JOAQUÍN MIGUEL VILLA ÁLVAREZ é Doctor en Historia Contemporánea pola Universidade de Santiago de Compostela. Imparte docencia no Colexio dos PP. Somascos, da Guarda. Investigador e experto na emigración guardesa a Puerto Rico e Santo Domingo. Obtivo o Primeiro Premio de ensayos no "IV Concurso de Redacción de Ensayos sobre Puerto Rico" convocado pola Casa de Puerto Rico en España, Xunta de Galicia e Univerisdade de Santiago de Compostela (1996). Ten colaborado en distintas publicacións e realiza un exhaustivo traballo de investigación sobre distintos aspectos relacionados coa Guarda.

CASAS INDIANAS (1)     CASAS INDIANAS (2)      CASAS INDIANAS (3)   CASAS INDIANAS (4)   CASAS INDIANAS (5)  CASAS INDIANAS (6)         CASAS INDIANAS (7)

NOTA (El texto que incorporamos fue publicado por su autor en los Libros-Programa de Fiestas del Monte de Santa Tecla, de los años 2000, 2001, 2002, 2003, 2004 y 2005)

 

Las casas indianas de A Guarda. ¿Sabemos lo que tenemos?

 

A Guarda tiene uno de los conjuntos arquitectónicos más interesantes de casas indianas en Galicia. Pero ¿sabemos realmente lo que tenemos? ¿Qué ese eso de las casas indianas?. Las casas indianas son las viviendas de los antiguos emigrantes a América retornados a su pueblo, en su mayoría edificadas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Pueden ser de dos tipos: urbanas (las que se encuentran en el casco urbano) y de campo (las famosas villas). Las casas de los indianos suelen ser de materiales nobles, con la piedra como elemento principal, lo que las convierte en piezas fundamentales del urbanismo de cualquier población en la que se encuentren. Las ciudades y villas de España que al darse cuentan de esto se han acogido a planes especiales de recuperación de casas indianas muestran un urbanismo único, tanto para el turismo como para los propios habitantes de esos lugares. Da envidia pasear por esas villas de Asturias, Cantabria, País Vasco, Cataluña o Baleares de tradición migratoria e ir viendo esas casas perfectamente restauradas y, por su puesto, utilizadas (como viviendas, sedes de bancos, tiendas, museos, etc.)

Hace dos años hicimos un viaje a Asturias para conocer el Archivo de Indianos situado en el pequeño pueblo de Colombres, al este de Asturias, cerca ya de Cantabria. Este fondo documental y museo de la emigración a América está ubicado en una impresionante casa indiana restaurada a la perfección (recomendamos su visita). En la caseta de turismo de ese pueblo, cuando solicitamos información para conocer la localidad, nos proporcionaron un folleto con las rutas posibles y una de ellas era la «ruta de las casas indianas». Lo mismo nos sucedió en todas aquellas localidades en las que había habido una importante emigración a América. Y hablamos de pueblos a veces bastante más pequeños que A Guarda y con un número menor de esas construcciones. Lo que sucede es que allí las casas indianas sí están valoradas. Para que las nuestras sean tenidas en cuenta por la administración, las empresas inmobiliarias, los contratistas y los particulares es necesario que sean consideradas como un patrimonio valioso. Y es que, además, el valor de esas casas es doble: histórico y arquitectónico. El histórico suele ser desconocido y el arquitectónico difícil de apreciar dado el estado en que se encuentran. Sólo se verá cuando algún empresario comience a restaurar esas casas y a dotarlas por dentro de todas las comodidades y el confort de la vida actual. Tal vez entonces cunda el ejemplo por el bien del urbanismo de esta villa.

