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    Antonio Martínez Vicente es el depositario de uno de los mejores archivos de la historia de A Guarda que existen en nuestra localidad. Su disposición, siempre a colaborar de un modo totalmente desinteresado, nos permite traer a estas páginas esos capítulos de la Historia local que, por el tiempo transcurrido y la escasa difusión que tienen, no son bien conocidos o, cuando menos, no están al alcance de todos.

     Esperamos que esta contribución de Martínez Vicente tenga el mejor agradecimiento de todos con su lectura. 

NUESTRO TEMPLO PARROQUIAL

Iglesia de Santa María

I

Ignoramos el tiempo en que, llegando hasta nuestro pueblo la luz de la fe cristiana, le fue asignado un pastor espiritual encargado de esta porción de la grey de Jesucristo. Debió, sin embargo, haber sucedido esto en los primeros años de la Iglesia, pues, dada la posición de nuestro antiguo oppidum, ad Minii ostium y su importancia como castro en nuestro pequeño puerto y lo muy poblado de los castros de Abóbriga desde muy remota época, no debieron pasar desapercibidas a los primeros evangelizadores del territorio tudense, los ministerios espirituales sobre nuestros antepasados, en los primeros días del Cristianismo.

 

Es un hecho cierto, indiscutible, el de la predicación de los apóstoles Santiago el Mayor y San Pablo en España. A ellos debe su principio la civilización cristiana de nuestra patria. Su paso por las diversas regiones está sólidamente confirmado por la crítica histórica. Braga, notabilísima ciudad romana, vindica con clarísimos testimonios la gloria de haber sido constituida en metrópoli apostólica por el mismo Santiago, que allí dejó al frente de la grey cristiana a su predilecto discípulo San Pedro, apellidado de Rates por el lugar de su martirio. De Braga, siguiendo el Santo Hijo del Zebedeo la vía romana a Astorga, pasó a Iria haciendo estación en Tuy y probablemente en Abóbriga ¿Fueron aquí sacrificados por odio a Cristo los santos mártires Crispulo y Restituto como afirma el P. M. Fray Luis de la Gándara?[1]. En este caso tenemos ya un argumento positivo para señalar el origen histórico de la fe cristiana, y por lo tanto el establecimiento de la vida parroquial en La Guardia, en los años del Emperador Nerón (54-68).

 

Lo que no ofrece duda alguna es que nuestro pueblo era considerado como una de las iglesias arciprestales o parroquias centros de otras iglesias en la época del florecimiento de la dominación sueva.

 

En el reinado del príncipe Theodomiro, era de 607, correspondiente al año 569, que se celebró un Concilio en Lugo para dar cumplimiento a los acuerdos del Concilio de Braga. Entre las diócesis que se señalaron entonces al metropolitano lucense, está la tudense y bajo la jurisdicción de ésta se pusieron, entre otras, las dos iglesias situadas en nuestra comarca Turonio y Gauda.[2]

 

Asolada nuestra región en el año 445 por la irrupción de los Vándalos, según nos lo recuerda el cronista Idacio, quedó reducida a la categoría de un pago, es decir, de un pueblecito de corto vecindario. Derruidas , en efecto, las muchísimas viviendas que constituían el oppidum de Abóbriga en las cumbres y vertientes del Santa Tecla, se refugiaron los restos exiguos de aquellos habitantes entre los muros del castro o parte amurallada de la actual Guardia.

 

Tal es la primitiva parroquia de La Guardia o Gauda de que se conservan recuerdos y noticias históricas. No existen más noticias de nuestra iglesia parroquial en época tan remota.

 

 

II

Derecho patronal.

 

            Es titular de nuestra parroquia la Santísima Virgen en el augusto misterio de su gloriosa Asunción a los cielos, por lo cual en los documentos medioevales, así como también en los modernos, se conoce nuestra parroquia con el nombre de Santa María de La Guardia.

 

En virtud del Concordato vigente firmado entre S. S. Pío IX y S. M. D.ª Isabel II, en 16 de marzo de 1851, esta parroquia es de presentación ordinaria y se provista en concurso abierto, mediante la terna formada por el ordinario y dirigida a S. M. el Rey.

