas posibles y una de ellas era la «ruta de las casas indianas». Lo mismo nos sucedió en todas aquellas localidades en las que había habido una importante emigración a América. Y hablamos de pueblos a veces bastante más pequeños que A Guarda y con un número menor de esas construcciones. Lo que sucede es que allí las casas indianas sí están valoradas. Para que las nuestras sean tenidas en cuenta por la administración, las empresas inmobiliarias, los contratistas y los particulares es necesario que sean consideradas como un patrimonio valioso. Y es que, además, el valor de esas casas es doble: histórico y arquitectónico. El histórico suele ser desconocido y el arquitectónico difícil de apreciar dado el estado en que se encuentran. Sólo se verá cuando algún empresario comience a restaurar esas casas y a dotarlas por dentro de todas las comodidades y el confort de la vida actual. Tal vez entonces cunda el ejemplo por el bien del urbanismo de esta villa. En
lo que se refiere al valor histórico de las casas indianas de A Guarda podemos
aportar un poco de información de algunas de ellas, advirtiendo que son muchas
las que quedan sin mencionar en este artículo, y tal vez de las más bonitas.
Además, vamos a ocuparnos tan solo de las casas indianas urbanas, dado que en A
Guarda son las que se encuentran en peor estado de conservación (aunque
curiosamente son las más fáciles de restaurar dado que tan solo hay que
conservar la fachada). En la segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del
siglo XX, A Guarda lidera un fenómeno histórico en el ámbito gallego y español:
la emigración a Puerto Rico. Esta corriente migratoria comenzó hacia 1830
cuando arribó a aquella isla del Caribe uno de los pioneros, Juan Rodríguez
Cachada (1814-1881). Con el paso del tiempo fueron llegando otros detrás de él
y así, poco después, A Guarda se fue convirtiendo en la localidad de Galicia
que más emigrantes aportaba, por encima de capitales de provincia o de ciudades
como Vigo, Santiago de Compostela, Ferrol o Villagarcía. Pero es que además,
esta emigración tuvo un alto índice de éxito económico, social y político
en aquella isla. Y aunque para las
generaciones actuales ya no exista conciencia de ello, los «retornados
puertorriqueños» lo fueron todo en esta comarca entre 1868 y 1936. Sirva como
ejemplo un dato: desde Joaquín Alonso Martínez en 1868 a Brasilino Álvarez
Sobrino en 1936, el 90 % de los alcaldes de A Guarda fueron emigrantes
retornados de Puerto Rico. Algunos no retornaron nunca, como los hermanos Juan e
Higinio Rodríguez Cachada (1832-1878) quienes fallecieron en San Juan de Puerto
Rico dejando una gran fortuna. Parte de ella fue a parar a su hermana Vicenta
Rodríguez Cachada, quien al
Unos de los retornados puertorriqueños más antiguos fueron los hermanos Alonso Martínez. El primero de ellos fue Joaquín Alonso Martínez (n. 1834) quien regresó de Puerto Rico en 1865. Venía con una considerable fortuna y al ser uno de los primeros en volver se encontró con una Galicia descapitalizada y con un proceso de desamortización de los bienes de la Iglesia en marcha. Así, en poco tiempo se convirtió en uno de los mayores propietarios de la provincia de Pontevedra. Joaquín Alonso Martínez fue Teniente de Alcalde en la corporación municipal que se formó en A Guarda tras ser derrocada Isabel II en 1868. Posteriormente fue alcalde en los años 1869 y 1870, llegando después a convertirse en Diputado a Cortes. Su hermano Antonio Alonso Martínez (n. 1838) debió regresar de Puerto Rico poco después de Joaquín, y fue alcalde en los años 1872 y 1873. El tercero de los hermanos, Bernardo Alonso Martínez (n. 1836), regresó de Puerto Rico hacia 1872 y fue alcalde de A Guarda de 1879 a 1882[2]. En este período de la historia de la comarca, el poderío económico y social de los hermanos Alonso fue impresionante. Un dicho popular ponía de manifiesto esa realidad: «¿En La Guardia quién es Dios?: los Alonsos y otros dos».
Por otro lado, el edificio que Bernardo Alonso Martínez levantó en 1893 en la calle Vicente Sobrino, con una impresionante fachada de piedra y balcones de granito rosado. En la parte superior aparecen grabadas las iniciales «B.A.M.» y la fecha. Ese edificio fue levantado para albergar en su primer piso el salón de baile y demás elementos de la reciéncreada sociedad Casino de La Guardia[4], y en sus bajos las caballerizas de la familia Alonso que daban hacia sus enormes propiedades en la parte posterior. Actualmente, tanto la casa de la Plaza del Reloj como la antigua sede del Casino y después del Recreo, son propiedad de los PP. Somascos al recoger éstos los bienes de la Fundación Alonso cuyos mentores dejaron para la educación de los jóvenes de la comarca. Y esa fue la labor desempeñada por esa orden religiosa procedente de Italia. En un futuro habrá que estudiar el papel fundamental desempeñado por los PP. Somascos, desde su llegada en los años 60, en el acceso de importantes sectores de la población a los estudios medios, lo que hasta ese momento sólo estaba al alcance de unos privilegiados. Estos italianos, ajenos a la enorme división sociológica de A Guarda, dieron lugar a la creación de una importante clase media procedente tanto de la propia villa como de la Marina, de las aldeas del municipio, del Rosal y de otros puntos de la comarca. Hasta ese momento era muy difícil que jóvenes de diferentes extracciones sociales y zonales compartieran una misma formación después de los estudios primarios. Y la clase media es la clave de la modernidad y el progreso instaurado en Europa en la segunda mitad del siglo XX.