 

En lo que se refiere al valor histórico de las casas indianas de A Guarda podemos aportar un poco de información de algunas de ellas, advirtiendo que son muchas las que quedan sin mencionar en este artículo, y tal vez de las más bonitas. Además, vamos a ocuparnos tan solo de las casas indianas urbanas, dado que en A Guarda son las que se encuentran en peor estado de conservación (aunque curiosamente son las más fáciles de restaurar dado que tan solo hay que conservar la fachada). En la segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del siglo XX, A Guarda lidera un fenómeno histórico en el ámbito gallego y español: la emigración a Puerto Rico. Esta corriente migratoria comenzó hacia 1830 cuando arribó a aquella isla del Caribe uno de los pioneros, Juan Rodríguez Cachada (1814-1881). Con el paso del tiempo fueron llegando otros detrás de él y así, poco después, A Guarda se fue convirtiendo en la localidad de Galicia que más emigrantes aportaba, por encima de capitales de provincia o de ciudades como Vigo, Santiago de Compostela, Ferrol o Villagarcía. Pero es que además, esta emigración tuvo un alto índice de éxito económico, social y político en aquella isla.  Y aunque para las generaciones actuales ya no exista conciencia de ello, los «retornados puertorriqueños» lo fueron todo en esta comarca entre 1868 y 1936. Sirva como ejemplo un dato: desde Joaquín Alonso Martínez en 1868 a Brasilino Álvarez Sobrino en 1936, el 90 % de los alcaldes de A Guarda fueron emigrantes retornados de Puerto Rico. Algunos no retornaron nunca, como los hermanos Juan e Higinio Rodríguez Cachada (1832-1878) quienes fallecieron en San Juan de Puerto Rico dejando una gran fortuna. Parte de ella fue a parar a su hermana Vicenta Rodríguez Cachada, quien al morir sin descendencia en 1893, dejó sus bienes a una fundación que debía dedicarse a la enseñanza. Esa fundación fue recogida por las HH. Carmelitas las cuales llegaron a la villa de A Guarda en 1894 iniciando una misión educativa que continúa hasta la actualidad. El antiguo Colegio San José, edificado en la confluencia de las calles Puerto Rico y República Dominicana, sin llegar a ser una casa indiana, es el fruto del trabajo de toda una vida de los hermanos Rodríguez Cachada en Puerto Rico[1].

 

Unos de los retornados puertorriqueños más antiguos fueron los hermanos Alonso Martínez. El primero de ellos fue Joaquín Alonso Martínez (n. 1834) quien regresó de Puerto Rico en 1865. Venía con una considerable fortuna y al ser uno de los primeros en volver se encontró con una Galicia descapitalizada y con un proceso de desamortización de los bienes de la Iglesia en marcha. Así, en poco tiempo se convirtió en uno de los mayores propietarios de la provincia de Pontevedra. Joaquín Alonso Martínez fue Teniente de Alcalde en la corporación municipal que se formó en A Guarda tras ser derrocada Isabel II en 1868. Posteriormente fue alcalde en los años 1869 y 1870, llegando después a convertirse en Diputado a Cortes. Su hermano Antonio Alonso Martínez (n. 1838) debió regresar de Puerto Rico poco después de Joaquín, y fue alcalde en los años 1872 y 1873. El tercero de los hermanos, Bernardo Alonso Martínez (n. 1836), regresó de Puerto Rico hacia 1872 y fue alcalde de A Guarda de 1879 a 1882[2]. En este período de la historia de la comarca, el poderío económico y social de los hermanos Alonso fue impresionante. Un dicho popular ponía de manifiesto esa realidad: «¿En La Guardia quién es Dios?: los Alonsos y otros dos».

 

Casa principal de los Alonso, en la Praza do Reló, adquirida por el ayuntamiento de A Guarda

Del esplendor de esa época nos queda, por un lado, la casa principal de los Alonsos en la Plaza del Reloj. Esta casa perteneció, inicialmente, a una de las familias más importantes de la comarca en el siglo XIX: los Lasiote. De hecho, a finales de la década de 1870 el dueño de la casa era todavía Juan Antonio Fernández Lasiote, un importante comerciante de la localidad con establecimiento abierto en sus bajos. Sin embargo el tal Juan Antonio ya por entonces se encontraba ahogado por las deudas, por lo que con toda seguridad en 
torno a 1880 los hermanos Alonso aprovecharon la ocasión para adquirir su casa familiar en propiedad. El hecho de que los hermanos Alonso compraran esta casa una vez retirados de Puerto Rico no fue una casualidad. La familia Lasiote tenía también vinculación con aquella isla pues un miembro de esta familia, Rosa Fernández Lasiote (tía del mencionado Juan Antonio Fernández Lasiote), era la madre de dos guardeses pioneros en Puerto Rico: Juan e Higinio Rodríguez-Cachada Fernández[8]. Tras su adquisición, los hermanos Alonso no sólo la rehabilitaron sino que construyeron otra anexa con similar arquitectura. Por ello se habla de la casa mayor y la casa menor de los Alonsos[3]

