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    Antonio Martínez Vicente es el depositario de uno de los mejores archivos de la historia de A Guarda que existen en nuestra localidad. Su disposición, siempre a colaborar de un modo totalmente desinteresado, nos permite traer a estas páginas esos capítulos de la Historia local que, por el tiempo transcurrido y la escasa difusión que tienen, no son bien conocidos o, cuando menos, no están al alcance de todos.

     Esperamos que esta contribución de Martínez Vicente tenga el mejor agradecimiento de todos con su lectura. 

TOPONIMIA DE

LA GUARDIA

 

EL HOSPITAL DE SAN MARCOS

 

Entre las buenas instituciones que existieron en nuestra villa, y que nuestros padres no supieron conservar, cuéntase la caritativa entidad que hasta fines del primer tercio del siglo XIX llevó el nombre que sirve de epígrafe a este capítulo de nuestra historia.

 

Hallábase el Hospital de San Marcos situado debajo de la torre del reloj público, dentro de los antiguos muros de la villa, y en el ángulo que forman la calle de San Marcos y la Rúa del Medio, que actualmente lleva el nombre del insigne navegante descubridor de las Américas.

 

Influenciada nuestra villa por la vida de la nación vecina, se llamó ésta de beneficencia Hospital de San Marcos, por asimilación con un antiguo hospital que en Braga y en otras poblaciones portuguesas están consagrados a aquel Santo Evangelista. El de Braga, restaurado en 1508 por el canónigo de aquella Catedral D. Diego González, estaba, como el de La Guardia, adosado a las antiguas murallas de la ciudad y tenía también capilla del mismo santo[1].

 

Ignoramos en absoluto el tiempo de la primitiva fundación del de La Guardia, así como también los nombres de las personas que le dieron principio. La primera mención documentada que de él encontramos es el testamento de María Alfonso, mujer de Vasco Yáñez, ambos acaudalados vecinos de La Guardia, en cuyo documento otorgado en 23 de noviembre de 1458, en una de sus múltiples y curiosísimas cláusulas se dice: “Item mando ao espital da grda. hua manta darago e un lenzal et mais un cabezal”. Documento de Botana.

 

Tampoco el libro que a fines del siglo XVIII y principios del XIX servía para anotar la contabilidad del hospital, y del que conservamos unas cuantas hojas, se da noticia de dicha fundación, pues, en 1788 el párroco de la villa D. Miguel de Sebes certifica, cumpliendo un mandato de visita del prelado D. Domingo Fernández Angulo que: “Habiendo visto, mirado y registrado los instrumentos y papeles pertenecientes a las rentas y haberes del Hospital de San Marcos de esta villa, entre ellas no se encontró la fundación de aquella obra pía, ni menor noticia de su paradero”.

 

Creemos, sin embargo, que su fundación fue puramente eclesiástica, dada la intervención exclusiva que el Prelado Diocesano y el párroco tenían en la distribución de limosnas y revisión de cuentas presentadas por el mayordomo o administrador que aquellos nombraban. El Obispo de Tuy en tiempo de visita pastoral giraba su inspección al mismo, como a lugar espiritual de su jurisdicción, revisando los libros de cuentas, después de visitar el edificio, no siendo este acto de pura etiqueta, sino que prestaba los reparos y observaciones que juzgaba pertinentes a dicha administración, negando su aprobación cuando lo creía de justicia.

 

Alguna vez aparece en la revisión y aprobación de cuentas la firma del Juez Alcalde de la villa, pero esto ocurre raras veces para mayor garantía del Prelado, y es preciso tener en cuenta que dicho cargo era provisión de éste por derecho del Señorío Temporal. En las cuentas que tenemos a la vista de los primeros años del siglo XIX, sólo el párroco recibe estas cuentas del Mayordomo, sin intervención alguna de la autoridad seglar.

Un detalle arquitectónico del edificio que resta nos demuestra que debió ser muy anterior al siglo XV la fundación del Hospital, pues, en los elementos de la puerta del mismo, cuyos restos se pueden estudiar en la entrada de la tablajería municipal, aparecen motivos de ornamentación románica características de los siglos XII y XIII, como son las cabezas de clavo en ella esculpidas.

 

Compruébanos también esta antigüedad el hecho de que a fines del siglo XV hubo de ser derruido y reedificado el Hospital, como lo testifica una acta de un juicio público celebrado: “no ano do nascimento de nosso señor jesu chisto de mill e quatrocentos e noventa e quatro annos, a trece dias do mes de doctubre, dentro na vila da guarda de ffoz do miñyo ante as portas do espital novo do sseñor ssan marco q. Sessito nas portas da dita vila en presenza do muyto honrrado Johan Dominguez juiz hordenario na dita vila e en seu canto et johan Culler merinyo polo obpo. Nosso añor e sua maestria”.

 

Hácennos sospechar que este hospital fue fundado o al menos patrocinado en sus principios por la familia Correa que tenía su casa solariega frente a aquel edificio, dos circumstancias: la primera el estar el hospital al lado de la “torre da Garda” de que era propietaria la familia Correa, según hemos manifestado en nuestro estudio sobre la “Rúa o calle del Medio” al hablar del testamento de D. Gómez Correa fallecido en Orense en 1471, la cual torre como la del actual reloj tenía y tiene su entrada precisamente por terreno del hospital. La segunda circunstancia es que los dos documentos a que hemos hecho referencia en este escrito, los hemos transcrito de los originales en pergamino, que se conservan en el archivo de la casa solariega de Correa de Goyán y Vigo, hoy propiedad de D. Joaquín Botana Cadaval, descendiente de aquella noble familia. Todo esto induce a sospechar fundadamente cierto patronato, cuando no la intervención en la fundación del benéfico establecimiento.