 

Antes de la exclaustración de las congregaciones religiosas acaecida en 1835, el derecho de presentar la mitad de la parroquia, o sea el cargo de sin cura pertenecía al Prelado Diocesano de acuerdo con el Cabildo tudense. Tenemos de esto entre nuestros documentos inéditos, un título de esta clase de provisiones perteneciente al año 1414, que publicamos original al fin de este trabajo.[3] Antes de esta fecha, en 20 de abril de 1349, según leemos en el Tumbo nuevo del Monasterio de Oya, página 355 el Obispo de Tuy D. Gómez Prego, despachó en Aviñón un documento de presentación de la mitad del beneficio de santa María de La Guardia. Aparece igualmente otra colación también de la mitad sin cura, hecha el 20 de mayo de 1428, por el Obispo D. Rodrigo II de Torres.

 

El beneficio curado es decir, con cargo espiritual sobre las almas pertenecía al Monasterio de Santa María la Real e Imperial de Oya, en virtud de donación hecha por el Emperador D. Alfonso VII, según resulta del documento que igualmente hemos copiado entre los restos de su riquísimo Archivo Diplomático.

 

El testimonio más antiguo que poseemos sobre esta presentación es del año 1397 por el cual consta que D. Juan Fernández II de Sotomayor, confirmó la colación hecha por Juan Fernández del Soto, su vicario, y merced a cuyo documento provista “medietaten cum cura totius parochialis ecclesiae Santae Mariae villae Guardiensis... vacans per resignationem factam a Joamne de Novaans... ad presentationem abbatis et conventus monasterii de Oya... et concilii dictae villae, qui sunt veri patroni in dicta medictate"” en Juan de Marcea presbítero y rector de San Miguel de Tamago (sic.). Dada en Oya a 18 de Marzo del año del Señor de 1397, siendo abad D. Estevan Lorenzo.

 

Vese aquí como el Concejo de La Guardia intervenía también antiguamente en la presentación de este beneficio curado juntamente con el Abad y Comunidad del Monasterio de Oya.

 

Entre los documentos del mismo Monasterio existe también una Bula del Papa Paulo V (1605-1612), expedida a favor de Lucas González por el cual Su Santidad le confiere el beneficio curado de la villa de La Guardia, vacante por fallecimiento de D. Lope Gómez Pereira, en febrero de 1619 y en cuyo documento dice el Papa: “illins collatio provissio et omnimoda alia dispositio de antigua et approbata hactenusque pacifice observata consuetudine, cesantibus observationibus e affectiónibus apostolicis asseritur pertinere pro tempore existentibus abbati et conventui Monasterii Sanctae Mariae de Oya cisterciensis ordinis dictae tudensis diocesis”.

 

Consistía la mitad sin cura en que el Prelado Diocesano tenía derecho a percibir la mitad de los derechos, diezmos y rentas parroquiales, a cambio de lo cual tenía obligación de nombrar un sacerdote “el sin cura”, con la obligación de administrar en determinados casos los sacramentos y ejercer otros ministerios parroquiales.

 

Este privilegio episcopal fue agregado más tarde a la mesa capitular, mediante el Breve pontificio al expedido por Paulo II en Roma el día 17 de las Kalendas de junio (16 de mayo) del año 1466. Por él se ordenaba al Abad del Monasterio Cisterciense de Melón que viese y se informase acerca de un memorial del Cabildo tudense, solicitando dicha gracia y, si hallase verídicos los informes emitidos, efectuase la unión, lo cual, estudiado detenidamente por el referido Abad, y hallándolo cierto, fue aprobado por él mismo en 14 de octubre del mismo año.

 

En virtud de estas divisiones los diezmos de esta parroquia, que ascendían a un total de 16. 212 reales, se repartían por mitades iguales entre el párroco propio curado y el Cabildo de la Catedral de Tuy; éste con la indicada obligación de poner y dotar un capellán simple sin cura, que desempeñaba los ministerios anejos a su cargo.  

III

Arciprestazgo de La Guardia.