Por otro lado, el edificio que Bernardo Alonso Martínez levantó en 1893 en la calle Vicente Sobrino, con una impresionante fachada de piedra y balcones de granito rosado. En la parte superior aparecen grabadas las iniciales «B.A.M.» y la fecha. Ese edificio fue levantado para albergar en su primer piso el salón de baile y demás elementos de la reciéncreada sociedad Casino de La Guardia[4], y en sus bajos las caballerizas de la familia Alonso que daban hacia sus enormes propiedades en la parte posterior. Actualmente, tanto la casa de la Plaza del Reloj como la antigua sede del Casino y después del Recreo, son propiedad de los PP. Somascos al recoger éstos los bienes de la Fundación Alonso cuyos mentores dejaron para la educación de los jóvenes de la comarca. Y esa fue la labor desempeñada por esa orden religiosa procedente de Italia. En un futuro habrá que estudiar el papel fundamental desempeñado por los PP. Somascos, desde su llegada en los años 60, en el acceso de importantes sectores de la población a los estudios medios, lo que hasta ese momento sólo estaba al alcance de unos privilegiados. Estos italianos, ajenos a la enorme división sociológica de A Guarda, dieron lugar a la creación de una importante clase media procedente tanto de la propia villa como de la Marina, de las aldeas del municipio, del Rosal y de otros puntos de la comarca. Hasta ese momento era muy difícil que jóvenes de diferentes extracciones sociales y zonales compartieran una misma formación después de los estudios primarios. Y la clase media es la clave de la modernidad y el progreso instaurado en Europa en la segunda mitad del siglo XX.

 

Ya en la década de 1880 comenzaron a regresar de Puerto Rico muchos emigrantes pertenecientes a una misma familia, una de cuyas ramas se hizo con el poder político en A Guarda desde 1890 a 1923. Nos referimos al grupo familiar de los ganchellos, la mayoría de los cuales tenían en común el haber estado en el mismo pueblo de Puerto Rico, Vega Baja. Su principal representante fue Agustín Sobrino Vicente (1853-1930) quien había regresado de Puerto Rico en 1883; ocupó la alcaldía de A Guarda en tres momentos: 1890-1896, 1902-1905 y 1912-1923, y podemos considerarlo como el alcalde del período histórico conocido como La Restauración[5]. Era, además, el representante en la comarca de A Guarda del Diputado en Cortes Ezequiel Ordóñez y a partir de 1903 de su hijo Mariano Ordóñez, ambos del Partido Conservador. La casa de Agustín Sobrino, edificada en torno a 1890 en la calle Vicente Sobrino, se encuentra hoy deteriorada. Para que nos hagamos una idea de su apariencia original podemos fijarnos en la casa indiana de enfrente, muy bien conservada, donde se encuentra la farmacia Barbi. La edificó José Manuel Portela Vicente, otro guardés que regresó de Vega Baja a comienzos del siglo XX, aunque él no era ganchello. Mejor conservada que la de Agustín Sobrino está la casa de su hermano José María Sobrino Vicente, en la calle José Antonio haciendo esquina con Ramón Sobrino (el hijo de José María que donó los terrenos para hacer posible esta calle). Esta casa fue construida a finales del siglo XIX dado que José María Sobrino se retiró del comercio de Puerto Rico en 1890.

