www.galiciasuroeste.info

Un folleto do século XIX contra o abade

Ricardo Leiros García

O texto que reproducimos foi extraído do orixinal, un folleto de 11 páxinas, máis as correspondentes portadiñas. Lamentablemente este folleto carece da súa última folla (dúas páxinas), polo que o relato vai quedar incompleto. Non coñecemos a identidade do autor, pois non aparece reseña algunha na portada e, polo dito anteriormente, non sabemos se na última páxina viña o seu nome , aínda que máis ben pensamos que se trata dun folleto anónimo escrito por un rosaleiro que por algún motivo (persoal, despeito, político...?) tiña unha animadversión hacia o abade rosaleiro, con ou sin razón.

A lectura do mesmo achéganos a persoas e acontecementos rosaleiros de finais do século XIX e principios do XX. É máis, ata certo punto amósanos o poder que tiña o clero, polo menos algúns membros do mesmo, nunha vila rural, obrando e tratando de exercer ese poder sobre parroquianos, terras e outras pertenzas.

Pensamos que o autor do folleto mesmo tiña que ser unha persoa culta, segundo se evidencia pola linguaxe que utiliza no relato dos feitos que se expoñen.

O folleto, dun tamaño aproximado a un cuarto de folio, foi feito nunha imprenta, posiblemente na última década do século XIX, entre 1892 e 1895. O orixinal pertence a Manuel González Fonseca, alcumado "Yanqui", quen o garda como un tesouro na súa casa e quen tivo a amabilidade de deixárnolo, agradecéndolle esta deferencia.

No relato aparecen nomes que é posible que a máis dun lle poidean soar e, por citar algúns deles, poñemos os seguintes: Angustio Oliveiro, de Marzán; Indalecio Carrera; Garridas de Novás; Manuel Alonso, el Pego do Picón; Manuel Fernández Araújo, el Sevillano de Novás; Benito Catalina de Caselas, etc., etc.

Para rematar diremos que a lectura do mesmo pode resultar interesante para os amantes da historia rosaleira. E temos que decir que, personalmente, esta lectura lémbranos a outro personaxe xa falecido, O Paxoro, quen nos contaba por medio dos seus escritos unha parte da historia rosaleira actual, vista, tal vez, subxectiva ou acaso obxectivamente e coa que moitos poderían estar ou non de acordo.

Agustín Ferreira Lorenzo

agfelo@terra.es

HISTORIA

DEL

ABAD DEL ROSAL

 

A LOS VECINOS DEL ROSAL

¿Queréis saber quién es vuestro Abad Párroco?

Pues leed con detención esta historia y quedaréis ligeramente enterados de lo que ha sido, de lo que es y de lo que de él podéis esperar.

El Doctor de la bola negra, hijo de arrastra touciños D. Ricardo Leiros García fue nombrado Abad de esta parroquia trece años ha, y desde sus primeros pasos entre vosotros ha dejado traslucir su carácter pendenciero, su genio d´sicolo e iracundo, su inmoderado afán de mandarlo todo hasta convertirse en vuestro reyezuelo tiránico y despótico, su gran deseo de pisar a todos los vecinos y arruinar si pudiera a los que sacuden la imposición de su yugo, su ilimitada codicia hasta robar solapadamente los fondos de vuestra Iglesia, su descaro sin igual en saquear miserablemente vuestros bolsillos blasonando de que es justo piadoso cuanto os pide, su censurable conducta en su mismo domicilio convertido en un foco de inmoralidad y finalmente su refinada lujuria e incomparable liviandad. Voy a probaros sobradamente todo esto y os convenceréis de una vez para siempre.

Para demostraros su carácter pendenciero, básteos recordar que al poco tiempo de vivir entre vosotros, hallándose en el balcón de la casa del difunto D. Vicente Jorge, baja de allí a la plaza lleno de ira, echando atrás el bonete sacude con fuerza sus brazos y moviendo atrás y adelante sus orejas de pollino, la emprende con un pobre ciego levantándole inhumanamente la mano, arrebatándole el violín con el que ganaba una limosna distrayendo al pueblo con diferentes bailables y rompiéndoselo en la cabeza. ¡ Si esto se chama ser un bó Abade, q’ó demo me leve! ¡E si os mozos sufren e tal aguantaron, moito máis merecen!

Celebrábase un día la romería de S. Martín del monte y hallándose en ella nuestro Abad con su hermano Evaristo no pudieron pasar sin armar camorra habiendo salido el último con un rasguño que le infirió en la cabeza Angustio Oliveiro de Marzán y lo que acaso no sabéis vosotros es que el Abad tuvo el atrevimiento y cinismo de intentar comprar a los honradísimos médicos que asistían al hermano para que faltando a la verdad dijesen que era grave la pequeña herida que este tenía y vengarse de este modo del pobre Oliverio ¡Si n’esto consiste servir os veciños, q’o demo me leve! ¡E si con todo esto, os homes agantan; moito máis merecen!