 

            Nuestra villa da nombre actualmente a una de las Vicarías Goráneas, como dice el novísimo Código canónico, o arciprestazgos en que está dividido nuestro obispado. Del arciprestazgo de La Guardia, como independiente, ninguna mención se hace en la escritura de distribución de las iglesias y sus haciendas o rentas, efectuada entre el Obispo y el Cabildo en 1.º de diciembre de 1156.

 

            En dicho documento que se conserva original en el Archivo de la Catedral de Tuy y fue publicado incompleto por el P. M. Florez (t. XXII, Ap. XIII), se nombró a nuestro arciprestazgo con la denominación terra de Taraes. En el sínodo de 1528, celebrado bajo el pontificado de D. Diego de Avellaneda aún se mencionan las parroquias de La Guardia asociadas a las del arciprestazgo de Tebra, bajo la denominación común de TEBRA y TARÄS.[4]

 

            Yo creo que la tierra Taraes o Tarás es precisamente la región del actual arciprestazgo de La Guardia por inmediata al mar. La voz Taraes y Tarás tiene la misma raíz que la voz inglesa Tar’s, que significa hombre de mar, marinero, por lo cual creo que en aquella denominación perseveraba el calificativo arcaico de los hijos de nuestro antiguo Concejo Municipal, vecinos del mar. Hijos de la raza céltica o relacionados con ella los primitivos habitantes de esta comarca dieron a nuestro arciprestazgo aquel nombre, hoy para muchos inexplicable.

 

            Hoy el nombre de Taras ha desaparecido y se llama sencillamente a este arciprestazgo con el nombre de nuestra villa.

 

            La primera vez en que aparece nuestro arciprestazgo en esta denominación de La Guardia, es en el año de 1609, cuando el doctísimo historiador señor Sandoval publicó su Antigüedad de la ciudad e Iglesia de Tuy.

 

            Constituyen nuestro arciprestazgo las parroquiales del antiguo Concejo, o sean los actuales municipios de La Guardia, Oya y Rosal. Pertenecen al primero, La Guardia (Santa María), Salcidos (San Lorenzo), y Camposancos (Visitación). Al segundo, Oya (Santa María), Pedornes (San Mamed), Villadesuso (San Miguel), Mougás (Santa Eugenia), Burgueira (San Pedro) y el anejo de Sanjián (San Julián). Al tercero Rosal (Santa Marina), Tabagón (San Miguel), Tabagón (San Juan) y Las Eiras (San Bartolomé). Total doce parroquias y una filial, con una extensión superficial de ciento sesenta kilómetros cuadrados.

 

            Aunque el cargo de Arcipreste es independiente del parroquial, suele desempeñarlo ordinariamente uno de los párrocos del mismo partido a voluntad del Prelado, pues, es cargo amovible y bien lleva el nombre de La Guardia, puede serlo de cualquier otra parroquia del distrito.

 

            NOTA: Ya que la ocasión se presenta, debo advertir a los estudiosos de nuestra antigüedad histórica, que el texto de éste y otros documentos transcritos por el P. Flórez, en los Apéndices de la España Sagrada, están interpolados e incompletos.

 

            El análisis comparativo de ellos con los originales que se conservan en el riquísimo Archivo del Cabildo tudense, pide una revisión y detenida labor paleográfica para depurar las inexactitudes de las copias y completar y ampliar lo publicado por el doctísimo historiógrafo agustino, a quien mucho debe la historia eclesiástica y nacional española.

 

            De esta necesidad me convencí cuando, siendo profesor de aquel Seminario, pasaba largas horas estudiando y copiando algo de aquel plenísimo tesoro literario, al cual tengo la satisfacción de haber enriquecido, al reintegrarle en 1905 los muchos códices y volúmenes diplomáticos perdidos desde la invasión francesa en 1809, en un apartado escondrijo de aquel vetusto edificio.

 

            Con ellos, y guiado por la curiosísima labor del ilustre hijo de Tuy D. Francisco Avila y La Cueva, pueden confeccionarse dos obras interesantes: La Historia de la Iglesia y catedral de Tuy, de de la que fácilmente se redactarían ocho voluminosos tomos y una Guía arqueológico histórica de las diversas villas y parroquias del Obispado, la cual prestaría importantísimo servicio al sufrido y laborioso clero diocesano. Ambas obras bien se echan de menos entre nosotros.

