PORTADA

NOTICIAS  

A GUARDA

TUI

O ROSAL

OIA

TOMIÑO

BAIXO MIÑO

OUTRAS NOVAS

DEPORTE

OCIO

CITAS

DEMOGRAFÍA

ENTREVISTAS

COMUNICADOS

PORTUGAL

HEMEROTECA

CON

VOZ

PROPIA

PÁXINAS

 REPORTAXES

FESTAS DO MONTE

RECREO ARTÍSTICO GUARDÉS

CASINO DE CAMPOSANCOS

DCONCELLO DA GUARDA

RÚAS DA GUARDA

VARIA

FOTOSAYER

IMAXES

PATRIMONIO arquivo e documentación

XENTES de Ribadavila

AXENDA

CAIXÓN DE SASTRES

ENLACES

 EMPREGO

*

 

HISTORIAL DE OYA - 4

por JUAN REY IGLESIAS

“LA VOZ DEL TECLA”, 1915-1916-1917

(del Archivo de Antonio Martínez Vicente)

 

XLV

Oya pintoresca

En otoño.- Como en ligera cinta cinematográfica has visto, carísimo lector, desfilar por delante de tus ojos, que como a los míos ha de comer la tierra, la vistosa película donde con toda clase de adornos retóricos y poéticos encantos se le fueron ofreciendo dos panoramas de Oya correspondientes a las estaciones astronómicas de primavera y verano. Bueno será pues que cambiemos de posición, y entrando de lleno en materia dejemos correr por delante de tus ojos una nueva cinta de Oya otoñal. Atención, te ruego, que ya comienza a funcionar.

Fíjate, sí, querido de mi alma en esa turba de niños vestidos con todos los colores del iris, de esos rapazuelos cuyo colorido de rostro hubiera realzado los querubes de un cuadro de Velásquez o de Rubens, que marchan contentos como aleluyas a las escuelas de la villa sin sentir en sus almas inocentes los lujos  y abrigos de los infantiles de las grandes metrópolis. Clava tus ojillos enseguida en esas doncellitas de quince abriles cuyos sedosos cabellos sirven de tocado a un rostro de virgen de frente serena como un cielo sin nubes, de ojos azules como el mar de la costa, de bocas diminutas adornadas de perlas, de cuello escultural como una estatua romana, de brazos torneados como las vírgenes de Ligia, de manos tan finas como la Popea de Nerón, de cuerpo tan galán como un retrato de Goya, de pies tan diminutos como las niñas de Nicomedia, que se encaminan al campo oliendo a tomillo y tornan luego a sus hogares impregnando el ambiente con las melodías del alalá y las ternezas de la terriña llevando sobre sus cabezas y en sendos canastos aquella bendición de Dios que se traduce por un acto de su mano omnipotente, en grandes racimos de uvas que recuerdan las de la tierra de promisión, en sustanciosas sandías que hubieran hecho honra en la mesa de algún rey, en sabrosísimos tomates, colorados pimientos, patatas y legumbres de todas clases. Pasa luego tu vista en torno de esos grupos de jóvenes apuestos, de abundante cabellera, musculatura singular, ademanes distinguidos, que cruzan la campiña de sus amores guiando pesada carreta de bueyes para transportar a sus viviendas las pesadas mazorcas de maíz donde el Sol bendito dejó gravado el poder de su color, que al oro viejo se asemeja. Detente un momento al paso de esas mujeres que recuerdan las Majas, de Goya, aprovechar las últimas algas de la temporada arrojadas por el mar en uno de sus estremecimientos temporeros, luciendo al par que sus hercúleas fuerzas la gracia y el donaire de una gentil matrona de las cercanías de Cartago. Escucha enseguida el corro de ancianas de apenas rugosos semblantes y de manos más finas que las señoras de los pueblos de aquende y allende el Miño, a la par que se cuentan historias de trasgos, duendes, encantamientos, etc., van hilando de su rueca el hilo que al andar de los días ha de cubrir los cuerpos de sus nietecitos. Entra ahora en esas casas de humilde aspecto, si, pero de una paz y alegría interior que a la memoria se vienen los encantos de Belén y Nazaret. Siéntate un momento cabe el hogar de estas familias que al calor del fuego producido por el añejo roble preparan en antiguos potes el caldo del desayuno, la comida de las doce y la cena confortante de la noche sin que en ninguna de esas necesidades vitales falte el néctar de la vid, ni el humor de los santos de la gloria, ni la placidez de la inocencia. Y después de esto dime, lector resalado, si has visto, oído, ni leído cosa más poética, paisaje más pintoresco, panorama más delicioso que este de Oya en la otoñal estación. Dímelo, te lo suplico. Pero hay más. La naturaleza, siempre pródiga con este pueblo, contribuye con sus encantos otoñales a los encantos del panorama oyense. Decirlo pueden a favor mío y de la verdad histórica, ese rocío benéfico que cayendo silencioso sobre las alturas de nuestros montes y extensas vegas lo convierte en un ancho solar semejante a un inmenso bazar de perlas y diamantes cuyos fulgores deslumbran al más curioso espectador de la natura; confirmarlo deben esas tardes placenteras envidiadas por los madrileños que no encuentran en sus paseos de la Castellana, el Retiro y la Bombilla, algo semejante en frescor y pureza al caer de nuestras tardes en el piélago oscuro de la noche; asegúranlo por mí esas brisas nortinas que traen efluvios de salud, esas nieblas inofensivas que ocultan a nuestra vista la majestad de los cielos y el azul de nuestros mares; esos centelleos de nuestras aguas cuajadas de fósforo que en mil formas caprichosas, yérguense cabe el acantilado de la costa en fantásticas visiones blancas que luz divina sirve a los marinos para que se alejen del peligro, de esa llovizna prodigiosa que al ser herida por los rayos del Sol de otoño forma aquellos múltiples arco iris concéntricos que se extienden en forma de bóveda suntuosa, sin igual, fantástica, a todo lo largo del cielo hacia el fondo de nuestro horizonte sensible, produciendo en nuestros sentidos impresiones de ultratumba, trasunto de gloria, barruntos de lo infinito; repítanlo, sí, por mí, como un argumento ineludible de esa verdad circunstancial los famosos halos lunares, los paraselemos o imágenes semejantes a la luna, las estrellas fugaces que en contorno de nuestra vista producen el trastorno de los sentidos, las piedras meteóricas, los arcolitos, que cruzan a millares sobre nuestras cabezas, los llamados bólidos que caen en nuestras riberas y alrededor de nuestras viviendas para todos y cada uno de nosotros gocemos, disfrutemos, nos tornemos agradecidos y temerosos a un mismo tiempo a un Dios cuyas maravillas tan a la vista y tan de cerca nos tocan.