 

La larga etapa de dominio municipal de Agustín Sobrino Vicente finalizó en 1923 cuando subió al poder el general Miguel Primo de Rivera y reformó todo el sistema político anterior. Una de sus principales transformaciones fue la de la administración local, cambiando todas las corporaciones y grupos de poder del país. En A Guarda hubo un año de transición entre 1923 y 1924 en el que ocupó la alcaldía otro retornado de Vega Baja, Manuel Otero Lomba. Su casa, una de las más impresionantes de la villa, está situada en la calle José Antonio, frente a la cafetería Oasis. Como Manuel Otero Lomba y su esposa Joaquina Sobrino Alonso (que también era ganchella) murieron sin descendencia, sus bienes se convirtieron en una fundación benéfica. Inicialmente funcionó como asilo, y después de un período en que estuvo abandonado –y expoliado- en 1977 pasó a ser la base del Centro de Educación Especial San Jerónimo Emiliani, institución creada por el Padre Montes quien le dio el nombre del santo fundador de los PP. Somascos. En el año 2002 se cumplieron 25 años de existencia, ocasión propicia para agradecerle al Padre Montes la importante contribución que hizo en su día al crear un centro que en la actualidad desarrolla una impresionante labor social y educativa en nuestra comarca. Pero, como decíamos antes, la permanencia de Manuel Otero en la alcaldía era transitoria ya que el régimen de Primo de Rivera permitió que a las alcaldías accediesen muchos de aquellos reformistas o regeneracionistas que habían criticado el sistema restauracionista anterior. En A Guarda ese papel lo tenía Manuel Álvarez Vicente (1857-1935), quien se convirtió en alcalde entre 1924 y 1929, aunque después volvió a serlo en los dos primeros años de la Segunda República, 1931 y 1932. Manuel Álvarez Vicente -para muchos uno de los mejores alcaldes que tuvo A Guarda- era otro indiano retornado de Puerto Rico, de donde regresó muy pronto, en 1886, cuando contaba tan solo 29 años. En aquel momento era un poderoso comerciante y además ocupaba el puesto de director y administrador del futuro Banco Español de Puerto Rico. A pesar de su brillante futuro en aquella isla, Manuel Álvarez prefirió retirarse a su villa natal de A Guarda. Su casa indiana, construida en torno a 1890, frente al antiguo colegio San José en la calle Puerto Rico, es hoy por hoy una de las más elegantes de A Guarda.

 

La caída del régimen de Primo de Rivera en enero de 1930 precipitó la marcha de aquellos alcaldes que, como Manuel Álvarez, llegaran con él al poder. Durante el año 1930 fue alcalde de A Guarda otro puertorriqueño ilustre, Manuel Lomba Peña (1861-1933), por entonces ya anciano. Con la llegada de la Segunda República, la mayor parte de los alcaldes siguieron siendo retornados de Puerto Rico: Manuel Álvarez Vicente (de 1931 a 1932), Agustín González Sobrino (en 1933), Antolín Silva Vicente (de 1933 a 1936), y finalmente Brasilino Álvarez Sobrino, el cual tan solo fue alcalde del 15 de junio al 27 de julio de 1936. Como todo el mundo sabe, Brasilino Álvarez fue fusilado en la cárcel de Tui el 7 de diciembre de 1936. A Brasilino Álvarez le siguió como alcalde, con carácter provisional, Francisco Moreno Álvarez (n. 1894), hijo de un importante indiano puertorriqueño, José María Moreno Franco (n. 1863), quien edificó su casa indiana, hacia 1898, entre la iglesia parroquial y la de su cuñado Manuel Álvarez[6]. A diferencia de este último, José María Moreno utilizó para el exterior azulejo verde en vez de piedra, levantando un auténtico caserío cuyas dimensiones son demasiado grandes para ser únicamente una vivienda. Esto es debido a que José María Moreno la creó para dar cabida en su parte superior a la sociedad más antigua de A Guarda: el Círculo Guardés. Aún hoy existe a los pies de la escalera de la casa una cristalera con el nombre impreso de aquella histórica sociedad[7].

 

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            Los tres últimos alcaldes retornados de Puerto Rico fueron Ramón Gándara Álvarez (1939), Agustín Lomba Gómez (1939-1945), en cuya casa –enfrente a la de José María Moreno- estuvo muchos años el establecimiento Los Muchachos, y Agustín Pena Pacheco (1960-1962). 