 

            Sirvan estas líneas de exaltación al Ilustrísimo Sr. Penitenciario de la Catedral tudense D. Antonio Cerviño, quien, por su vastísima cultura general, por su clásica dicción y ática literatura, reúne las condiciones adecuadas para emprender la publicación de estas obras. Entusiasmos tampoco le faltan. Lo único que le estorba es la excesiva modestia que le caracteriza, tras la que están ocultas las riquísimas prendas de su gran persona.

 

            Nuestro actual Sr. Obispo, a quien precisamente debemos nuestra iniciación en los estudios arqueológicos, pudiera ser el realizador de este hermoso pensamiento. Entre él y aquel doctísimo prebendado debieran confeccionarse estos trabajos que colocarían con justicia el nombre de D. Manuel Lago González al lado de los sabios D. Lucas El Tudense y D. Fray Prudencio de Sandoval.

 

IV

El Templo actual

 

            Difícil es señalar con exactitud la época de la construcción de la primitiva iglesia parroquial de La Guardia, donde ahora está emplazada la actual. Solo podemos asegurar que era muy antigua y probablemente del siglo X, por los restos de un capitel y ciertos fragmentos de piedras ornamentadas con motivos arquitectónicos del segundo período románico-bizantino, que he podido recoger entre piedras de mampostería del relleno de paredes y del pavimento de la actual iglesia.

 

            Era pequeña, de tres naves y de poca altura. Tenía torre de remate piramidal. Sobre la puerta principal que estaba flanqueada por un amplio pórtico sobre columnas, abríase un ventanal circular de los llamados ojos de buey, característico de las iglesias medioevales. Bajo dicho pórtico constituíanse las autoridades populares para oír y resolver ciertos asuntos comunales de interés general, como se colige de ciertos documentos antiguos que obran en nuestro poder.

 

            Los años medios del siglo XVI señalan una época en la renovación de los templos parroquiales de nuestros pueblos costeros. Caminha, Bayona, Bouzas, Cangas, Pontevedra, merced a la floreciente vida de los gremios de mareantes y pescadores, reconstruyeron o edificaron entonces esas iglesias parroquiales, que son hermosos monumentos de la piedad y grandeza de aquella época.

 

            La Guardia también secundó el movimiento general. En 1555 hallándose aquí de visita el prelado diocesano convocó a los vecinos y les hizo saber la necesidad de igualar el pavimento, bastante deteriorado y desigual con motivo de las sepulturas. En 1556, siendo visitador D. Sebastián Rodríguez de Orduña, hizo ver que la iglesia románica era pequeña para la población de La Guardia, por lo cual ordenaba que en el plazo de dos años se hiciese otra nueva, comenzando por el ábside que resultaba pequeño y oscuro merced al arco de entrada al mismo que impedía la luz.

 

            Presentáronse, sin embargo, a pesar de los buenos deseos de todos, algunas dificultades en la realización de este proyecto, por lo cual, aunque en 1560 y 1565 se renovaron las ordenes para la reedificación de la iglesia, nada se hizo hasta el año 1576.

 

            En este año, siendo Obispo de Tuy D. Diego de Torquemada (1564-1582), se comenzaron y adelantaron mucho las obras, merced al apoyo que el mismo prelado prestó a los vecinos de La Guardia. Hízose entonces también la torre, cuya construcción no resultó muy sólida, pues, en 1798 amenazó ruina y hubo que demolerla precipitadamente.

 

            Como testimonio de la fecha de estas construcciones y recuerdo de la protección y señorío episcopal del Prelado tudense sobre La Guardia, quedan todavía las armas del Sr. Torquemada en la fachada lateral del Sur. Sobre el tímpano que cubre la portada de ésta aparece el barco heráldico de nuestra villa y a su derecha la torre quemada del escudo parlante de aquel ilustre Obispo con las palabras FIDES ATQVE AMOR que constituían la leyenda de aquel.