¡Oh, tierra de Oya! ¡Oh cielo de mi pueblo amado! ¡Oh mar de mis riberas, quien me diera bañar los labios en la fuente de la elocuencia para cantar cuál se debe tus grandezas, tus encantos, tus tesoros naturales en esta época otoñal! ¡Quién...!  

.

XLVI

Oya pintoresca.

En invierno.- ¡Adiós sonriente primavera, grácil verano y placentero otoño! ¡Adiós!, que el invierno es ya llegado y el pueblo de mis amores ha entrado en el engranaje de la eclíptica donde se siente el mágico poder de las constelaciones de capricornio, Acuario y Piscis.

Digámoslo más claro; Oya, la gentil Oya, cuyas descripciones pintorescas tantas veces deleitaron tu imaginación en los momentos de ocio, háyase ya carísimo lector, bajo la influencia de los vientos furiosos, de los desbastadores huracanes, de terribles torbellinos, de las horripilantes tormentas, de los rayos mortíferos, de los horrisonantes truenos: Eolo, la mofletuda divinidad gentílica; Neptuno: el dios de la fábula que tiene por palacio el centro de los mares; y Júpiter, que preside el Olimpo desde marfilado trono al par que oprime en su diestra mano un haz de rayos amenazadores, parecen ser los tres genios invisibles a cuyas omnímodas voluntades está supeditada en la presente estación otoñal la ex corte de los Alfonsos, la patria de S. Fernando, la cuna de los Villelas y otros cien ilustres hijos.

