JOAQUÍN MIGUEL VILLA ÁLVAREZ é Doctor en Historia Contemporánea pola Universidade de Santiago de Compostela. Imparte docencia no Colexio dos PP. Somascos, da Guarda. Investigador e experto na emigración guardesa a Puerto Rico e Santo Domingo. Obtivo o Primeiro Premio de ensayos no "IV Concurso de Redacción de Ensayos sobre Puerto Rico" convocado pola Casa de Puerto Rico en España, Xunta de Galicia e Univerisdade de Santiago de Compostela (1996). Ten colaborado en distintas publicacións e realiza un exhaustivo traballo de investigación sobre distintos aspectos relacionados coa Guarda.

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Las casas indianas de A Guarda (y V):

siguiendo la huella de los «brasileiros»

 

Por

 

Joaquín Miguel Villa Álvarez

 

 

            En este artículo vamos a continuar identificando otras casas de nuestro patrimonio urbanístico relacionadas con la emigración a América. Y lo haremos siguiendo el rastro que iniciamos el año pasado relativo a los emigrados al Brasil que, como recordamos, en su inmensa mayoría pertenecían a la parroquia de Salcidos. Para esta ocasión no pude contar ya con una de mis fuentes de información más privilegiadas, mi abuela Josefina Sobrino Español, que falleció el pasado mes de diciembre. Tenía 94 años, la mente clara y el espíritu inquieto. Conoció dos monarquías distintas y fue testigo de acontecimientos centrales del siglo XX como las dos Guerras Mundiales y nuestra dramática Guerra Civil. Como emigrante que fue al Brasil, concretamente a Niteroi, donde pasó su juventud, sabía muchísimas cosas sobre las familias de aquellos emigrantes de la parroquia que ella conoció. Aunque en alguna ocasión ya habíamos hablado sobre ello, las urgencias de la propia vida me impidieron recoger por escrito toda esa información. Cuanto lamento hoy no haberlo hecho. Y teníamos aún tantas cosas de que hablar… Ciertamente con nuestros mayores se nos van páginas enteras de nuestra historia que nunca más se podrán recuperar. Con todo son muchas las cosas que todavía se pueden averiguar.

 

            Este año nos hemos centrado en una de las familias más significativas de la localidad, por lo que respecta a la emigración al Brasil: los Giráldez, apodados «os de plantas», naturales del barrio de la Portela, en la parroquia de Salcidos. Al retornar a su tierra natal, a principios del siglo XX, algunos miembros de esta familia realizaron una considerable aportación al patrimonio urbanístico de la época, concretamente en la calle que atraviesa la villa a la altura de la alameda y en la antigua calle Brasil (entrada del Coruto). Además de los registros parroquiales y censales de la época, nos han aportado información sobre la familia Giráldez dos descendientes de la misma: Mercedes Giráldez Lomba –ayudada por su suegra Antonia Estévez Fernández– y María González Portela. Y para aclarar algunas dudas sobre las casas nos fueron de gran ayuda las informaciones facilitadas por Consuelo Santiago Sobrino, del Coruto, y la familia del Bar Arturo de la alameda.

 

Los Giráldez fueron ocho hermanos que emigraron todos ellos al Brasil. De mayor a menor: Juan, María (que emigró acompañando a su marido Manuel Portela), José Benito, Generoso, Isidro, Benigno Elisardo, Indalecio y Avelino Giráldez Martínez. Todos ellos son fruto del matrimonio formado por Roque Giráldez González y Francisca Manuela Martínez Álvarez-Torre, quienes en algún momento llegaron a coincidir en el Brasil con todos sus hijos.[1] Según nos comentaba su bisnieta María González Portela, este matrimonio se distanció al final de su vida cuando, al crearse los nuevos cementerios en el año 1900, tuvieron que decidir dónde se iban a enterrar. Roque dijo que él descansaría en el cementerio de A Guarda mientras que su mujer insistió en que ella había nacido en Salcidos y sería enterrada en Salcidos. Y así fue. Francisca Manuela levantó a su nombre un panteón en el cementerio de Salcidos, uno de los primeros a la izquierda nada más entrar, donde fue enterrada. Por su contra, su marido cedió terrenos de su propiedad en la actual ubicación del cementerio de A Guarda para que se pudiera erigir allí el nuevo camposanto, con la condición de que el primer panteón de la entrada, a mano izquierda, fuera para él. Y allí está desde entonces el panteón. Pero, por esas cosas que tiene la vida, él no fue finalmente enterrado ahí sino en algún panteón del Brasil a donde había ido a cobrar una herencia por la defunción de uno de sus hijos. Al parecer falleció en un accidente al caerse y golpearse la cabeza cuando bajaba de un tren en una estación brasileña.