 

            La disposición del aparejo de las paredes que cierran el templo, las columnas y sus caprichosos capiteles en que se apoyan los arcos formeros, que dividen las tres naves del templo, las molduras de los artesones de la nave de medio cañón que forma la bóveda del ábside, las molduras del arco triunfal doblemente abocinado, la portada lateral con las columnas que le flanquean y el tímpano que le cubre; todos estos detalles nos dan a conocer la época de la construcción de nuestro templo, si no tuviésemos los datos positivos que quedan mencionados.

 

            El maestro constructor de la obra llamábase GASPAR PE(REZ) o PE(REIRA) según consta de una inscripción grabada en una de las piedras de las paredes exteriores de la sacristía y en una de las columnas de la iglesia.

 

            La planta de nuestro templo es rectangular y está dividida en tres naves. La central se prolonga en su cabecera para formar el ábside o Capilla Mayor. Cerca de ésta tienen las naves laterales sendas capillas, llamadas hoy de los Dolores y de la Santísima Trinidad, las cuales, por tener aproximadamente la misma superficie y hallarse frente a frente, les dan carácter de crucero de la iglesia.

 

            Separan estas naves tres amplios arcos de medio punto, sostenidos por dos pilastras adosadas a los muros extremos.

 

Capilla Mayor

 

            Está consagrada al misterio de la asunción gloriosa de la Santísima Virgen, cuya imagen álzase, majestuosa, rodeada de ángeles y nimbos de luz dentro de una hermosa concha radiada con que está constituido el segundo cuerpo del retablo de esta capilla. Lástima que la escasa altura de ésta y la escasa luz que la alumbra impiden gozar de la esbeltez y correctísima talla de esta bellísima imagen, debida, sin duda alguna a uno de los mejores escultores españoles de fines del siglo XVIII.

 

            El retablo de esta capilla es talla de uno de los admiradores del estilo borrimenesco. Resulta bien proporcionado, aunque le resta gran parte de su gracia la escasa altura. Es este retablo muy rico en ornamentación, pues las pilastras, columnas, cornisamento, grandes frisos, arcos calados y otros motivos de exornación hállanse combinados con profusión, no desprovisto de arte, que le hace elegante, sin resultar pesado.

 

            Fue tallado poco antes de 1748 y se colocó, pintó y doró en 1754. Además de la imagen de la Virgen en su Asunción es muy digno de recordarse el óvalo en que está la imagen del sacratísimo Corazón de Jesús, sobre una nube de luz, entre cabezas aladas de ángeles y rayos de luz divina. Fue regalado a la iglesia en 1754 con motivo de la Misión del P. Calatayud, según referimos al hablar de los orígenes del culto del Sacratísimo Corazón entre nosotros.

 

            En este altar es bellísimo el frontal tallado en medio relieve de su mesa. En su centro hay otra imagen del Sagrado Corazón. El compartimento de este frontal así como los otros cuatro en que está dividido ostentan una talla delicadísima, bellísima. Fue labrado en 1749.

 

            Una particularidad muy curiosa tenía el Sagrario de este altar y era que estaba dispuesto de modo que sobre la puerta del mismo Sagrario abríase una hornacina para hacer las medias exposiciones y al respaldo había otra hornacina rasgada, amplia, donde cómodamente cabia el alto y clásico ostensorio y viril en que se exponía al Señor. Para comodidad de este culto todo el Sagrario, que era cilíndrico, giraba sobre sí mismo con toda facilidad. En la puerta del Sagrario hay esculpida una imagen de Jesucristo, el buen Pastor, llevando dulcemente reclinada sobre sus hombros la oveja descarriada de que nos habla el Santo Evangelio. Este amplio Sagrario cobíjase bajo un artístico baldaquino sostenido por ángeles y pilastras ornamentadas al estilo de la época churrigeresca.

 

            Sobre las puertas laterales del altar alzábanse antes cuatro hornacinas sobrepuestas, que recientemente han sido rasgadas para formar dos, una a cada lado del centro del retablo. En ellas están hoy colocadas las bellísimas imágenes de los Sagrados Corazones de Jesús y María, debidas al arte del hábil escultor catalán Miguel Castellanasi.

 

            Este altar recibió modificaciones no plausibles en diversas épocas.