La
larga etapa de dominio municipal de Agustín Sobrino Vicente finalizó en 1923
cuando subió al poder el general Miguel Primo de Rivera y reformó todo el
sistema político anterior. Una de sus principales transformaciones fue la de la
administración local, cambiando todas las corporaciones y grupos de poder del
país. En A Guarda hubo un año de transición entre 1923 y 1924 en el que ocupó
la alcaldía otro retornado de Vega Baja, Manuel Otero
La
caída del régimen de Primo de Rivera en enero de 1930 precipitó la marcha de
aquellos alcaldes que, como Manuel Álvarez, llegaran con él al poder. Durante
el año 1930 fue alcalde de A Guarda otro puertorriqueño ilustre, Manuel Lomba
Peña (1861-1933), por entonces ya anciano. Con la llegada de la Segunda República,
la mayor parte de los alcaldes siguieron siendo retornados de Puerto Rico:
Manuel Álvarez Vicente (de 1931 a 1932), Agustín González Sobrino (en 1933),
Antolín Silva Vicente (de 1933 a 1936), y finalmente Brasilino Álvarez
Sobrino, el cual tan solo fue alcalde del 15 de junio al 27 de julio de
-2- Los tres últimos alcaldes retornados de Puerto Rico fueron Ramón Gándara Álvarez (1939), Agustín Lomba Gómez (1939-1945), en cuya casa –enfrente a la de José María Moreno- estuvo muchos años el establecimiento Los Muchachos, y Agustín Pena Pacheco (1960-1962).
Villa
Borinquen aunque acabó siendo propiedad de Agustín Pena Pacheco, fue
edificada en la década de 1910 por Antonio Portela Silva (1876-1939), habiendo
diseñado y dirigido la obra un primo suyo, Antolín Silva. A ella se retiró a
vivir cuando regresó de Puerto Rico acompañado de su esposa, la puertorriqueña
Amparo Dávila Santana. Sin embargo esta mujer no se adaptaba al frío de
Galicia por lo que durante el invierno residían en Málaga. Cuando Antonio
Portela falleció en el año 1939, su viuda -con
quien no tuvo descendencia-
regresó a Puerto Rico. Pero antes de fallecer Antonio Portela repartió sus
bienes: a su
Como acabamos de comprobar, la historia contemporánea de A Guarda pasa necesariamente por Puerto Rico. Hubo un tiempo en que los emigrantes guardeses que regresaron de aquella isla caribeña lo fueron todo en esta villa. Ese periodo histórico pendiente de ser abordado en toda su amplitud, ha dejado diferentes huellas en la localidad. Una de ellas son las casas de sus protagonistas, las famosas casas idnianas. Con motivo de la orden de derribo de una de nuestras casas indianas más representativas de A Guarda, la de José María Sobrino Vicente, ni siquiera ha habido una polémica o un debate. Nosotros no vamos a entrar en la cuestión de este derribo en concreto, por la sencilla razón de que ya es demasiado tarde y hay demasiados intereses -legítimos por otra parte- que se han puesto en marcha. Pero ¿por qué se llegó a esta situación? Sólo hay una respuesta: la falta de previsión institucional. Quitando a cuatro personas que protestan y "molestan" ante hechos así (cuando ya es siempre tarde), a nadie le suelen importar estas cuestiones. Lo triste es que esta realidad, la del desinterés consustancial a la propia historia de Galicia. Es cierto que ese desinterés es debido al desconocimiento de nuestro propio pasado. Pero es que, para conocer ese pasado se necesita un mínimo de interés. En definitiva, es la pescadilla que se muerde la cola... A Guarda es un caso más de la historia, ¡triste historia!, de la escasa valoración del patrimonio gallego y por extensión de nuestro propio pasado.