Hallábase otro día en unión de varios amigos a la puerta de la casa de la Fábrica, cuando se le acercó Lázaro Estévez de Caselas pidiéndole la certificación de una partida que le interesaba: no convenía el dársela para los fines particulares del Abad y después de negársela con acritud lanzose a bofetadas sobre el peticionario teniendo los circunstantes que defender a éste de tan injusta agresión. Si este nosso Abade non é un matón q’o demo me leve! ¡E os pipiolos que levan e calan, moito máis merecen!

.............................................................

De su genio díscolo e iracundo tenéis pruebas todos los que lo habéis tratado por algún tiempo aunque no fuera con mucha frecuencia: no puede, en efecto, llegar a nadie a visitarlo seis veces consecutivas sin que se oiga reñir, con aquella voz de perro mastín, ya con la hermana ya con su padre, bien con un amigo, bien con cualquiera pobre vecino que vaya a pedirle un consejo, ora con un sacerdote ora con el sacristán, ahora en el atrio, después en la Iglesia porque es tal su hábito de reñir que riñe con todos en cualquier momento y en todos lugares sin guardar respeto a los más sagrados y hasta sin darse cuenta de lo que hace ¡Si esto é mansedumbre para o noso Abade, q’o demo me leve!

Entrad un Domingo por la tarde en la Iglesia y allí le veréis reñir e incomodarse exageradamente con los inocentes niños que asisten a la catequesis: les hace una pregunta cualquiera, no se la contestan estos infelices y entonces este Abad que debiera ser todo virtud y paciencia les responde estas textuales palabras "¡merda, merda, merda!" Por fortuna nuestra quiere Dios que deje de cumplir muchas veces con tan santa obligación dejando de concurrir muchos domingos, pues sinó nos veríamos precisados a decir ¡Si esto se chama ensinar religión, q’o demo me leve! ¡E xa q’os pais mandan á oír esto ós nenos, moito máis merecen!

Voy a haceros ver su inmoderado afán de mandarlo todo hasta convertirse en vuestro reyezuelo tiránico y despótico. Después de su llegada a nuestra parroquia se colocó políticamente al lado del difunto D. Vicente de quien se hizo muy amigo en apariencia puesto que no tardó en intentar usurparle la jefatura que aquel representaba, para lo cual trató de seducir a D. Anselmo con el fin de que le acompañese a levantar bandera en contra de D. Vicente. Falleció luego este señor y continuó al lado de D. Anselmo siendo su amigo predilecto y compartiendo con él la representación política del Sr. Ordóñez1: cansose luego de esta situación que no le hacía a él Jefe absoluto y tiró de la cuerda hasta romperla para separarse del Sr. Ordóñez y de Anselmo y colocarse al lado del Sr. Parcero y se ofreció incondicionalmente al Sr. Iglesias de Vigo con la esperanza de ser pronto el único y absoluto Jefe; hizo algunas tentativas que le salieron frustradas como lo fue la suspensión del ayuntamiento por quince días y comprendiendo que se había colocado en mal terreno y que iba perder en la audiencia el pleito que ya había perdido en Tuy y sostenía con la infeliz viuda de Sueiro, trató entonces de pedir capitulación a los Srs. Alonso de La Guardia representantes del Sr. Ordóñez para lo cual envió de intermediarios al finado Sr. Peña y al médico Don Jesús; pactaron estos señores la conciliación con el malogrado Don Joaquín Alonso pero con la expresa condición de que no había de entrar en ella este Abad tan variable y veleidoso.

1 Cremos que estase a referir a Ezequiel Ordóñez González.Nacido no 1845 en Tui, falecendo o 20 de outubro de 1918 en Madrid. Foi diputado de 1876 a 1878 por Cuenca e de 1879 a 1901 po la circunscripción de Pontevedra, distrito de Tui.

.......................................

Enfurecido por esto el Abad procuró entonces volver a unirse con Anselmo y batir al finado Pena; a este objeto intervinieron con varias proposiciones y en diferentes idas y venidas el Sr. D. Indalecio Carrera y el traidor Garridas de Novás sin que pudiesen haber llegado a entenderse por no haber aceptado Anselmo. Esta traición del Abad y de Garridas afectó grandemente al Sr. Pena que ya se hallaba enfermo de gravedad y la desgracia de este pueblo quiso que hubiese fallecido, cercenándole los días de su vida este Abad criminalísimo.