 

No sabemos con seguridad el lugar de Brasil donde estaban emigrados los hermanos Giráldez Martínez pues sus descendientes no lo recuerdan. Es probable que fuera la ciudad de San Paulo, ya que dos de los hermanos, Isidro y Avelino, estaban casados, respectivamente, con las hermanas Mariana Teodora y Joaquina Silva de Jesús, naturales de aquella provincia brasileña.

 

De los siete hermanos varones acabaron retornando cuatro, mientras que tres se quedaron allí para siempre: José, Benigno y Avelino. La única mujer, María, también regresó con su marido. El primero en volver, en los primeros años del siglo XX, fue Juan Giráldez Martínez (n. 1861), quien compró gran cantidad de terrenos en torno a la actual alameda guardesa. En los de la zona norte fue edificando varias casas y edificios que después dejó en herencia a sus ocho hijos.[2] Las construcciones levantadas por Juan Giráldez, todas ellas con sus fachadas hacia la calle principal (en aquel momento llamada Ezequiel Ordóñez), son las siguientes:

 

-         Una preciosa casa de planta baja y galería, con una parra lateral, que estaba ubicada donde hoy se levanta la farmacia Sobrino. Se entraba por un camino existente en la parte de atrás. Se la dejó en herencia a su hija Ernestina, casada con Manuel «o coxo» quien abrió en ella una tienda.

-         A continuación levantó la elegante casa principal donde residía, de planta baja y un solo piso. Se la dejó en herencia a sus hijos Fínola y Francisco quienes la dividieron en dos casas ya más estrechas y, posteriormente, le añadieron una altura más respetando la arquitectura original.

-         A continuación levantó otra casa, muy similar a la anterior, de planta baja y un piso, en cuya parte superior estaba el estudio fotográfico de Mariano Jiménez. Se la dejó en herencia a su hija Olivia, quien más tarde le añadió un piso más, en este caso, desafortunadamente, sin guardar equilibrio arquitectónico con el primer piso.

-         Junto a la casa anterior se levanta otra que es la única de la serie que no perteneció nunca a la familia Giráldez.[3] A lado de la misma Juan Giráldez edificó dos bajos comerciales, hoy todavía existentes, que dejó en herencia a su hijo Julio.

-         A continuación levantó un edificio destinado a salón de espectáculos, donde estuvo por muchos años el «Cine Ideal». Se lo dejó en herencia a sus hijos Marcial y Laureano.

-         A continuación levantó una casa que hacía esquina con la calle que bajaba, de un precioso azulejo blanco, donde estuvo afincado por muchos años el «Bar Celta». Los ventanales de los balcones de la parte superior tenían unos elegantísimos arcos de medio punto tallados en piedra que nunca más se han vuelto a ver en la arquitectura guardesa.[4] Esta casa, que hoy ya no existe, la heredó su hijo Juan.

 

Con esta hilera de edificaciones Juan Giráldez había contribuido notablemente a la estructuración urbanística de la calle principal de A Guarda, aportando un considerable esplendor y elegancia, a tenor de las fotos antiguas, así como vida y movimiento al área de la alameda (viviendas, bajos comerciales, un cine). El resto de los hermanos que regresaron del Brasil harían una contribución similar, sólo que en este caso en una de las entradas de A Guarda, la del Coruto. Sin duda debió ser entonces cuando las autoridades de la época decidieron llamar a esa entrada calle del Brasil.