Ya cesaron, lector, aquellas mañanas abrileñas impregnadas del aroma de las madreselvas; ya no existen las refrigerantes brisas del mes de las flores, ni las caniculares tardes de los julios y agostos; ya no canta el cuco en las alturas del otero vecino, ni deleita nuestros oídos el ruiseñor veraniego, ni el redoble del pintado jilguerillo se deja oír desde la verde enramada, ni la mensajera golondrina, presagiadora de los buenos días, acude a su nido de viscosa arena formado, ni el enlutado vencejo visita el hueco de la ruinosa pared monacal; ya dejaron de embellecer las crestas y lomas de nuestra cordillera los miles de macetas de vivos colores y de sombrear las gargantas y mesetas de las copas de los frondosos chopos y seculares castaños y de colgar de los frutales las excitantes y aperitivas manzanas y de pender de los parrales los grandiosos racimos; ya no matizan los campos la espiguilla de trigo de color de oro, ni las mazorcas del amarillado maíz, ni los centenos de caprichosas formas; ya el Sol de las pasadas estaciones ocultó sus resplandores y la plateada luna cesó de alumbrarnos en las nocturnas tinieblas; ya los arroyos abandonan el beneficio de sus aguas tornándose en ríos, y los ríos acrecentaron sus caudales anegando las tierras, y las tierras se convirtieron en lagos; ya los elementos todos, en macabro contubernio, pusieron en ejercicio la actividad de su inconcebible poder para ofrecer a nuestros visitantes en la actual estación un nuevo cuadro, pero deforme; grandioso pero horrible; majestuoso, pero apocalíptico ¿Cómo? Espérame, impaciente lector: ¿Has oído hablar de un atlántico cuyas olas al estrellarse impacientes contra las rocas de la ribera alcanzan alturas de veintidós metros? ¿Supiste de un océano cuyas ondas gigantescas toman colosales curvaturas y producen al caer más ruido que las tan decantadas cataratas del Niágara? ¿Leíste de un mar sin dique en cuyos abismos permanecen sepultados más de cien generaciones de todo el mundo habitado? Pues ese atlántico, ese océano, ese mar es el de OYA que en las invernales noches infunde pavor en el más templado corazón, en el alma de mejores energías revestida; es el mar de OYA cuyos ecos retumbando en las cavernas y barrancos de la vecina montaña produce ese efecto ensordecedor en comparación del cual resulta una monada el estruendo de cien mil piezas de artillería de gran calibre, disparadas simultáneamente en todo nuestro planeta; es el mar de OYA, cuyos rugidos de irritada fiera piérdanse en las llanuras de las vegas del Miño y en las elevadas cumbres de las montañas portuguesas; es mar de OYA, que en las noches de tormenta se agiganta en convulsiones de Titán herido dispuesto a escalar los mismos cielos; es el mar de OYA, que en imponente oleaje, ha alcanzado con la cólera de sus montañas de hiriente espuma, eclipsar la luz del rey de los astros; es el mar de OYA, que con el polvo líquido arrojado de su baba, ocultó la luna y puso un tupido velo entre nosotros y las estrellas del firmamento azul; es el mar de OYA que engulle por sus fauces siempre abiertas el coloso vapor de mayor tonelaje y de mejor acero revestido; es el mar de OYA que acaricia en sus entrañas suntuosos montes, profundos valles y poblaciones por cuyas calles y plazas se pasean, se cruzan sin apenas chocar vez alguna, la corpulenta ballena, el horrible atún, y otros cetáceos jamás alcanzados por la industria del hombre; el mar de OYA que en sus estremecimientos arroja a la playa en busca de santa tierra, cadáveres de miles de náufragos sorprendidos por la Muerte, que cual señora y reina de las vidas, se pasea triunfante tanto en el interior de las aguas como sobre su agigantada superficie, en espera siempre de víctimas inocentes; es el mar de OYA que semeja un vasto cementerio alumbrado solamente por las mortecinas luces de los faros de Montador, Cabo Silleiro, Cíes, Sálvora, Ons, Corrubedo y Finisterre que sobre él proyectan los destellos de sus luces.

¡Oya, Oya, sonriente eres en primavera, grácil en verano, encantadora en otoño, ¡Ah, mil veces eres misteriosa y fantástica en las noches tristes, frías y lluviosas del invierno!

XLVII

Turonia.

Preliminares.- Dispuesto estaba, lector, a dar término a mis resaladas crónicas de Oya con la monumental descripción que has visto de nuestro pueblo en las tormentosas semanas invernales, si el ilustrado médico de Goyán, D. Francisco Novoa Álvarez, no pusiera al alcance de mis pecadoras manos y ojos el acastañado color de unos apuntes interesantísimos, para todos los amantes de nuestra pequeña región. Dice el Sr. Novoa que ha tomado dichas anotaciones de un manuscrito inédito titulado Historia civil y eclesiástica de Tuy, por D. Francisco Ávila y Lacuela, y la verdad que no puedo resignarme a no darlos a la publicidad para así poner un broche de oro a la tan decantada historia de Santa María la Real de Oya.

