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    Antonio Martínez Vicente es el depositario de uno de los mejores archivos de la historia de A Guarda que existen en nuestra localidad. Su disposición, siempre a colaborar de un modo totalmente desinteresado, nos permite traer a estas páginas esos capítulos de la Historia local que, por el tiempo transcurrido y la escasa difusión que tienen, no son bien conocidos o, cuando menos, no están al alcance de todos.

     Esperamos que esta contribución de Martínez Vicente tenga el mejor agradecimiento de todos con su lectura. 

DE COMO SE PIDE LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CARRETERA ATRAVESANDO LA FINCA DEL CONVENTO DE LA BENEDICTINAS

y las razones que determinan la propiedad del terreno

EL CONVENTO DE BENEDICTINAS ("Heraldo Guardés" -19 de agosto de 1933)

     Obligados a esclarecer los asuntos públicos, no sólo cuando la insidia se empeñe en promover discordias para que se dificulte la realización de un pensamiento plausible, sino cuando la ignorancia se obstine en fomentar confusiones para que se extravíe el juicio del pueblo, vamos a dedicar algunas consideraciones al acuerdo que tomó nuestro Ayuntamiento con respecto al Convento de las Monjas Benedictinas de esta villa.

     El Estado, hace más de sesenta años, entregó ese Convento, en usufructo, al Ayuntamiento de La Guardia, el cual empezó por establecer allí un hospital y una escuela, apenas marcharon las monjas para Bayona. Algunos años después, el Sr. Obispo de Tuy propuso al Ayuntamiento la permutación de ese usufructo por el de un modesto edificio para escuelas, y aceptada la proposición, volvieron las monjas a ocupar el Convento y establecieron dos escuelas (hoy hay tres) en el edificio citado.

 ¿Hay alguna disposición que invalide las facultades que aquí atribuimos al Estado y al Ayuntamiento? Nosotros no la conocemos; pero, si la hubiere, nada alegaremos contra los derechos de las Monjas Benedictinas, a quienes sinceramente respetamos.

     Más, dentro de ese respeto -y lo decimos sin molestar a nadie, absolutamente a nadie-, juzgamos que una de las mayores torpezas cometidas por la vieja política guardesa, que tantos otros desatinos tiene a su cargo, fue la permuta de que estamos tratando, entre otras razones porque la Bajada al puerto, en vez de haber deformado un buen trozo de la antigua calle del Convento, con perjuicio de algunas viviendas, se hubiera extendido a través de la huerta que al convento pertenece, y, en tal caso, no solo se hubiera ejecutado una bella y utilísi ma obra, sino que se aprovecharían mejor los manantiales de la huerta, que ofrece sobrada superficie para la construcción de lavaderos de redes.

     Con el relativo aislamiento que lo defendía de la pública curiosidad, con la perenne paz de que estuvo rodeado en otros tiempos, con el sosiego de las gentes cuyas costumbres eran propicias a la austeridad del claustro, el Convento de las Benedictinas podría afrontar las despreocupaciones religiosas de nuestros días; pero hoy, con la vecindad de las moradas que lo dominan, con el estrepitoso trajín de la vida moderna, con la algarabía de las fiestas populares que se celebran a pocos pasos del templo y de las celdas, ese convento, sobre que está descentrado, o fuera de su objeto, constituye un estorbo para el desenvolvimiento de ciertas actividades.

     Así, que las señoras que pretendían hacer una manifestación contra el propósito de que el Ayuntamiento se reintegre en el usufructo del Convento, o aquellas que buscan firmas para una solicitud dirigida en igual sentido al Gobierno, el cual, naturalmente, no dirá Hoste ni Moste; estas señoras harían una magna obra, la mejor obra de su vida, la obra de que más necesita La Guardia, si fundasen en el Convento una cocina económica, para cuyo establecimiento hay dinero de sobra -¡por mucho que haga falta!- en algunos hogares sin obligaciones ni apremios, hogares donde la Providencia, acaso por eso mismo, prodigó tantos beneficios de carácter temporal.

     Entre la tierra y el cielo, en el camino trazado para la salvación de las almas, hay una sima que no puede franquearse con las migajas de una limosna ni con la teatralidad de una función religiosa. Para llenar esa sima, abierta por el egoísmo del hombre, no bastan los residuos de una mesa donde se coma pan a manteles, ni sirven los orapronobis de una rogativa, ni los himnos del Sagrado Corazón, ni los fervores de una solemnidad eucarística, ni las emociones de un trisagio, ni los éxtasis de la Adoración Nocturna, si a esos movimientos de la fe no se une la acción intensa y constante de la caridad allí donde haya lágrimas que enjugar, miserias que precaver y angustias que suprimir.

     ¡Ea, señoras, manos a la obra, con la cual pueden ustedes cerrar la sima en el sitio por donde hayan de pasar para la Gloria! ¿Nos tienen ustedes por enemigos, aunque no lo somos de nadie? Si así fuese les diríamos: iDel enemigo el consejo!

 

 

  INTERESES DE LA GUARDIA Nuestro Ayuntamiento y la Comunidad Benedictina. ("Faro de Vigo", domingo 10 de septiembre de 1933)

     En el mismo día que en las columnas de FARO DE VIGO aparecía nuestra información relacionada con la pretensión de nuestro Ayuntamiento, de anular la permuta contraída hace años por una Corporación Municipal Guardesa y el Obispo de la Diócesis, aparecía también en el semanario local un escrito en el que, entre otras cosas se decía que "una de las mayores torpezas cometidas por la vieja política, fue la permuta de que estamos tratando, entre otras razones, porque la bajada al puerto, en vez de haber deformado un buen trozo de la calle del Convento, con perjuicio de algunas viviendas, se hubiera extendido a través de la huerta que al Convento pertenece", etc.

