PORTADA

NOTICIAS  

A GUARDA

TUI

O ROSAL

OIA

TOMIÑO

BAIXO MIÑO

OUTRAS NOVAS

DEPORTE

OCIO

CITAS

DEMOGRAFÍA

ENTREVISTAS

COMUNICADOS

PORTUGAL

HEMEROTECA

CON

VOZ

PROPIA

PÁXINAS

 REPORTAXES

FESTAS DO MONTE

RECREO ARTÍSTICO GUARDÉS

CASINO DE CAMPOSANCOS

DCONCELLO DA GUARDA

RÚAS DA GUARDA

VARIA

FOTOSAYER

IMAXES

PATRIMONIO arquivo e documentación

XENTES de Ribadavila

AXENDA

CAIXÓN DE SASTRES

ENLACES

 EMPREGO

*

 

    Antonio Martínez Vicente es el depositario de uno de los mejores archivos de la historia de A Guarda que existen en nuestra localidad. Su disposición, siempre a colaborar de un modo totalmente desinteresado, nos permite traer a estas páginas esos capítulos de la Historia local que, por el tiempo transcurrido y la escasa difusión que tienen, no son bien conocidos o, cuando menos, no están al alcance de todos.

     Esperamos que esta contribución de Martínez Vicente tenga el mejor agradecimiento de todos con su lectura. 

TOPONIMIA

DE A

GUARDA

 

LA MALATA

El Cruceiro de A Cal y Fuente (Foto de M. Jiménez)

.

Es esta también una de las calles características de nuestra villa, situada en el poético barrio de la Cruzada. He aquí el origen histórico de este nombre.

 

Una de las enfermedades que más estragos causaban en la Edad Media en todos los pueblos de la costa marítima ibérica era la lepra. Propagada por los habitantes de la costa mediterránea de Africa, en sus frecuentes incursiones piratas sobre los puertos de nuestra península, causaron innumerables víctimas por doquiera.

 

Pero las autoridades de aquellas épocas, adelantándose a las investigaciones científicas modernas, reconocieron que los medios profilácticos eran los más adecuados, sino para curar el mal, al menos para contener su avance, evitando su propagación, y determinaron el aislamiento absoluto de los desgraciados, a quienes la terrible enfermedad atacaba, para lo cual constituían barrios especiales en los sectores más alejados de las poblaciones donde incomunicaban a aquellos infelices.

 

En La Guardia verificóse esto en la parte alta de la Cruzada, al pie y en medio de los pinares bajos de la costa de Santa Tecla (ver foto izquierda, de R.Buch, de 1870). Allí existían una serie de casitas de planta baja y una fuente que aún hoy brota, dedicada a Santa Catalina, y toda esta pequeña población estaba rodeada de una cerca de piedra, con prohibición absoluta de que nadie allí entrase, aún los parientes más cercanos, y de que los enfermos para nada pudiesen salir de su aislado retiro.

 

La caridad de sus condeudos y de las personas benéficas solucionaba las necesidades de aquellos pobrecitos llevándoles ropas y alimentos. El agua corría para todos. Al fallecer se les daba sepultura al lado de la misma capillita donde se entregaban a las oraciones salidas de sus atribulados corazones. De esta capilla aún subsisten elementos importantes de sus arruinadas paredes. De este modo la enfermedad fue extinguiéndose y sólo restan uno que otro caso especialmente en otros lugares de Galicia. En La Guardia no recordamos los nacidos actuales ni un solo enfermo de tan triste dolencia.

 

El nombre con que éstos eran conocidos era el de Malatos, en singular malato-a[1], según el sexo y la enfermedad lo era con la voz italiana melattia, significando aquel gafo, leproso y esta lepra. A los lugares o barrios en que éstos se albergaban se les llamaba Malata, leprosería, gafedad.

 

En muchos pueblos existe aún, como en La Guardia, lugares conocidos con el nombre de Malata, por ejemplo en la villa de Cangas de Morrazo, frente a Vigo. En la provincia de la Coruña hay en el pueblo de San Salvador de Serantes un barrio lugareño que se llama también Malata.

 

En otras poblaciones, como Tuy, Orense, Verín, Vivero, etc., se les llamaba de San Lázaro por estar bajo el patrocinio de este Santo leproso de Jerusalén.

 

Tal es el origen histórico del nombre que tiene desde hace varios siglos esta calle de nuestra Cruzada. La capilla de Santa Catalina y su culto fue trasladado a mediados del siglo XVII a la actual capilla de San Cayetano, que en esta época se edificó.


[1] La voz malato-a, según el filólogo Coruñés procede de la voz latina male Rabitus. Al castellano y al gallego-portugués pasó esta voz directamente del italiano.

Domínguez Fontela