Turonia.- El viandante que en fría mañana otoñal traspusiera la alta cumbre del Castro en dirección al llamado Valle de Tebra, hubiérase detenido por cansancio en una extensa llanura que en la parroquia de S. Pedro de Burgueira se encuentra, denominada Torroña, Turonio o Turonia. Pues bien: este lugar ha sido muy célebre en la antigüedad y se hace mención de él, dice el amigo Sr. Novoa, en las escrituras antiguas especialmente en las referentes al Monasterio de Santa María la Real de Oya. Fue Turonia, sigue el egregio galeno, una plaza fuerte o castillo de bastante capacidad; fuerte no sólo por su situación sino también por sus muros y defensas, que la constituían la primera entre las muchas de la antigüedad. Llevaba el título de Santa Elena.

Fundación de Turonia.- La época de su fundación ignorase completamente, por no haber documento que de su origen hable. No obstante esto, su antigüedad es mucha, pues sábese por el Cronicón, del obispo Idacio, según referencia del P. Flórez, que allá por los años de 445 se hablaba de Turonia como de un lugar a donde llegaron los vándalos desembarcados de una nave atracada a uno de los puertos de Galicia, prendiendo a muchas familias; lo cual supone en el sentir de mi ilustre amigo, que Turonia era un lugar insigne y muy señalado entre sus contornos, pues daba su nombre a aquellas tierras.

En el Concilio de Lugo habido en el año 569 marca entre otros pueblos a Turonia bajo la jurisdicción del Obispo de Tuy. El rey D. Ordoño II, en primero de septiembre de 915 donó a Recaredo, Obispo de Lugo el pueblo de Bembicere (hoy Bembibre) en Turonia. El bienaventurado S. Rosendo, al fundar el Monasterio de Celanova, el año 942, deja asignado entre otros bienes a Turonia juntamente con la Iglesia de Santa Eulodia (Santa Baya de Donas).

Por estos datos puedes ir coligiendo, lector, el origen e importancia de la hoy casi inculta Turonia o Torroña como la llamaban los hombres del día. Más aún: el rey y emperador D. Alfonso VII y su esposa doña Berenguela donaron al Obispo de Tuy, D. Pelayo Menéndez en 1142 el dicho castillo de Turonia. Luego D. Fernando II de León y su mujer doña Teresa donaron al Obispo de Tuy don Beltrán, para su Iglesia el castillo de Turonia que se dice de Santa Elena. Más tarde figura Turonia en 1156, y cuando tuvo lugar la repartición de bienes e Iglesias entre el Obispo y el Cabildo de Tuy en 1.º de diciembre del año indicado, al tratar de este castillo que ya era de la Mitra, dice uno de los acuerdos: “El Obispo por sí tenga el castillo de Santa Elena con sus términos y consérvelo bajo su custodia para servicio del rey de León y utilidad del Reino”.

Gobierno de Turonia.- Hallábase desempeñado éste por un sujeto puesto por el rey y con jurisdicción bastante extensa en lo contencioso, gubernativo y militar; asegurando el P. Flórez que este gobierno alcanzaba a los pueblos comprendidos desde las riberas del Miño y confines de Portugal cogiendo arriba hasta el imperial Monasterio de Oya. Lacueva después de haber examinado varios documentos no titubeó en afirmar que el dominio del Gobernador de Turonia no sólo abarcaba el Valle Miñor, sino también el Fragoso y todas las riberas del Miño desde la villa de La Guardia hasta Entienza, comprendiendo dentro de dicho término el País de Oya, el Valle de Tebra, Zamanes, Bembibre y otras muchas tierras. Los habitantes de su circunscripción acudían ante el Gobernador o Comandante para que les administrara Justicia en las diferencias y contiendas que entre sí tenían; como así mismo cuando se consideraban agraviados de las respectivas autoridades locales.

   

XLVIII

Gobernadores de Turonia

D. Gómez Núñez.- Aquí te ofrece, lector, el ilustrado Sr. Novoa el nombre del primer Gobernador de Turonia. Bueno será pues que leas lo que de él dice el distinguido galeno respeto a D. Gómez Núñez.

La historia Compostelana, según la edición del M. Florez, en el tomo 20 de su España Sagrada, página 216, ya nos presenta al Conde D. Gómez Núñez gobernando la tierra de Turonia en el año 1116. En una escritura de la Iglesia de Tuy, de 5 de septiembre de 1125, firma así: Ego Comes Gómez conf. En otras dos escrituras del Imperial Monasterio de Oya y en los días 26 y 27 de junio de 1137 lo efectúa diciendo Comes Gómez conf. En otras del Monasterio de Benedictinas de S. Vicente de Barrantes, la una de 18 de diciembre de 1138 y la otra de 14 de marzo de 1151 se expresa que el Conde D. Gómez tenía el gobierno de esta tierra (es decir de Turonia) por el emperador D. Alfonso VII.

