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    Antonio Martínez Vicente es el depositario de uno de los mejores archivos de la historia de A Guarda que existen en nuestra localidad. Su disposición, siempre a colaborar de un modo totalmente desinteresado, nos permite traer a estas páginas esos capítulos de la Historia local que, por el tiempo transcurrido y la escasa difusión que tienen, no son bien conocidos o, cuando menos, no están al alcance de todos.

     Esperamos que esta contribución de Martínez Vicente tenga el mejor agradecimiento de todos con su lectura. 

 

Toponimia guardesa

LA CRUZADA

 

                De los cuatro barrios que constituyen la villa; el sector central o casco de la misma, Cimadavila, la Marina y la Cruzada, es éste el que ocupa una posición más poética. Situado en la vertiente N. O. Del monte de Santa Tecla, sobre el puerto de La Guardia, goza de unas vistas encantadoras, disfrutando de lleno el conjunto de la villa y una inmensa extensión de las aguas del Atlántico. Sus casas son todas un excelente mirador para observar las múltiples embarcaciones de las líneas ultramarinas y las que parten de los puertos de Andalucía, Galicia y Portugal o se dirigen a los mismos. De ningún sitio como éste pueden observarse las borrascosas tormentas que frecuentemente se desencadenan en nuestra desabrigada costa. Las puestas de Sol en todos los días del año, vistas desde la Cruzada, son simplemente maravillosas, lo mismo que el rielar de la Luna en noches serenas cuando declina a su ocaso sobre las aguas del Atlántico. Su estela rizada que se extiende y dilata hasta muchas millas es algo fascinador soberanamente poético.

 

Procede el nombre de Cruzada de la voz latina cruciata, equivalente a crucillada o encrucijada, nombre que originado de la posición correlativa de sus calles y caminos que frecuentemente se cruzan entre sí. En varios de los puntos de estos caminos se encuentran y cruzan, la antigua piedad de nuestros ascendientes colocó sencillos cruceros, entre los cuales se destaca el situado en la fuente de la Cal, del que después nos ocuparemos.

 

El nombre de Cruzada se repite en la toponimia española y portuguesa, como es fácil comprobarlo con cualquier diccionario geográfico o postal, pero no creo que ninguno alcance el carácter poético de que este sector de nuestra villa está saturado.

 

El terreno de la Cruzada es pobre, aunque impregnado de elementos de fertilización por la gran cantidad de humus proveniente de las vertientes del monte. Constituido todo el terreno por socalcos o terrenos de declive, sostenidos por muros de contención para salvar las tierras laborables superiores, es, sin embargo, muy productivo en varios frutos agrícolas, merced a una laboriosidad constante y penosísima de sus propietarios, contribuyendo a hacerlos productivos la distribución de las aguas, especialmente en la fuente de la Cal, que no alcanza para todas las necesidades. Desde los pinares, hasta el mar, son muchas y muy variadas las hortalizas que se producen en sus mezquinos campos y exiguas huertas.

 

Tuvo la Cruzada desde muy remotas épocas, hasta nuestros días una modesta fábrica de cerámica ordinaria y rudimentaria. En pequeñas y casuales excavaciones que se han hecho en las inmediaciones de su horno han aparecido fragmentos de loza ibérica con insculturas hermanas a las descubiertas en la población de la cumbre de Santa Tecla. Muchas de las piezas de loza, allí fabricadas recientemente, tienen todos los caracteres morfológicos de las pertenecientes a la más remota antigüedad. Hoy ha desaparecido esta rudimentaria industria local.

 

Tiene la Cruzada algunas de las calles por donde pueden hoy transitar coches y automóviles, cuando antes por ellas sólo podían andar carros. Para complemento de esta progresiva sólo falta que se abra una carretera que desde las cercanías de la Alameda atraviese la Cruzada y conduzca a Camposancos, enlazando después a ésta con el puerto.

 

En una de estas calles están una serie de estaciones del Vía-Crucis cuyas imágenes de piedra comienzan con una hermosa cruz en los Teares y terminan en la capilla de San Cayetano. Bajo este punto de vista los de la Cruzada no quisieron ir en zaga de los vecinos de Sobrelavilla.

 

Este poético templo de la Cruzada es la joya más estimable de sus cristianos vecinos. Desde el siglo XVII en que se construyó, ha sido siempre objeto predilecto de la piedad tradicional, frecuentemente allí se celebra la Santa Misa, casi todos los domingos del año, especialmente en Cuaresma se hace el ejercicio del Vía-Crucis, pero cuando se desborda el entusiasmo de los vecinos de la Cruzada, es en los días consagrados al Santo abogado de la Providencia. Sus festejos son famosos y atraen multitudes de la comarca. Alma de estos cultos y del progreso del barrio y de su capilla es la benemérita señora doña Rosa Alvarez Vda. De Moreno.

 

Integran el barrio de la Cruzada la calle de la Roda llamada así por la máquina de cordelar, que allí existió antiguamente para la fabricación de cuerdas. De los Telares y Malata, de la que nos hemos ocupado en otras notas toponímicas, así como de la fuente de la Cal.

 

Al lado de ésta álzase un esbelto y bien proporcionado crucero, artístico por las imágenes religiosas que lo ornamentan. Fue construido a mediados del siglo XVIII, según dice la inscripción grabada en su peana.