 

            Ostenta hoy en el Camarín central una hermosa escultura de Jesús Niño, regalo de la piadosa dama Doña Manuela Vicente Portela, de Nandín.

 

            La bóveda de esta capilla es de piedra y está sostenida por una sencilla nervatura de traza rectangular o artesonada. Antes de la restauración de toda la techumbre del templo en 1880, en cada uno de los compartimentos de la techumbre de esta capilla, había pintadas delicadas alegorías a algunos de los símbolos bíblicos de María repetidos en la letanía lauretana. En el centro de dicha bóveda admírase hoy una hermosa copia de una de las Concepciones de Murillo debida a la inteligente paleta de D. Ramón Buch, de Vigo.

 

            Notabilísima es la lámpara de plata que pende en la Capilla Mayor ante el Santísimo Sacramento, la cual tiene grabada en el estrados de su copa la siguiente inscripción.

 

ESTA LAMPARA Y SU COMPAÑERA DE PLATA DE LEY QUE PESAN 44 M’2012 ADARMES SON PARA ALUMBRAR PEREMNEMENTE AL SSMO. SACRAMENTO EN LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARIA DE LA VILLA DE LA GUARDIA OBISPADO DE LA CIUDAD DE TUY EN EL REINO DE GALICIA DE LA FUNDACION QUE LA BUENA MEMORIA DE DON JOSE VENTURA RUBIN DE CELIS VECINO DE ESTA CIUDAD DE SEVILLA Y NATURAL DE DICHA VILLA HA HECHO Y CONSTA EN EL LIBRO DE DICHA FUNDACION AL CARGO DEL MAYORDOMO DE LA FABRICA DE DICHA IGLESIA PARROQUIAL.

 

            Estas lámparas estaban suspendidas de cadenas cogidas por las manos de los dos ángeles de talla que se hallan adosados sobre ménsulas a los lados del arco triunfal.

 

            Dice así la inscripción de los carteles que los mismos sostienen:

 

(Angel de la derecha)

LAS

DONARON

A ESTA IGLESIA

Y ESTOS ANGE-

LOTES DON

JOSÉ

VEN

TURA

 

(Angel de la izquierda)

RU

BIN

DE CE

LIS Y SU MUGER

D.ª TERESA DE NANTES

DE SEVILLA

Y EL NATURAL

DE ESTA

AÑO

DE

1787

 

            La rapacidad de nuestros gobiernos revolucionarios que deshonraron y empobrecieron a España, arrebató una de las lámparas. Solo la prudencia y habilidad del párroco que en 1836 regía esta villa pudo salvar la que resta.

 

            D. José Ventura Rubin de Celis, comerciante de Sevilla, natural de La Guardia, no solo donó estas lámparas, sino que dejó también rentas suficientes en bienes hipotecados en varias fincas de esta comarca, para la “congrua manutención de aceite para alumbrar al Santísimo Sacramento y que pueda consumirse en las dos lámparas en el transcurso del año”.

 

            En los infaustos días de la desamortización nuestros gobernantes se chuparon también el aceite de estas lámparas.

 

V

 

Nave de la derecha

 

            Tiene tres altares: el de la cabecera dedicado actualmente a la Concepción; el de la Virgen del Rosario y el de las Animas, y además las capillas de Correa y de Santa Rosa.

 

            Altar de la Concepción.- Este estuvo hasta hace pocos años dedicado a la Virgen del Carmen y en él se estableció en 1738 la Cofradía del Santo Escapulario que hoy todavía subsiste.

 

            Fue construido este altar, así como también el compañero, que forma cabeza de la otra nave, en 1720. Es de gusto churrigueresco y se halla dividido en tres cuerpos, cada uno de los cuales consta de tres compartimentos. El central del cuerpo superior tiene una imagen de la Santísima Virgen tallada en el siglo XVI. Bajo de ella está la imagen de Santa Liberata martirizada en crucifixión.