            Villa Borinquen aunque acabó siendo propiedad de Agustín Pena Pacheco, fue edificada en la década de 1910 por Antonio Portela Silva (1876-1939), habiendo diseñado y dirigido la obra un primo suyo, Antolín Silva. A ella se retiró a vivir cuando regresó de Puerto Rico acompañado de su esposa, la puertorriqueña Amparo Dávila Santana. Sin embargo esta mujer no se adaptaba al frío de Galicia por lo que durante el invierno residían en Málaga. Cuando Antonio Portela falleció en el año 1939, su viuda -con quien no tuvo descendencia- regresó a Puerto Rico. Pero antes de fallecer Antonio Portela repartió sus bienes: a su esposa la mitad de su capital, a su sobrino Mariano Martínez Portela le compró una casa indiana de la Plaza Nueva -de la que hablaremos más adelante- y a su sobrina Sara Martínez Portela -quien precisamente estaba casada con el guardés retornado de Puerto Rico Agustín Pena Pacheco- le dejó Villa Borinquen, que es hoy en día una de las casas indianas más típicas de A Guarda, aunque tampoco está en muy buen estado de conservación. Antes de Agustín Pena, que fue el último de los alcaldes indianos, estuvieron en la alcaldía dos hermanos, hijos de un retornado. Nos referimos a Julio Portela Gómez (de 1945 a 1946) y Ermelindo Portela Gómez (de 1949 a 1959). El padre de ambos, Ermelindo Portela Melón, se había retirado del comercio de Puerto Rico en el año 1914, justo antes de la primera guerra mundial.

 

   Como acabamos de comprobar, la historia contemporánea de A Guarda pasa necesariamente por Puerto Rico. Hubo un tiempo en que los emigrantes guardeses que regresaron de aquella isla caribeña lo fueron todo en esta villa. Ese periodo histórico pendiente de ser abordado en toda su amplitud, ha dejado diferentes huellas en la localidad. Una de ellas son las casas de sus protagonistas, las famosas casas idnianas. Con motivo de la orden de derribo de una de nuestras casas indianas más representativas de A Guarda, la de José María Sobrino Vicente, ni siquiera ha habido una polémica o un debate. Nosotros no vamos a entrar  en la cuestión de este derribo en concreto, por la sencilla razón de que ya es demasiado tarde y hay demasiados intereses -legítimos por otra parte- que se han puesto en marcha. Pero ¿por qué se llegó a esta situación? Sólo hay una respuesta: la falta de previsión institucional. Quitando a cuatro personas que protestan y "molestan" ante hechos así (cuando ya es siempre tarde), a nadie le suelen importar estas cuestiones. Lo triste es que esta realidad, la del desinterés consustancial a la propia historia de Galicia. Es cierto que ese desinterés es debido al desconocimiento de nuestro propio pasado. Pero es que, para conocer ese pasado se necesita un mínimo de interés. En definitiva, es la pescadilla que se muerde la cola... A Guarda es un caso más de la historia, ¡triste historia!, de la escasa valoración del patrimonio gallego y por extensión de nuestro propio pasado.

 

   Aunque nuestros gobernantes tienen una gran parte de responsabilidad en este asunto, hagamos un análisis más profundo y sincero de la situación. A poco que nos movamos por nuestra Galicia podemos observar -con un mínimo de capacidad autocrítica- una serie de señales muy extendidas que nos definen en nuestra sensibilidad estética. En nuestro caso tomamos conciencia de ello en el viaje del que hablábamos antes a Cantabria y Asturias. Tras visitar numerosas villas, pueblos y ciudades de esas comunidades, donde pudimos apreciar el buen estado general de las viviendas y su gran armonía con el paisaje, entramos en Galicia por la frontera de Lugo; y una vez fuimos avanzando por tierras gallegas comenzamos a fijarnos en esas cosas con las que solemos convivir: casas sin lucir con el ladrillo a la vista de toda la vida, muros de piedra con ladrillo encima, casas lucidas con cemento y nunca pintadas, estructuras monolíticas con dos ventanas y un portalón que parecen cárceles, etc. A poco que nos fijemos en nuestro día a día veremos como esos casos son demasiado habituales también en el municipio de A Guarda.