 

            Generoso Giráldez Martínez (n. 1869) debió regresar del Brasil poco tiempo después que su hermano Juan.[5] Fue entonces cuando edificó en el Coruto una casa de piedra de sillería, en cuyo frontispicio figura la fecha de su terminación: «Año 1912». Sin duda estamos ante una de las casas indianas más bonitas y elegantes de la localidad, que se encuentra además en magnífico estado de conservación. Según nos comentaba la vecina del lugar Consuelo Santiago Sobrino, en ella se colocó entonces el rótulo que nombraba la calle que iba desde esta casa hasta la Alameda. Nos referimos una vez más a la antigua y verdadera calle del Brasil, que junto a la calle Puerto Rico aportaba una interesante originalidad al urbanismo guardés con relación a otras localidades de Galicia: las dos vías de entrada a la villa convertidas en homenajes perpetuos a los emigrantes de la localidad y a sus países de acogida.

 

            Isidro Giráldez Martínez (n. 1872) se casó en el Brasil con Mariana Teodora Silva de Jesús, y allí nacieron sus primeros hijos: Aurora, Arlindo, Arístides, Argimiro y Alcibíades. Regresó hacia el 1908 y ya en Salcidos nacieron sus otros hijos: Arturo, Abel, Estrelino José y Clara (a la que siempre se la conoció como Carmen). Parece ser que estando todavía en Brasil mandó hacer una casa en el Coruto, pero cuando ya la tenía prácticamente terminada se la vendió a José Benito Sobrino Portela, José «da Reja», otro salcidense que estaba en el Brasil. Según nos comentaba la nieta de este último, Consuelo Santiago Sobrino, esa venta se debió producir en el año 1905 y se desarrolló de esta forma: José Benito Sobrino Portela había emigrado al Brasil, concretamente a Niteroi, donde tenía un hotel y un restaurante en sociedad con su primo Laureano Alonso Portela. Este negocio estaba ubicado en la finca «Los Leones», propiedad de ambos, que albergaba también casas de colonos. La buena marcha de los negocios les permitía venir a España un año cada uno. Pues bien, en al año 1905 parece ser que le tocaba venir a Laureano por lo que fue él, en nombre de su primo y socio, quien compró la casa que Isidro Giráldez estaba rematando en el Coruto. Al parecer ambos socios se retiraron entre 1906 y 1907, pasando José «da Reja» a residir entonces con su familia en su casa del Coruto.[6] Esta casa –que actualmente se encuentra en regular estado de conservación– tiene como elemento más interesante la combinación de azulejos color marrón y verde fósforo, que no sabemos si los había puesto ya Isidro Giráldez o fue luego José Benito Sobrino. Esta misma composición se puede observar también en otra casa de «brasileiros» en el cruce de Goián.

 