 

            En los años 1751 a 1757 predicó gran número de misiones en Galicia y gran parte del Norte de Portugal el celoso e ilustrado sacerdote Dr. D. Francisco Colmenero, en las que dejaba como medio de perseverancia la Cofradía del Carmelo. Sus trabajos apostólicos están sellados con grandes prodigios, como puede verse en el libro El Carmelo ilustrado[5]. La Cofradía Carmelitana de La Guardia recibió grandes impulsos con la misión predicada aquí en 1751, por dicho misionero apostólico. De este año son las imágenes de San Alberto de Sicilia y San Franco de Lena, colocadas en sendos camarines laterales del segundo cuerpo de este altar. De esta misión consérvase la Cruz de Perseverancia y recuerdo en la sacristía de la iglesia.

 

            Dentro de un sencillo camarín de corte ojival incrustado recientemente en el centro del primer cuerpo del retablo hállase colocada la bellísima imagen de la Purísima Concepción de María que veneramos en nuestra parroquial. Fue regalada por el distinguido hijo de nuestra villa D. Constantino Nandín Villafruela, residente en la ciudad de Querétano (Méjico) donde falleció cristianamente en septiembre de 1894. Es ésta la más bella y preciosa imagen de nuestro templo, en que los más inteligentes peritos en esta difícil arte plástica, no pueden menos de admirar los grandes conocimientos escultóricos y pictóricos del artista que la hizo, así como también la inspiración devota y cristiana de esta producción de su ingenio.

 

            Las deficiencias del sitio en que se halla, especialmente la débil luz que la ilumina, son causas de que esta preciosa escultura no sea admirada cual debiera.

 

Altar de Santa Rosa

 

            Llamábase así el actual vestíbulo o pequeño recinto que existe al pasar de esta nave a la sacristía. Fue fundada esta capilla en el año de 1717 por doña Angela García, viuda de D. Gonzalo de Lomba y su hijo D. Francisco de Lomba, párroco de esta villa.

 

            Sobre el dintel de la puerta de entrada hay una inscripción cuya lectura, desechos los nexos y otras irregularidades gráficas es la siguiente: ESTA CAPILLA FVNDO DON FRANCISCO LOMBA COMISARIO DE INQUISICION Y ABAD DE ESTA VILLA. ES PATROTANO LEGO PROPIO PARA SUS HEREDEROS. AÑO DE 1717.

 

            En el dintel de la puerta hay otra inscripción que no reproducimos porque viene a decir lo mismo.

 

            El retablo era churrigeresco y tenía la siguiente inscripción: “Esta capilla dedico e hizo por su cuenta D. Francisco de Lomba Abad y Comisario del Santo Oficio a San Francisco, Santa Rosa de Vitervo y San Antonio, con licencia del Sr. Obispo de Tuy el año de 1717. Pintolo Juan Antonio Rolán.

 

            En 1896 se deshizo este altar y su artístico retablo se retiró a una dependencia de la sacristía.

 

            Capilla de la Virgen del Buen Suceso, hoy de los Dolores.- Esta pequeña capilla fue fundada por el párroco de esta villa y canónigo de Tuy D. Lorenzo Correa en 1520.

 

            Testimonia esto la lápida situada sobre el arco de entrada a la misma que dice así en hermosos caracteres de relieve.

 

              ESTA CAPILL              

A MANDO FA

ZER LSO, CORREA

ANO MIL DXX

Escudo del Fundador.

 

            Fue destinada para contener el sepulcro del fundador, el cual subsiste todavía detrás del actual retablo y altar, bajo un arco gótico carpanel. La clave de este arco es un artístico escudo con las armas del fundador, igual al que está en la pared hacia el templo, sobre el arco de entrada.

 

            En el frontis de esta caja sepulcral está duplicado el escudo del fundador y entre ambos alzase el árbol superado por un águila que lleva en sus garras un pez. Alrededor de estos signos heráldicos está grabada la siguiente inscripción en caracteres góticos imperfectos: HIC JACET LAURENTIVS COREA TUDENSIS ECCLESIAE CANONICVS ABBAS HVJVS ECCLESIAE: M: D: XXXI : ANOS.

 

            El altar de esta capilla dedicada a la Virgen del Buen Suceso[6] estaba colocado en el lienzo Norte, o sea el derecho según se entra. En este altar hubo antiguamente una Cofradía de la Concepción Inmaculada y uno de los piadosos descendientes del fundador legó rentas para que todos los años se cantase allí misa el día 8 de diciembre.