 

Dicho esto, si no valoramos estéticamente los lugares en los que vivimos, ¿cómo vamos a valorar edificaciones en donde viven otros? ¿A quién le importa, por ejemplo, el lamentable estado en el que están nuestras aldeas? ¿O que se cree una nueva área habitada en A Guarda sin infraestructura urbanística?. Esa falta de sensibilidad colectiva es, a nuestro entender, la razón principal de que se sigan perdiendo importantes elementos patrimoniales en nuestros días. Es más, nos atreveríamos a decir que hay mucha gente que le da igual si vive en un sitio funcional y estéticamente agradable o incómodo y completamente antiestético. Hasta ahora se achacaba esto al tan manido problema de la pobreza e incultura históricas de los gallegos. Sin embargo, desde hace ya un tiempo Galicia ha ido superando claramente su endémico problema en lo que se refiere a la pobreza, y creemos que ya va siendo hora que demostrar que vamos superando el segundo, por ejemplo, mostrando una mayor sensibilidad en cuestiones básicas como el urbanismo.

CASAS INDIANAS (2)

 


[1] Para conocer más a fondo los comienzos de las HH. Carmelitas en nuestro pueblo así como todo lo relacionado con la construcción del primer colegio, cfr. Xoán M. Tamuxe, Manuel M. Goyás y Antonio M. Vicente (1994), Cien años de presencia de las HH. Carmelitas de la caridad en A Guarda, 1894-1994, A Guarda.

[2] Bernardo Alonso había sido ya concejal del Ayuntamiento de San Juan de Puerto Rico en 1865-1866 y 1870-1871.

[3] Sobre esta casa Generoso Álvarez Seoane ya dedicó unas palabras en el libro de las Fiestas del Monte del año 1999.

[4] El Casino de La Guardia se creó en 1892 con la idea de albergar a lo más selecto de la sociedad guardesa de la época. Ciertamente fue una respuesta a la formación, unos años antes, de otras dos sociedades: el Círculo Guardés (1888) y el Recreo Artístico Guardés (1890). El Casino se disolvió hacia 1918, y a partir de 1920 fue el Recreo el que ocupó su sede en la calle Vicente Sobrino hasta 1962, año en que llegaron los nuevos y actuales propietarios, los PP. Somascos.

[5] La Restauración es el período que va desde 1875 a 1923, y se caracterizó por el establecimiento de un sistema político controlado desde arriba en el que sólo eran posibles dos partidos: el Conservador y el Liberal, los cuales además debían turnarse en el poder. En cuanto a la estructura del Estado, éste se vertebraba en la línea que iba desde los Ministerios, pasaba por las Diputaciones Provinciales y terminaba en los Alcaldes. El mantenimiento de esta estructura de poder se basaba en una red de fidelidades personales que en sus ámbitos más cercanos al pueblo fue conocido como caciquismo. El principal movimiento opositor a ese sistema sociopolítico en Galicia fue el agrarismo, cuyo órgano principal en A Guarda y comarca fue el semanario Heraldo Guardés dirigido por José Darse Sobrino. Los apasionados enfrentamientos entre Agustín Sobrino y José Darse tendrán que ser estudiados algún día.

[6] José María Moreno Franco, que estaba casado con Rosa Álvarez Vicente, se retiró definitivamente en 1907. Su hijo Francisco Moreno Franco había nacido en 1894 en la localidad puertorriqueña de Guayama donde su padre tenía los negocios. Actualmente ocupan los bajos de esta casa O Brasileiro y El Gallo.

[7] En el plano de A Guarda realizado en 1899 por el agrimensor José Benito Andreini, podemos comprobar como en ese año el Círculo Guardés ya estaba en la casa de José María Moreno, y como el Casino estaba en la calle Vicente Sobrino. No figura, sin embargo, la sociedad Recreo Artístico Guardés, que por aquel entonces se encontraba en la calle Colón. Una copia de este plano, que es propiedad de Antonio Martínez Vicente, se encuentra expuesta en el establecimiento Multicopia de la calle Brasilino Álvarez.

[8] Los hermanos Alonso habían coincidido con ellos en la isla de Puerto Rico en las décadas de 1850 y 1860. Bernardo Alonso e Higinio Rodríguez Cachada fueron incluso socios en la importante empresa importadora y comisionista de la capital San Juan, CACHADA Y ALONSO (1861-1871).

Referencia bibliográfica:

VILLA ÁLVAREZ, Joaquín Miguel (2000), “Las casas indianas de A Guarda, ¿sabemos lo que tenemos?”, en AA.VV., Festa do Monte 2000, Concello de A Guarda, pp. 173-182.

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