Aunque nuestros gobernantes tienen una gran parte de responsabilidad en este asunto, hagamos un análisis más profundo y sincero de la situación. A poco que nos movamos por nuestra Galicia podemos observar -con un mínimo de capacidad autocrítica- una serie de señales muy extendidas que nos definen en nuestra sensibilidad estética. En nuestro caso tomamos conciencia de ello en el viaje del que hablábamos antes a Cantabria y Asturias. Tras visitar numerosas villas, pueblos y ciudades de esas comunidades, donde pudimos apreciar el buen estado general de las viviendas y su gran armonía con el paisaje, entramos en Galicia por la frontera de Lugo; y una vez fuimos avanzando por tierras gallegas comenzamos a fijarnos en esas cosas con las que solemos convivir: casas sin lucir con el ladrillo a la vista de toda la vida, muros de piedra con ladrillo encima, casas lucidas con cemento y nunca pintadas, estructuras monolíticas con dos ventanas y un portalón que parecen cárceles, etc. A poco que nos fijemos en nuestro día a día veremos como esos casos son demasiado habituales también en el municipio de A Guarda. Dicho esto, si no valoramos estéticamente los lugares en los que vivimos, ¿cómo vamos a valorar edificaciones en donde viven otros? ¿A quién le importa, por ejemplo, el lamentable estado en el que están nuestras aldeas? ¿O que se cree una nueva área habitada en A Guarda sin infraestructura urbanística?. Esa falta de sensibilidad colectiva es, a nuestro entender, la razón principal de que se sigan perdiendo importantes elementos patrimoniales en nuestros días. Es más, nos atreveríamos a decir que hay mucha gente que le da igual si vive en un sitio funcional y estéticamente agradable o incómodo y completamente antiestético. Hasta ahora se achacaba esto al tan manido problema de la pobreza e incultura históricas de los gallegos. Sin embargo, desde hace ya un tiempo Galicia ha ido superando claramente su endémico problema en lo que se refiere a la pobreza, y creemos que ya va siendo hora que demostrar que vamos superando el segundo, por ejemplo, mostrando una mayor sensibilidad en cuestiones básicas como el urbanismo.
[1] Para conocer más a fondo los comienzos de las HH. Carmelitas en nuestro pueblo así como todo lo relacionado con la construcción del primer colegio, cfr. Xoán M. Tamuxe, Manuel M. Goyás y Antonio M. Vicente (1994), Cien años de presencia de las HH. Carmelitas de la caridad en A Guarda, 1894-1994, A Guarda. [2] Bernardo Alonso había sido ya concejal del Ayuntamiento de San Juan de Puerto Rico en 1865-1866 y 1870-1871. [3] Sobre esta casa Generoso Álvarez Seoane ya dedicó unas palabras en el libro de las Fiestas del Monte del año 1999. [4] El Casino de La Guardia se creó en 1892 con la idea de albergar a lo más selecto de la sociedad guardesa de la época. Ciertamente fue una respuesta a la formación, unos años antes, de otras dos sociedades: el Círculo Guardés (1888) y el Recreo Artístico Guardés (1890). El Casino se disolvió hacia 1918, y a partir de 1920 fue el Recreo el que ocupó su sede en la calle Vicente Sobrino hasta 1962, año en que llegaron los nuevos y actuales propietarios, los PP. Somascos. [5] La Restauración es el período que va desde 1875 a 1923, y se caracterizó por el establecimiento de un sistema político controlado desde arriba en el que sólo eran posibles dos partidos: el Conservador y el Liberal, los cuales además debían turnarse en el poder. En cuanto a la estructura del Estado, éste se vertebraba en la línea que iba desde los Ministerios, pasaba por las Diputaciones Provinciales y terminaba en los Alcaldes. El mantenimiento de esta estructura de poder se basaba en una red de fidelidades personales que en sus ámbitos más cercanos al pueblo fue conocido como caciquismo. El principal movimiento opositor a ese sistema sociopolítico en Galicia fue el agrarismo, cuyo órgano principal en A Guarda y comarca fue el semanario Heraldo Guardés dirigido por José Darse Sobrino. Los apasionados enfrentamientos entre Agustín Sobrino y José Darse tendrán que ser estudiados algún día. [6] José María Moreno Franco, que estaba casado con Rosa Álvarez Vicente, se retiró definitivamente en 1907. Su hijo Francisco Moreno Franco había nacido en 1894 en la localidad puertorriqueña de Guayama donde su padre tenía los negocios. Actualmente ocupan los bajos de esta casa O Brasileiro y El Gallo. [7] En el plano de A Guarda realizado en 1899 por el agrimensor José Benito Andreini, podemos comprobar como en ese año el Círculo Guardés ya estaba en la casa de José María Moreno, y como el Casino estaba en la calle Vicente Sobrino. No figura, sin embargo, la sociedad Recreo Artístico Guardés, que por aquel entonces se encontraba en la calle Colón. Una copia de este plano, que es propiedad de Antonio Martínez Vicente, se encuentra expuesta en el establecimiento Multicopia de la calle Brasilino Álvarez. [8] Los hermanos Alonso habían coincidido con ellos en la isla de Puerto Rico en las décadas de 1850 y 1860. Bernardo Alonso e Higinio Rodríguez Cachada fueron incluso socios en la importante empresa importadora y comisionista de la capital San Juan, CACHADA Y ALONSO (1861-1871). Referencia
bibliográfica: VILLA
ÁLVAREZ, Joaquín Miguel (2000), “Las casas indianas de A Guarda, ¿sabemos
lo que tenemos?”, en AA.VV., Festa do
Monte 2000, Concello de A Guarda, pp. 173-182. CASAS INDIANAS (1)
CASAS INDIANAS (2)
CASAS INDIANAS (3)
CASAS INDIANAS (4) CASAS
INDIANAS (5)
CASAS INDIANAS (6)
CASAS INDIANAS (7) |
|
|