 

            En 1701 fundaron un mayorazgo con sus bienes los señores D. Francisco Antonio de Losada y su esposa D.ª Isabel Losada, de la familia de los Correa, de La Guardia.

 

            Entre las condiciones de este mayorazgo se señaló la siguiente cláusula: “Item es condición y carga de que en cada un año los sucesores de dichos bienes aquí vinculados han de mandar decir una misa cantada a Nuestra Señora la Madre de Dios en la capilla que tienen los otorgantes en la parroquia de dicha villa, que se nombre de NUESTRA SEÑORA DO PEITO, bien sabida y conocida; la cual dicha misa se ha de decir el 8 de diciembre de cada un año”.

 

            En el lienzo de la pared del lado opuesto se abrió en 1780 un arco con su caja tumbal, para sepultura de personas de la familia. La última persona que allí fue sepultada, es D. Antonio María de Parga Boan, Teniente Capitán del Regimiento de Compostela, de guarnición en Santa Cruz de La Guardia.

 

            Al regresar en 1867 de Puerto Rico el distinguido hijo de esta villa D. Joaquín Alonso, ofreció al párroco Sr. Salgado la cantidad de 4.000 reales para objetos de culto. Como esta capilla estaba entonces muy abandonada y derruido su altar, el mencionado párroco encargó la construcción del actual retablo, al escultor D. Cándido Sobrino, quien en breve tiempo terminó la obra.

 

            Este actual retablo es de hermosa perspectiva. Pertenece al estilo de restauración llamado de Luis XV y aunque la escasa altura de la capilla impidió al Sr. Sobrino desarrollar su proyecto, supo, sin embargo, salir airoso de su cometido y darnos una hermosa producción de sus aptitudes artísticas.

 

            Consta el retablo de tres hornacinas: la central, con la imagen de la Virgen Dolorosa; la de Jesús Nazareno a la izquierda y la Verónica a la derecha.

           

            Debemos hacer constar que la Virgen Dolorosa es merecedora de la atención de los inteligentes, por su artística facción en que se refleja plásticamente el intenso martirio de María. Fue adquirida en Madrid en 1774.

           

            Esta imagen y la del Nazareno estaban antes colocadas en sendos camarines u oratorios hechos en 1765 y adosados a las columnas del templo que sostienen los arcos formeros frente a esta y a la capilla de la Santísima Trinidad.

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(Texto de Xoán Domínguez Fontela)


[1] El Cisne Occidental, tomo I, cap. XV, pág. 150.

[2] La voz Gauda está muy modificada en los diversos códices y autores. Gándara lee Coauda. Florez (E. S. , t. XII) Cauda. La Fuente (H. E., t. II, p. 514) Girada. La famosa y tan discutida división apócrifa de diócesis atribuida a Wamba en el siglo XII, transcribe Cauda o Canda (La Fuente, t. IV, p. 551). Los códices más autorizados consignan Gauda, voz del lenguaje de los vándalos, cuya raíz Gau da origen a la voz Ward o Guart.

[3] Vid. Apéndice 1.º.

[4] La voz Tarás y Taras (San Julián) subsiste en la provincia de la Coruña. Taras, antis=Tarento es el nombre de este pueblo y su golfo en Italia y también el del hijo de Neptuno, el dios de las aguas. Tarus es un río de Cerdeña. Tarsia la ciudad del Asia Menor. Tartesis, el nombre de la isla de Cádiz. Todas estas voces nos recuerdan la voz Sámudra, conjunto de aguas en Sanscrito.

                En la edición de Florez faltan precisamente estas palabras al fin del párrafo 4, página 275, despues de medictas “citra mineum in tardesmedietatem eclesiae setae Eolaliae de Cividaes cum regalengo ipsius loci habeant episcopus et canonici per medium”.

[5] Valladolid 1754.

[6] Archivo de la Casa-Torre de Goyán, de que es hoy propietario, así como de esta capilla D. Joaquín Botana Cadaval, de la ciudad de Vigo.