Una anécdota.- Refiere la Historia Compostelana que en el año de 1116, D. Gómez Núñez favorecía al Rey niño D. Alfonso VII contra la reina D.ª Urraca, su madre, y que esta salió de Compostela, que vino a Turonia donde estaba D. Gómez, con ánimo de cercarle, el cual como era poderoso en situación, tanto por sus fuertes castillos como por la infantería y caballería que tenía el Conde bajo su mando, no pudiendo la reina conseguir su objetivo, y se vio cercada por el conde D. Pedro, Ayo del rey y doña Teresa, gobernadora de Portugal y trataba de cercarla cabe de Sobreiro; pero reuniéndose las tropas leales de doña Urraca la sacaron del peligro en que estaba y la llevaron a Santiago (Tomo 1.º, Cap. 9, n.º 3 – Historia de Compostela.

Otra anécdota.- La crónica del Emperador Alfonso VII arreglada la edición de M. Florez, en el tomo 21, y otros autores aseguran que dentro del año 1137, que el Conde D. Gómez Núñez seguía la parcialidad del Príncipe de Portugal D. Alfonso I, contra la fidelidad debida a su rey, y aprovechándose de la guerra que este tenía con Navarra entregó la ciudad de Tuy al portugués, pero la recobró luego el castellano, y por último ajustaron luego ambos soberanos.

Más otra anécdota.- De tal puede contarse la que se lee en Sandoval y Florez, y es el haberse intrusado este primer gobernador de Turonia en algunos bienes de la Iglesia de Tuy y particularmente del castillo de Entienza a una legua de dicha ciudad, de todo lo cual se quejó su obispo D. Pelayo Menéndez al Emperador D. Alfonso, quien, en el año 1140 mandó restituir al prelado lo que tenía usurpado, prometiendo que vendría a quitar tiranos de la tierra.

Muerte de D. Gómez.- Dice la referida crónica de D. Alfonso y otros escritores, que después de ajustadas las paces entre el portugués y el castellano, sintiéndose reo el Conde huyó a los Pirineos y metiéndose monje en Monasterio Clemenciure, murió santamente.

El conde D. Pedro (citado por M. Gándara) da las señales de su sepulcro en el Monasterio de Pombeiro; el Sr. Lacueva halla inconveniente en lo primero, porque aun mucho después de la indicada guerra lo vemos gobernando Turonia y confirmar en las escrituras reales como consta por lo dicho antes. Lo que si puede asegurar es que el Emperador sospechando de D. Gómez le volviese a ser infiel, le dio por compañero en el gobierno de Turonia a don Fernando Yáñez, como lo vamos a ver más adelante.

   

XLIX

Gobernadores de Turonia.

D. Fernando Yáñez.- El apellido de Yáñez, continúa el Sr. Novoa en sus curiosos apuntes, fue muy usado antiguamente, y le escribían con grandes variaciones (Eañez, Eauz, Anez, Hienez y Auz), diciéndose ahora siempre Yáñez; por poco que se detenga la atención se observará que este apellido es patronímico de Juan.

D. Fernando Yáñez fue nombrado por el Emperador, D. Alfonso VII, socio en el gobierno de Turonia con el Conde D. Gómez Núñez, según consta por una escritura del Real e Imperial Monasterio de Oya del 19 de abril de 1145, pues, se halla autorizada su data entre otras notas cronológicas con la cláusula siguiente: “In Turonio cun comité D. Gómez et Ferdinando Yoannis...”, y el mismo don Fernando firma en varias escrituras de los años 1125, 1137 y 1163.

D. Fernando como guerrero.- Fue D. Fernando un capitán muy valiente y guerrero, tanto que el Emperador D. Alfonso VII le tenía gobernando tierras de Limia, mandando el castillo de Allariz (Orense) y otros según dice la crónica, y añade la misma que sirvió mucho a dicho Monarca en la guerra contra D. Alfonso de Portugal que, juntando su gente, se opuso a éste por aquella parte de la Limia, defendiendo no sólo lo que tenía a su cargo sino ofendiendo a los enemigos y en la batalla que le dieron a estos en los campos llamados de la Cernadela, uno de los que más trabajaron fue nuestro D. Fernando, corriendo la tierra de Portugal y teniendo muchos encuentros con el mismo príncipe Alfonso.