            Probablemente la razón por la que Isidro Giráldez vendiera la casa del Coruto era que se le debía hacer pequeña para la numerosa familia que tenía. Debió ser a su regreso cuando edificó, en la misma calle del Brasil, al lado de la propiedad de Eloy Domínguez, un enorme caserón formado por dos casas adosadas lucidas de azulejo blanco, con una preciosa escalera de caracol en el centro que repartía hacia ambos lados. Aunque todavía está por estudiar su actividad social como retornado, al parecer fue uno de los artífices de la escuela de la Sociedad de Agricultores de Salcidos. En lo que se refiere a su actividad económica, al contrario que su hermano Juan, que compró tierras, Isidro invirtió en industria aunque con muy poca fortuna. Según nos contaba Manuel Domínguez «Taxota», primero compró un barco de pesca al que llamaban popularmente «a motora do plantas», sin mucho éxito. Después invirtió en transportes con uno o dos camiones, pero la desgracia se cebó en él pues su hijo Alcibíades murió aplastado por uno de esos vehículos pesados. Poco a poco el caserón que había edificado se le hizo demasiado grande pues sus hijos varones se fueron marchando a América, los mayores para el Brasil y Arturo para Santo Domingo. Finalmente, tras enviudar y quedarse sólo con sus hijas Aurora y Carmen, hacia 1930 Isidro Giráldez regresó con ellas al Brasil de donde ya no regresó nunca más. Según nos comentaban Mercedes Giráldez Lomba y Antonia Estévez Fernández, fue entonces cuando vendió esta propiedad familiar: la mitad oeste se la compró el propio Eloy Domínguez –pasando a llamarse «Villa Valencia»– y la otra mitad un miembro de la familia de los «Minguillos».[7] Lamentablemente esa parte del caserón «brasileiro» de Isidro Giráldez se encuentra hoy día en mal estado de conservación.

 

            Indalecio Giráldez Martínez (n. 1876) se casó en Brasil con Juana Martín Ramos, una española natural de Salamanca, con la que tuvo cuatro hijos: tres en Brasil (Roque, Marcela y Manuel) y una ya en Salcidos (Juana), conocida después por todo el mundo como Juanita Giráldez. Al regresar del Brasil Indalecio edificó en el Coruto una casa donde hoy se encuentra la ferretería Magallanes. Esta casa estuvo lucida siempre con un precioso azulejo blanco, con dibujos, al estilo ornamental «brasileiro», heredado de la preciosista tradición portuguesa en el uso del azulejo. Sin embargo hoy aparece con su piedra de mampostería al desnudo por lo que perdió su personalidad original. Y es que hay que decir, una vez más, que estas casas no son casas rústicas, sino casas urbanas. Sus paños, de piedra vulgar o de relleno, fueron hechos para ser lucidos resaltando de esta forma las piedras nobles, de cantería, de marcos y cornisas. Todas esas piedras talladas por canteros aparecen hoy en día ahogadas en medio de un exceso de piedra provocado por la confusión del estilo arquitectónico de la propia casa. Años más tarde, la hija menor de Indalecio, Juanita Giráldez, edificó en A Guarda una casa de piedra, estilo chalet, que hoy se conserva en pleno centro.

 

            Las tres casas indianas de Generoso, Isidro –después de José «da Reja»– e Indalecio Giráldez, en el Coruto, fueron edificadas con sus fachadas haciendo calle, por lo tanto con un elevado criterio urbanístico y sentido de la armonía y del buen gusto. Pero la parte que quedaba hacia atrás no era menos interesante pues estas casas poseían considerables porciones de terreno dedicadas a jardín y huerta con árboles frutales. Se beneficiaban estas tierras de la existencia en esa zona de abundantes manantiales de agua. La casa de José «da Reja», por ejemplo, tiene dos pozos. Y como nos contaba su nieta Consuelo, cuando en una ocasión se secó la fuente de Netos –al parecer en la época de la gripe en 1918-1919– su abuelo abrió la puerta de su finca para que se pudieran abastecer de agua todos los vecinos del pueblo de Netos.

 