Después de esto, volvió de nuevo el médico D. Jesús a entenderse con D. Joaquín Alonso y pedirle la conciliación con el Abad, respondiéndole aquél de la conducta ulterior de este verdadero gitano para lo cual renunciaría la plaza de médico e iría a encargarse de la Alcaldía sirviendo esto de llave al pacto establecido y que se admitió por todos. Dos cosas guiaron al Abad cuando volvió de nuevo la chaqueta, fue la primera; el conseguir entrar otra vez en el redil del Sr. Ordóñez y la segunda; ver de alcanzar una transacción que le librase de perder en la Audiencia el pleito que sostenía con la viuda de Sueiro y que indudablemente perdería según carta de su mismo abogado.

Fue, pues, elegido Alcalde D. Jesús y a los tres meses de cargo ya se rompieron las relaciones amistosas que existían entre éste y el Abad; esto mismo lo había pronosticado el finado D. Joaquín conociendo el deseo de mando de que estaba poseído el Abad y la entereza de D. Jesús para no convertirse en un verdadero maniquí de semejante Cura: a partir de esta disensión ya no quedó medio a que no apelase este perverso Párroco para manchar la buena reputación del Alcalde: dijo que éste había tapado mil chanchullos de los ayuntamientos anteriores no haciéndole rendir las cuentas y ese miserable sacerdote ocultó maliciosamente a todos la verdad por la que resulta que las cuentas de quince años las rindió y aprobó el ayuntamiento saliente en el mes de junio de 1891, habiendo aprobado dichas cuentas los concejales que ya eran entonces Don Rafael Martínez Rodríguez y Don Manuel Gómez (a) Cacheiro de Novás; estos concejales sabían esto mismo, pero siendo tan puercos e indecentes como el Abad, hicieron coro a estos dichos hasta que el Alcalde publicó en un bando una certificación que demostraba la verdad de lo que había sucedido.

................................

No habiendo conseguido la dimisión del funcionario referido a pesar de haberle halagado en extremo, instándole a que volviese a coger la plaza de médico titular por el plazo de cuatro años y con el sueldo de ocho mil reales en cada uno, acudió después a los medios más criminales seduciendo al miserable concejal Cacheiro de Novás para que le denunciase falsamente por allanamiento de morada, y ese Abad tan criminal prestose él mismo a ensayar como testigos falsos a los hijos del Gómez. Nada pudo alcanzar con esta denuncia y trató luego de entablar otra seduciendo a Manuel Alonso (a) el Pego del Picón para que suscribiese una queja contra el Alcalde, por falsedad cometida en los anuncios de exposición al público de los repartos de consumos: los autores de esta denuncia, que fueron el Abad y el borrico del secretario, tuvieron la desgracia de cometer ellos la verdadera falsedad citando en aquella hechos y días que de ninguna manera podían ser ciertos. El resultado de todo esto fue que comprometieron grandemente al Pego y entonces cuando le llamaran para ratificarse en la denuncia en Tuy, dijo el tal Pego que aquel escrito no era obra de él, que la firma que decía Manuel Alonso no era la suya, que él no había firmado semejante queja ni había sabido nada de los repartos de consumo.

Bueno es que sepáis después de esto porque el Pego se prestó a firmarle al Abad tan falsa denuncia: en las últimas elecciones municipales que hubo reñidas, el malogrado D. Joaquín Alonso pidió al Pego cincuenta y seis duros que le tenía prestado, éste se los pidió al Abad, y éste a su vez fue a casa de D. Eduardo a contarle la petición del Pego hallándose también allí el Sr. Peña. En vista de esto D. Eduardo prestó al Abad veintiocho pesos y el difunto Peña catorce para que poniendo el resto el Abad pudiese socorrer al Pego. El caso es que el Abad no puso más que ocho duros porque tampoco hizo el préstamo por más de cincuenta y que de los cuarenta y dos pesos que prestaron los americanos no volvió más a hablarles de ellos y es de suponer que el Pego se los hubiese pagado al Abad. ¿Qué os parece vecinos? Si a cada uno de vosotros os regalaran cuarenta y dos duros a cuenta de los americanos ¿no gritarías en todos los rincones a favor del Abad como lo hace ese desgraciado Pego?