El M. Gándara añade a lo dicho que en don Fernando fue en quien cayó el mayor peso de la indicada guerra; y hecha la paz pasó con el Emperador a Castilla,  y fue gran capitán de muchos escuadrones en la conquista de Almería y después de vuelto a la patria, fue nombrado Conde de Monterroso; pudiendo además en apoyo de esto último una escritura del año 1150 en la que aparece la firma siguiente Comes Ferdinandus Yohannes tencus Mu...” y que no puede leerse más por estar cortada según nos dice el Sr. Lacueva.

La referida crónica de D. Alfonso le alaba en gran manera, afirmando además que tuvo varios hijos. M. Gándara dice que de este caballero descienden los señores de la casa y castillo de Villamartín  cerca de la ciudad de Orense y otras familias de gran nobleza, según consta en los documentos antiguos y entre ellos una escritura del 3 de agosto de 1286, en que don Sancho el 4.º confirma privilegio del rey D. Fernando, del año 1234, cuyo tenor es el siguiente: que por informes y notoriedad sabe que el Emperador don Alfonso VII dio a D. Fernando Yáñez, bisabuelo de Fernando Pelayo de Tornallanco tres títulos y se los confirmó.

D. Pelayo Curbo.- Por una escritura del Monasterio de Oya sabemos que D. Pelayo Curbo tenía el mando y gobierno de Turonia, en el año 1155; y mucho antes de esto lo hallamos confirmado en dos privilegios de dicho monasterio, otorgados por junio de 1137 en esta forma: “Pelagius Curbus conf...” lo que le califica de caballero principal del País.

.

L

Gobernadores de Turonia

D. Ermegando o Ermegot.- He aquí lo que se sabe de dicho gobernador conocido también por el “Conde Urgelense”. Una escritura de la Iglesia de Tuy del año 1170, dice que este caballero o conde era príncipe en Turonia. “comité urgelense príncipe in Turonio”; que con dicho título de Príncipe demuestra el gobierno que tenía en Turonia; y en otra escritura de la misma Iglesia del propio año firma así: “Comes urgellensis regiae mayordomos conf.”, y aunque en este documento no declara el nombre, lo verifica en un privilegio real que cita el P. Florez (tomo 18, España Sagrada) con fecha de agosto de 1179, firmando con él diferentes obispos y caballeros en esta forma: “Hermegandus comes urgellensis, mayordomos refis”; y en otra escritura del año 1183, vuelve a firmar así: “Ermengot comes urgellensis, mayordomos res et fillii ejes tutor conf”.

Pero confesaremos ingenuamente que a excepción de una escritura del año 1170, en ninguna otra aparece ejerciendo el mando de Turonia.

D. Gómez 2.º.- Gozaba este señor del título de Conde como resulta de las escrituras que vamos a referir; y sabemos tenía el mando de Turonia en los años de 1182 y 1184; igualmente por auténticos documentos del Imperial Monasterio de Oya se sabe que este D. Gómez es el mismo que en una confirmación del año 1172 se decía que tenía el dominio... “Comes Gomes dominaus in Traustamont conf.”, y lo mismo el que en la otra de 1190 suscribe así: Comes Gomes teneus trastamaran et monten forum et de Sarrían conf.”.

En una escritura del año 1194 lo hace así: “Comité Gomes tenente Trastamaram”; y finalmente en otra escritura del año 1202 se expresa del tenor siguiente: Comes Dominus Gonotius”. Del tiempo que el citado Conde gobernaba a Turonia es una memoria perteneciente al mismo Turonio o Turonia que se halla en la escritura del apéndice del tomo 18 de España Sagrada, del M. Florez, de 25 de julio de 1182.

D. Fernando Yáñez.- Gobernó en Turonia en el año de 1192, según consta en una escritura del 28 de septiembre de este mismo año, de la Iglesia de Tuy, y por otra del monasterio de Oya de 13 de junio del referido año.

D. Juan Pelaez.- Llamose también Pelagio y Cabeza de Vaca, y ejerció de síndico del rey en este país de Turonia; pues así se desprende de unos datos cronológicos que al pie de la letra dicen: Joanes Pelagii, capite de Baca, villicante in coden patria”.

D. Fernando Gutiérrez.- Las noticias referentes a este gobernador son muy escasas, y sólo por una escritura que menciona el M. Risco, de 24 de abril de 1216, nos consta la existencia de dicho gobernante que, no sólo tenía el mando de Turonia, sino también el de La Limia; expresando en ella del modo siguiente: “Donium Fernandum Gutierre... Limian et Turoniam”.