            Así pues, una vez más podemos comprobar como la aportación de los «brasileiros» fue muy importante para el urbanismo guardés de la época. Y nosotros no deberíamos olvidarlo. Por ello seguimos solicitando que la antigua Calle del Brasil –hoy subsumida en la Rúa Galicia– sea recuperada como uno de nuestros mejores y más originales patrimonios urbanísticos. Y antes de rematar este artículo queremos insistir también en la importancia de no confundir los estilos arquitectónicos de las casas. La inmensa mayoría de las casas indianas de A Guarda no son rústicas sino casas urbanas, siendo su elemento distintivo la fachada que da a la calle. Todas eran de piedra, y aunque los más pudientes podían hacerla en sillería, lo habitual era la existencia de mampostería en sus paños que se lucía –generalmente en blanco– para destacar las piedras nobles de marcos y cornisas. Es importante señalar que los lucidos no se hacían sólo por una cuestión estética, sino que eran un elemento fundamental para protegerse de la humedad externa. Una fase más avanzada de estos lucidos­ ­­–que denotaba un mayor nivel económico del propietario– era el uso del azulejo, sin duda, el elemento más selecto en decoración externa. Casi siempre eran azulejos rectangulares, con volumen y varias tonalidades. Hay que decir que los azulejados de algunas casas guardesas –en la mejor tradición ornamental hispanomusulmana que tiene en Andalucía y Portugal sus mejores exponentes– alcanzaron niveles destacados de elegancia y distinción, entre ellas algunas de las casas indianas de los emigrantes retornados, tanto del Brasil como de Puerto Rico.

 

VILLA ÁLVAREZ, Joaquín Miguel (2004), "Las casas indianas de A Guarda (y V): siguiendo la huella de los brasileiros", en AA.VV., Festas do Monte 2004, A Guarda: Asociación Pedra Furada-Comisión de Festas 2004, pp. 345-353.

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[1] Roque y Francisca se casaron en 1860, y además de los mencionados hijos tuvieron dos más, Benito Manuel y Florindo Antonio Giráldez Martínez, quienes debieron fallecer al poco de nacer pues nadie se refiere a ellos posteriormente.

[2] Juan Giráldez se casó en Salcidos, en 1893, con Francisca Isabel Rodríguez Vicente, del barrio de Baliños, y tuvieron ocho hijos: Fínola, Ernestina, Olivia, Marcial, Laureano, Juan, Francisco y Julio. La mayor, Fínola, fue la única que nació en Brasil; los demás lo hicieron ya en España. Todos los hijos varones acabaron emigrando a Santo Domingo, donde se quedaron para siempre (a excepción de Francisco que regresó al poco de emigrar por problemas de salud).

[3] Parece ser que el terreno de la casa sí que fue de Juan Giráldez, pero éste se lo vendió a José Alonso Cividanes, de Baliños (barrio de Salcidos de donde era la mujer de Juan). José Alonso levantó entonces una casa para dedicarse al comercio de calzado, perteneciendo hoy en día a sus nietos, la familia del bar Arturo. El hecho de que Juan no esperara por sus hermanos para vender esa parcela fue, al parecer, el motivo de una enemistad familiar que hizo que el resto construyeran ya sus casas en el Coruto. Hay que decir que la parte superior de esta casa tampoco guarda relación arquitectónica con la parte inferior de piedra que era la original.

[4] Estos elementos ornamentales se pueden apreciar con claridad en la foto de la portada del libro Festas do Antroido 2001. Los mismo que la fachada del «Cine Ideal», cuyo original frontón en su cornisa se ve mejor en la página 37.

[5] Generoso Giráldez se casó en Salcidos, en 1899, con María del Carmen Pérez Álvarez, del barrio de A Proba, con la que no tuvo hijos. Años más tarde, en 1926, volvió a casarse, en este caso con Juana Álvarez Domínguez, del Rosal, con la que tampoco tuvo descendencia.

[6] Como vimos en el libro de las Fiestas de Monte del pasado año 2003 (pp. 23-24), a su regreso Laureano Alonso Portela no hizo su casa en la parroquia de Salcidos sino en la de A Guarda. Según nos contaba Consuelo Santiago Sobrino, cuando los socios José Benito y Laureano estaban ya para venir, mandaron llamar a Niteroi al sobrino del primero, Feliciano Vicente, para que se hiciera cargo del negocio.

[7] En el libro de la Fiesta del Monte del año 2002 (p. 19), vimos como el otro hermano de los «Minguillos», José María Portela, había edificado en sociedad con su cuñado Juan Martínez el otro caserón de la antigua calle Brasil, el de azulejos granates, quedándose él con la mitad oeste.

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