     El que esto escribe desconoce las causas por las cuales la bajada al puerto no atravesó la huerta del Convento; hace un cargo a la vieja política y parece afirmar la creencia por algunos sustentada de que la Comunidad Benedictina influyó para que la bajada al puerto no se ejecutase por la dicha huerta.

     Dicha vía o bajada al puerto no se hizo por la huerta del Monasterio, primero por la excesiva pendiente que existe desde su punto de contacto con el huerto hasta el principio de la Avenida de la Libertad, y segundo, porque el llevar por allí dicha vía daría por resultado la inutilización de la fuente de la ribera, la mejor de La Guardia. Así lo reconocieron los señores ingenieros que intervinieron en las obras y así puede comprobarse hoy por todo aquel que quiera fijar su atención en este asunto que está a la vista de todos.

     Por lo que respeta a la Comunidad, nos consta que lo único que pedía con encarecimiento era que de realizarse las obras en tal sentido, se les facilitase el paso de una a otra parte de la huerta sin quebrantación de la clausura. Era lo menos que podían pedir.

     En el mismo escrito del semanario local, leemos: "¿Hay alguna disposición que invalide las facultades que aquí atribuimos al Estado y al Ayuntamiento?" Nosotros no las conocemos; pero, si las hubiese nada alegaremos contra los derechos de las monjas Benedictinas, a quienes sinceramente respetamos.

     En vista de esta manifestación que juzgamos sincera, hemos tratado de averiguar algunos datos convincentes, demostrativos del derecho que asiste a las Religiosas, así como de los derechos de que carece el Ayuntamiento para pedir la anulación solicitada. Helos aquí:

     Ya hemos dicho en anterior información que las Religiosas Benedictinas han venido habitando, desde hace varios siglos el Convento de su propiedad, que habitan actualmente.

     Que en el año 1868, a consecuencia de las leyes de octubre, fueron expulsadas de su Convento, el cual pasó legalmente, a ser propiedad de la Nación.

     Que en virtud de lo que dispuso la ley de 1º- 9 de junio de 1869, fue cedido al Ayuntamiento de La Guardia, "en mero usufructo", para que se destinase a escuelas y a hospital para pobres.

     Ahora bien, publicado el decreto de 9 de enero de 1875, solicitaron las religiosas, apoyándose en su Artículo 1º se les devolviera el Convento incautado, pues a tenor del artículo 6º de la Ley de 4 de abril de 1860, la Iglesia, el Convento y la huerta anexa estaban exentos de permutación.

     Resolvió la Administración pública que no podía accederse a la devolución solicitada, por estar el edificio destinado a los servicios públicos, a que se hace referencia en el Artículo 1º del Decreto de 1875 y en el 2º de la Ley de 1º-9 de junio de 1869, por lo cual sin conceder ni negar la petición, se acordó invitar a las autoridades interesadas a que propusiesen un medio conciliatorio. Resultando 2º de la R. O. de 8 de junio de 1880).

     A consecuencia de dicha invitación, convinieron el Obispo de Tuy y el Ayuntamiento de La Guardia, en que el primero construiría dos casas capaces para escuelas "cesando entonces el segundo en la posesión del Convento, formalizando su permuta por las casas". (Resultando 3º de la R. O. citada).

     Por R. O. de 8 de junio de 1880, después de haber hecho constar en el 1º de sus considerandos que "tan luego como por este medio (el de la permuta), o por otro cualquiera el Convento quedase a disposición de la Hacienda, tendrá que resolverlo el prelado en cumplimiento del Real Decreto de 1875", se resolvió autorizar la conciliación convenida entre el Prelado y el Ayuntamiento, haciendo también constar en la parte dispositiva que quedaba igualmente autorizada la Administración Económica, "tan luego como el Convento se desocupe, para dejarlo a disposición del Ordinario, cumplida como quedará entonces la condición requerida del Decreto de 9 de enero de 1875".

     A tenor de dicha R. O. el Obispo y el Ayuntamiento formalizaron la escritura de permuta en 5 de diciembre de 1881, cediendo el Ayuntamiento al Obispo el "mero usufructo" del Convento (que era lo único que poseía el Ayuntamiento, no la propiedad), y el Obispo al Ayuntamiento el "usufructo" de las casas escuelas construidas a sus expensas (en correspondencia al usufructo que cedía el Ayuntamiento).

     Desafectado el Convento de los servicios públicos a que estaba destinado, fue devuelto, es decir, pasó "en pleno dominio" a las Religiosas de conformidad con el Decreto y R. O. tantas veces citados de 1875 y 1880.

     De lo que queda consignado se desprende que el Ayuntamiento de La Guardia jamás fue "dueño" del Convento. Solamente poseyó en precario durante unos once años, de 1870 a 1881, el "usufructo" del mismo, que le fue cedido por el Estado, hallándose desde entonces para acá las Religiosas en el dominio pleno y perfecto de él.

     Se deduce igualmente que no hay base legal, ni de exigüidad, para solicitar que el Estado dé por caducado el contrato de permuta de usufructos, de que queda hecha referencia y la reversión del Convento al Ayuntamiento; pues aquel convenio, sobre haber sido hecho sin limitación de tiempo, era más bien una condición "Sine qua non" para que tuvieran aplicación otras disposiciones legales y se devolviera su casa a las Religiosas.

     Con lo que expuesto queda, creemos haber obtenido datos suficientes para llevar a nuestros munícipes el convencimiento del poco derecho que les asiste para molestar a unas pobres Religiosas que, además de estar en su casa, no causan daño alguno a nadie.

TÁBOAS

Fotos: Antón Ferreira