Ved por todo lo expuesto como ese mal Párroco y mal Cura (pues tiene tanto de Cura como tiene de fraile un anarquista) en su deseo de mandarlo todo y ser vuestro reyezuelo, ha sido amigo de todos en el Rosal y de todos se ha vuelto enemigo, él rompió las amistades con todos los que le favorecieron en grande escala, él faltó al Sr. Ordóñez, al Sr. Parcero, al Sr. Iglesias, y ha de volver a faltar al Sr. Ordóñez como falta a sus deberes de Párroco, de Sacerdote y hasta de Católico, posponiendo los sagrados intereses de la religión y hasta su propia conciencia y sacrificándolos en holocausto de su manifiesta herejía. ¡Si esto se chama gardar consecuencia, q’o demo me leve! ¡E si a xente cala ante esta desgracia, moito máis merece!

.........................................

Para que comprendáis el gran deseo que tiene este inicuo sacerdote de pisar a todos los vecinos y arruinar a los que no sucumben a la imposición de su yugo, bastará citaros los hechos siguientes —todos sabéis como encarceló ignominiosamente a D. José Dorna por fumar un cigarrillo en el campo, acompañando un cadáver que conducían al cementerio.— A todos os consta como por ¡cinco cuartos! demandó a Don Manuel Fernández Araújo, el Sevillano de Novás, haciéndole gastar veinticinco duros y a quien más tarde hizo enterrar en un monte habiendo dicho en el púlpito "que todos aquellos a quienes la Iglesia negaba sepultura eclesiástica sabía él con certeza que iban derechos al infierno, que no podían rezarse preces algunas por sus almas y que hasta sus familias quedaban deshonradas" ¡Estupenda y horrible herejía lanzada en contra de los sucesores del Sevillano y hasta de la misma juradía de Novás¡

Escribiéronse por esto dos comunicados, titulados uno "Escándalo y crimen clerical" cuyo autor se rió del coronilla, y otro que condujo al destierro al Sr. Dorna, al ídolo de Novás, al verbo de la democracia en aquella juradía al que tanto querían y mimaban y al que vieron morir cumpliendo su condena en Vigo; fuéronle embargados sus bienes para el pago de costas y quedó su mujer, madre e hijos en el mayor desamparo después de haber sido comprados estos bienes por tan odioso Párroco.

Nadie ignora la desgraciada suerte que cupo a la viuda de Sueiro en el pleito que con toda razón y justicia sostenía contra ese cura criminal, en cuyo litigio no gastó menos de veinte mil reales que está obligado aquél a restituir al inocente heredero que así ha perjudicado.

¿Quién no sabe la menra indecente y bochornosa como ha tratado al tío Benito Catalina de Caselas, cuando lo relevó del cargo de mayordomo del Señor calumniándole de que medraban a cuenta de la limosna que recogían?

¿Quién desconoce como dejó de llamar al honrado Vitorino para tocar en las funciones de la Iglesia y sólo por el motivo de no haberse prestado a servirle de testigo falso en una injusta reclamación que aquel hizo a D. Estanislao?

A todos os consta que anduvo de casa en casa queriendo obligar a los vecinos a que no siguiesen igualados con el médico D. Serafín que a semejanza del grano de Cicerón se le implantó en la punta de la nariz y de cuyo médico llegó a decir que estando excomulgado lo estaban también los enfermos que asistiese.

Todos debéis saber que al hacerse el reparto de consumos del año pasado, este Abad tan canalla, para pisar a los vecinos que no le obedecen y halagar a otros contrarios, hizo mil tropelías en las cuotas rebajando 50 pesetas al herrero de Pancenteno, otras 50 a Vicente Lorenzo Correa de Novás, otras tantas al Cura Blanco de S. Miguel que para esto anda a reclutar votos; 35 a Francisco el tablajero del Calvario para que le mande buena carne y se la regale el día de su santo o el de la Patrona, y otra infinidad de cuotas que rebajó injustamente a todos sus paniaguados, quedándose él y Don Rafael con la de nueve duros al año cada uno, es decir que el doble de la que pagó Don Jesús siendo un individuo solo y debiendo ellos pagar cuatro tantos más. ¿Qué pobre labrador es el que no paga nueve duros de consumo...? —mil hechos como estos podría referiros si la pluma no se me negase a escribir tanto escándalo. ¡Si estes son os cregos que Cristo fundou q’o demo me leve! ¡E habendo carneiros tras d’este godallo, moito máis merecen¡