D. Martín Sánchez.- Por una escritura del Imperial Monasterio de Oya, resulta que D. Martín Sánchez tenía el dominio y mando de Turonia en enero de 1222. En otra parte publicó el M. Risco en el apéndice del tomo 41 de España Sagrada y n.º 29, y fecha del 16 de febrero del mismo año 22 que don Martín tuvo el dominio de Limia, Turonia e Monte...”.

 

LI

Gobernadores de Turonia

D. Martín Gil.- El único dato referente al gobierno de este caballero, consta por un instrumento del Monasterio de Oya, en el cual consta que D. Martín Gil tenía el mando de Turonia en el año de 1225.

D. Martín Sánchez.- Según escrituras del dicho Monasterio de Oya sábese que este buen hombre y distinguido caballero tomó el mando de Turonia 1226 y 1227, empuñando por vez segunda las riendas del gobierno de Turonia.

D. Martín Gil.- No crea el lector que es este el mismo que el de arriba, nada de esto. Este es un segundo del mismo nombre y que por serlo le llamaremos D. Martín Gil 2.º o Egidio el cual aparece gobernando a Turonia en octubre de 1229 con el título de “Señor de la Tierra”, esto es gobernador de Turonia.

D. Juan Fernández.- En una escritura del año 1239 se lee que D. Juan Fernández mandaba en Turonia; otra de diciembre del mismo año le da el título de MERINO y al mismo tiempo dice que era mayordomo del Rey (Documental de Oya).

D. Rodrigo Fragas.- En dos escrituras del inmortal y siempre memorable monasterio, se dice que D. Rodrigo Fragas tenía el gobierno de Turonia en los años de 1240 y 1244, sin que hasta la fecha haya existido alguna memoria que aporte más datos sobre tal señor.

D. Fernando Yáñez.- En una escritura de la Iglesia de Tuy del año 1244, de 18 de agosto, se asegura que D. Fernando Yáñez tenía por orden del Rey a Turonia, lo mismo afirma otra escritura del Monasterio de Oya del año 1246; en otra tercera escritura del mes de abril, y en otra del 29 de diciembre (ambas de 1254) se le titula Príncipe en Turonia: en dos instrumentos, el uno de junio y el otro de diciembre del año 1255, se dice que D. Fernando Yáñez tenía el Turonio. Asegúrase en auténticos documentos que hallándose D. Fernando en la Ramallosa, dio este un mandamiento a petición del Abad del Monasterio de Oya, para que ninguna Justicia en dicho Monasterio a hacerle... fierro (¿?) alguno. Fechada en 8 de julio de 1258.

D. Juan Fernández.- ¡Otro D. Juan Fernández, amadísimo lector, nos ofrece el ilustre galeno Sr. Novoa! Dice, pues, una escritura del Monasterio de Oya que D. Juan Fernández, o segundo de su nombre, era Príncipe en Turonia el 7 de septiembre del año 1258. No hay más datos sobre este Juan.

D. Fernando Yáñez.- Este, amigo lector, conocido también como el segundo de su nombre y apellido gobernó a Turonia en 1261.

D. Juan Fernández.- Ocupa este D. Juan el n.º 17 entre los gobernadores de Turonia correspondiendo al tercero de su nombre y apellido. Muchas escrituras de Oya hacen mención de tan distinguido caballero que dicho sea de paso, no tenía de Juan más que la inscripción en el libro de bautizados, pues era un señor Pedro con toda la barba. Por escritura del año 1285 existentes en un Tumbo de Simancas, sábese que fue Rico-home en Limia, Príncipe, Señor de la Tierra, gobernador de Turonia y jefe de todas las autoridades. Verdaderamente que era todo un gran Pedro y Señor.  

LII

Gobernadores de Turonia

D. Domingo Domínguez.- Aquí tienes, lector, el décimo octavo de los famosos gobernadores de Turonia. De lamentar es que de dicho buen hombre solamente en una escritura de la Iglesia de Tuy, de la cual se deduce que señor de tanta valía que Justicia en Turonia por orden del Rey D. Alfonso de León y Castilla, en 16 de diciembre de 1325.

D. Ruiz García de Españoso.- Por un documento auténtico del Monasterio de Oya consta que D. Ruiz García Españoso era Merino en Torroña por disposición de D. García Rodríguez Valcarce, Adelantado Mayor de Galicia en tiempos del Rey don Alfonso en... del mes de julio de 1328; y al propio tiempo hallábase Juez del Valle Miñor, don Juan Domínguez que se quejó a los religiosos del Monasterio Imperial de Oya, sobre las pretensiones de Españoso en extraer vasallos del Monasterio y ajuntar, fuera del Coto de Oya contra los privilegios que tiene aquella santa casa, y sentenció el motivado Juez a favor del Monasterio, el año antes mencionado.