 

Constaba el hospital de dos edificios adosados el uno al otro con un pequeño patio al fondo. Ambos eran pequeños y la casa tenía sobrado, es decir un piso. En éste había un salón rectangular para las camas de los albergados con dos cuartos o alcobas para enfermos de cierta preferencia, habitación de la hospitalera y cocina. El bajo estaba destinado a recoger objetos fuera del servicio ordinario. Ocupaba este sector del hospital el ángulo de la calle. La capilla estaba inmediata, tenía una pequeña tribuna y se comunicaba con el hospital por ésta y por el bajo. Cuando en 1836 se trató de edificar el actual Ayuntamiento y se proyectó construir una casa-fuerte agregada al mismo, para que sirviese de cuartelillo y retén de los soldados de la milicia nacional, se pidió permiso al Obispo de la Diócesis para ocupar el solar de la medio derruida capilla de San Marcos y aprovechar sus materiales para la construcción de la casa-fuerte, a lo cual accedió el Prelado; según oficio que tengo a la vista, fecha 9 de octubre de 1836. La casa-fuerte no llegó a hacerse; sólo se hizo la casa actual del ayuntamiento, según lo dice la inscripción lapidaria que se obstenta en su fachada. Para casa retén sirvió con sus bajos la casa vieja del Ayuntamiento, hoy juzgado municipal.

 

Era muy pobre nuestro hospital de San Marcos. Capitalizadas sus rentas consistían en unos 20.000 reales de principal colocados en censos que producían seiscientos anuales, según cómputo que hicieron en el año 1836 los empleados de Hacienda con libros del hospital a la vista. En dichos libros figuran frecuentes ingresos por limosnas en dinero, ropas y comestibles para los asilados. Como éstos eran pocos ordinariamente, y había repugnancia a ingresar en este edificio, se distribuían todos los años a los enfermos impedidos en sus casas y a pobres vergonzantes limosnas en metálico y en especies. Entre las notas de ropas, mantas, telas para jergones y más prendas de vestir hallé una curiosa de un tapapies o brial dado a una vergonzante.

 

Servía también este Hospital para albergar a los peregrinos y viandantes pobres. De aquí se socorría también a los encarcelados pobres, para los cuales no había presupuesto carcelario, quedando a merced de la caridad pública.

 

Las que resultaban muy económicas eran las gratificaciones a la hospitalera y al mayordomo. Con unos cien reales para ambos estaban satisfechos sus servicios, que se daban en especie, o sea 10,50 ferrados de centeno y otros, 10,50 de mijo menudo que se repartían por igual entre ambos. No podía, pues, ser más precaria la situación económica de nuestro Hospital. Y para acabar de una vez con él, apareció la Ley de Desamortización, que se incautó de estas pequeñas rentas, haciendo lo mismo el Municipio con el edificio, y todo desapareció.

 

¡Cuán saturada de amargura y de reproche es la frase del hijo de esta villa Ramiro Franco, cuando escribió en su folleto La Guardia. Un recuerdo a Galicia, hablando del Hospital “Nuestros mayores lo tuvieron; nuestros padres no supieron mantenerlo”!

 

Vaya en este artículo histórico un recuerdo a la memoria del benemérito y caritativo sacerdote de Salcidos don Manuel Portela y Vicente que, al fallecer en febrero de 1913, legó todo su capital y su casa para asilo de pobres de las parroquias del distrito de La Guardia.

 

Vayan, también unas líneas de aplauso y gratitud a los beneméritos guardeses puertorriqueños que, constituyéndose en Junta Patriótica, han logrado realizar la erección del magnífico pabellón sanitario que se alza al pie de la carretera de subida al monte de Santa Tecla, y que constituye un monumento de arte y una magnífica institución de caridad cristiana y de beneficencia social de que se enorgullece La Guardia. Después de una centuria desde la desaparición del Hospital de San Marcos, viene esta obra a continuar la caridad pública a favor de los necesitados guardeses.

 

Por la íntima relación con ésta consagraré aquí unas líneas al excelso y caritativo hijo de La Guardia D. Vicente Sobrino, acaudalado comerciante de Madrid que legó parte de su capital para socorros domiciliarios de los pobres de la villa. A esta obra social contribuyen también, en parte no exigua, las Conferencias de San Vicente de Paúl, cuya acción cristiana lleva a muchos hogares el consuelo y el pan.

 

El espíritu caritativo que impulsó a nuestros antepasados a fundar el Hospital de San Marcos no se ha extinguido.

 

Nota: Comprueba la protección prestada por la casa Correa al Hospital de San Marcos, la siguiente cláusula del testamento de D. Alvaro Ozores y Sotomayor, párroco de Salcidos y fundador del convento de Benedictinas de esta villa:

 

            “Item mando al Hospital de San Marcos de esta villa de La Guarda para siempre jamás la casa que compré a Juan Alvarez Portela todo alto y bajo para recogimiento e servicio de los pobres”.

 

            El Sr. Ozores pertenecía a la familia Correa y murió en la casa situada frente al Hospital, cuyas armas heráldicas hemos descrito al hablar de la “Rúa o calle del Medio”.

 

            Conservamos copia de este interesante testamento, que se conserva inédito en el Palacio de Sto. Tomé de Freijeiro, Vigo, propiedad del descendiente de aquella noble familia D. Xavier Ozores Pedrosa.

 


[1] Vid. Fastos Episcopaes de Braga, por Mons. Augusto Ferreira, t. II, pág. 375 y sig.