 

Tiene este crucero de cuatro a cinco metros de altura. El pedestal es sencillo y de estilo neo-clásico-portugués en el que se inspiró el maestro que cinceló a principios del siglo XIX el que estuvo antiguamente al principio de la Vía Sacra, o calle del calvario y hoy se halla en el cementerio nuevo, después de haber estado desde 1834 en el cementerio de San Pedro. El fuste de su columna es estriado, su capitel es del orden compuesto. En éste está hincada la cruz con la imagen de Jesús crucificado, que tiene una calavera a sus pies. Arrodillado ante el Redentor está una devota imagen de San Francisco de Asís en actitud de éxtasis y con las manos alzadas hacia aquel.

 

En el zócalo sobre el que descansa la columna está esculpida esta leyenda:

SSMO. CHRISTO

DE LA MISERICO

RDIA

            El pedestal de éste crucero tiene grabada la siguiente inscripción:

A DEVOCI

ON DE JOSE

CIVIDAN

ES Y SV MV

GER YSABEL

PENIZA

AÑO DE 1762

 

            Estos piadosos hijos de la Cruzada casados en 1742 eran hijos respectivamente de Domingo Cividanes y María López; y de Juan Peniza y Ursula Rodríguez. Son ascendientes de D. Juan Antonio Español y de Domingo Español, fundador y propulsor el primero del barrio del Pasaje y notable Alcalde de esta villa, el segundo. Sus apellidos propios eran Cividanes y López que conmutaron por el de Español en sus emigraciones familiares a Méjico y Guatemala.

 

            Punto significado de la Cruzada es el de la fuente del mar. A muchos llama la atención de que se llame así a este altozano situado sobre la huerta del Convento de Benedictinas y la Ribera, cuando allí no existe fuente alguna.  Antiguamente se decía encima da fonte do mar, aludiendo a la copiosa fuente de la Ribera, pero el pueblo, simplificando el nombre, llamó y sigue llamando a aquel sitio fonte do mar. Tal es el origen del nombre vulgar de este camino situado, después de tras da cerca de las monjas. Desde esta altura que domina completamente la villa y la marina se hacían antiguamente, por promesas devotas, a las altas horas de la noche, ruegos de oraciones por las ánimas y por otros fines piadosos, repitiendo a veces las saetas de las misiones.

 

            Un hijo notable de la Cruzada fue el Padre Maestro Fray José Español, de la Orden de Santo Domingo, que nació a principios de febrero de 1744.

 

            Ingresó en 1757 en el famoso convento dominico de Salamanca, donde hizo su profesión religiosa en 5 de abril de 1760. Varón de gran talento fue su principal ocupación la enseñanza de Ciencias Eclesiásticas en Nieva, Salamanca, Cuenca, Piedrahita y Santiago. Murió en el convento de San Esteban de Salamanca, cuna de grandes Filósofos y Teólogos, a los ochenta años de edad en octubre de 1824. En la biblioteca del seminario de Tuy hay alguna obra de Teología con su ex libris. En la sacristía de la parroquia de La Guardia consérvase un librito, en pasta de piel, donado por él en el año 1804 para los cultos de la Virgen del Rosario, fue muy estimado en la Orden por su ciencia y santidad, y considerado como un eminente Teólogo.

 

            Nació también en la Cruzada el R. P. Fray Manuel Rodríguez Franco, hijo de Silvestre y de María, que vistió el hábito franciscano en la provincia de San Miguel de Extremadura. Falleció en 25 de septiembre de 1805, después de una vida apostólica consagrado a la predicación de la divina palabra.

 

            Otro religioso franciscano, distinguido hijo de la Cruzada fue el R. P. Rosendo de la Transfiguración, nacido en 25 de enero de 1729. Profesó en la provincia de San Pablo en 1748. Destinado a las misiones de Filipinas, desempeñó allí cargos importantes al servicio de la Orden, como Provincial, Definidor y otros. Falleció en Manila en 23 de febrero de 1801, a los 72 años de edad y 54 de hábito, pasó la mayor parte de su vida evangelizando a los pueblos filipinos con su elocuente palabra y edificándolos en sus grandes virtudes. Su nombre de bautismo era el de Rosendo Antonio González y fueron sus padres Benito y Francisca.

 

            Es de justicia que consagre unas líneas a otro benemérito hijo de la Cruzada, D. Ramiro Franco. Dedicado al comercio en la ciudad de Sevilla, profesó siempre un amor extraordinario a la villa que le vio nacer, de lo que dio muestras en sus empeños por dotar a La Guardia de una historia local. Con las noticias que le facilitó D. Ramón López Portela y otros que menciona en su opúsculo, y con la colaboración del periodista sevillano D. José Povedano compuso el trabajo La Guardia. Un recuerdo a Galicia, del cual hizo tiradas numerosas en un folleto, en una gran hoja mural, y en la “Ilustración Española y Americana”. Puso también en movimiento sus relaciones para restaurar en La Guardia el antiguo hospital, en uno de cuyos departamentos quería hubiese una gran iconoteca con grandes cuadros que él regaló, y una biblioteca popular para cuya base envió varios cajones con numerosos libros. Falleció este cultísimo hijo de la Cruzada hacia el año 1880 en la ciudad de Sevilla.

 

            Esta es la Cruzada, un poético lugar de Galicia, un hermoso aledaño de La Guardia habitado por gentes laboriosas y honorables patria de hombres de talento que han prestado grandes servicios a la cultura, a la industria y al comercio.

Domínguez Fontela