D. Payo Soredia de Sotomayor.- Sabíase que este respetable amigo era ya MERINO de Turonia en el año de 1374, porque el domingo 20 de septiembre de dicho año se hallaba en el claustro de la Catedral de Tuy dictando una providencia como tal Merino; por la cual mandaba guardar el privilegio le fuera concedido por el Rey D. Sancho IV a los nuevos pobladores de Oya, de Pedornes; lo cual se guarda en el archivo de allí.

Fue D. Pelayo o Payo sobrino del Obispo de Tuy, D. Juan Fernández de Sotomayor 1.º.

Acabose.- Lector, de mi más acendrado cariño objeto digno, en este señor D. Payo termina la lista de los gobernadores de Turonia conocidos; ignorándose por falta de documentos los nombres de otros muchos que tan digno cargo desempeñaron. Pero desde luego podemos confesar que el gobierno de Turonia tuvo fin en el siglo XV, porque desde esa época no suena en ninguna parte documento alguno que acredite la existencia de este gobierno tan importante en los siglos medioevales. Si tú, cariñoso amigo, pudieses dar en algún rincón de oculta biblioteca con algún rugoso pergamino, cuya autenticidad fuese demostrada, y en ellos descubriese algún dato más que aportar a esta verdadera historia de tanta validez para fomentar el estudio de nuestra queridísima Galicia, de un modo especial de esta región de propios despreciada y extraños alabada, te suplico, por aquello que más ames en el mundo, me hagas pronta entrega de dichos documentos, para continuar esta relación, la más importante quizá que han visto y verán los siglos. Pero pongamos punto aquí, aplazando para el próximo número tan fin glorioso a estas elucubraciones dignas de ser bruñidas en letras de oro.

LIII

Resumen

Lector: en cincuenta y dos artículos histórico-literarios que en este ameno semanario han visto la pública luz, procuré darle someras noticias de la historia de un pueblo grande en virtudes, como en virtudes duelen ser grandes todos los pueblos de la heroica Galicia. A tu vista puse de manifiesto la virtud mágica de mi pluma recordando pasadas narraciones que hicieron desternillarse de risa y producir nerviosas convulsiones a más de cien lectores, en cuyos rostros jamás el curioso observador llegará a sorprender una sonrisa ni celestial ni mundana. Más diome a mí por tomar la péñola y emborronar unas cuantas cuartillas con las impresiones de mis viajes-romerías a Compostela, Lourdes, Zaragoza, Escorial y Madrid, y cual si mis anotaciones poseyesen el secreto de diabólico conjuro, tornáronse alegres mis lectores, digo los lectores de mis crónicas, y LA VOZ DEL TECLA fue leída con frenesí y rebuscada con verdadera deleitación por una juventud ardiente y anhelosa de poesía.

Terminadas mis viejas crónicas dime a historiar, y cual si en mi interior se agitase el espíritu de S. Benito y el dulce decir de un S. Bernardo, resolvime a escribir el Historial de Oya, con la seguridad de que hacía un bien a la tierra de mis encantos, a la queridísima Galicia. En nada, lector, estuve desacertado, pues abrí con mi historial un campo anchísimo, a los historiadores y críticos, en el cual podrán esgrimir las espadas aceradas de sus plumas discutiendo algunos de los puntos cuya oscuridad sigue en el más recóndito de los misterios.

Sólo me resta ahora que una mano bienhechora recopile en un libro el fruto de mis estudios y los sinsabores de algunas noches de insomnio en busca de datos, citas y tumbos. No ignoro que allá en uno de los pueblos que el Miño baña, un rico caballero de prendas valiosas adornado, y que tanto culto rinde a la Medicina e Historia de Galicia y que cooperó su laudable labor de acrecentamiento e importancia del Historial de Oya, ansía publicar en lujoso folleto, con grabados de luces lleno, la obra de mis desvelos; y, lector, si así lo hace, yo, el pueblo de Oya y la pequeña patria juntamente con los Emperadores, Alfonso VII, los Reyes como S. Fernando y las Reinas como Isabel I le bendeciremos, los unos desde el cielo y desde la tierra los otros.

Adiós, lectores y lectoras.

 


HISTORIAL DE OYA - 1    HISTORIAL DE OYA - 2   HISTORIA DE OIA-3   HISTORIA DE OIA-4