Para convenceros de su ilimitada codicia hasta robar solapadamente los fondos de vuestra Iglesia, fijaos en lo siguiente: cuando salió de aquí el Abad Ecónomo antecesor que hoy está en Areas, entregó al actual la cantidad de veinte mil reales que tenía de fondos de la Iglesia y que él había economizado en los once años que aquí residiera, después de haber atendido al culto con tanto lujo y brillantez como éste, y de haber hecho en la parroquial obras de importancia como arreglar y pintar el coro, hacer las bóvedas de las naves laterales y acabar de cubrir el cementerio con dos series de sepulturas; percibió además este Abad la suma de doce mil reales que le entregó Don Serafín de La Guardia por la casa que compró en el Calvario D. Francisco Portela y una huerta que compró Don Estanislao; recogió otros siete mil quinientos del comerciante Don Ramón de Santiago cuando compró la casa de la Fábrica; el tendero José Villa de la Soberbia le entregó otros tres mil quinientos de una viña que compró frente a su casa; otra viña que vendió en Couselo le rindió otros dos mil reales; hace cinco años que también le mandaron de Sevilla una limosna de cuatro mil reales para invertir en la Iglesia; Eduardo Alonso le entregó también cinco mil reales cuando murió Plácida; en los doce o trece años que lleva aquí de Abad claro está que debió juntar cuando menos otros veinte mil reales como reunió el de Areas después de hacer obras y atender a los gastos del culto y cuyos veinte mil reales unidos a las partidas anteriores llegan a ascender a la bonita suma de setenta y cuatro mil reales, en la inteligencia que estas son habas contadas sin hacer caso de otras muchas que no hay conocimiento.

Preguntad ahora a los colectores de la limosna de ánimas, a cuanto asciende lo que acostumbran a reunir para esta devoción, ¿no es verdad, colectores, que cada uno de vosotros entrega todos los tres meses al Abad cuando menos la cantidad de 320 reales o sea, una onza? ¿no es verdad que todos los años aunque sea el más escaso recauda el Abad por este concepto el importe de dieciséis onzas o sea cinco mil ciento veinte reales? Dirijíos luego al Sr. Cura Zuñiga y preguntadle ¿no es cierto Sr. Cura que de estos 5.120 reales que se juntan cuando menos todos los años, sólo paga el Abad de esta parroquia los actos de ánimas que se celebran los Lunes de cada semana? ¿no es verdad Sr. Zuñiga que en los catorce Lunes comprendidos desde Pascuas de Natividad a Reyes, desde la Dominica de Pasión a la octava de Resurrección y de ésta a la de San Telmo, en las témporas de la Santísima Trinidad y octava de Pentecostés, en la octava de Corpus y San Pedro, en la de Santiago Apóstol, y en las de la Asunción, Nacimiento y Concepción de la Virgen; que en todos estos Lunes no se celebran autos de ánimas? ¿no es verdad Sr. Cura que de los otros 38 Lunes que restan del año aun quedan varios en que no reciben sufragio alguno las ánimas del Purgatorio? ¿no es cierto Sr. Zuñiga que aun suponiendo que se celebren cuarenta autos en el año con la asistencia de siete sacerdotes (por más que hoy ya no existen más que seis) importando cada uno cincuenta reales, nunca puede ascender el coste de todos ellos más que a 2.000 reales? ¿no es verdad que deja el Abad por invertir de esta limosna, cada un año que pasa, la cantidad cuando menos de tres mil ciento veinte reales? ¿no es verdad que en los trece años que lleva de Abad este grande usurpador ha dejado de invertirse a favor de la cárcel del Purgatorio, la limosna de cuarenta mil quinientos sesenta reales que todos los vecinos del Rosal han ofrecido para misas y bien de las benditas ánimas? ¡Diga, Sr. Cura Zuñiga, diga con la mano en el corazón y con arreglo a su conciencia qué es lo que le parece a V. que hace el Abad con toda esta limosna de ánimas; V. sabe que no están autorizados para tenerla sin invertir; V. sabe que se reúnen todos los años los cinco mil ciento veinte reales; a V. le consta que no se gastan más de dos mil y V. Sr. Cura que como suele decirse se encuentra ya con un pié en el sepulcro debe desengañar a todos los vecinos del Rosal y decirles que es lo que pasa con esa limosna; V. debe delatar estos hechos al Sr. Obispo y V. que lleva con exactitud las cuentas de todo, bien pudiera enterarnos de las cantidades que entrega al Abad para fondos de la Iglesia por los diferentes conceptos de sepulturas, derechos de Cruz y Depósito. Le agradeceriamos infinito que nos aclarase todo y después de enterarnos en forma le oiríamos con gozo aquellas palabras que V. dijo a alguien no ha mucho tiempo, esto es, "que el Abad del Rosal sólo podía hacer los milagros que hacía robando como robaba escandalosamente los fondos de la Iglesia, pues no haciéndolo así, tendría que andar con el pantalón remendado como V. andaba". Esto mismo es lo que está V. obligado a decir al Ilmo. Sr. Obispo y mientras así no lo haga, dejará V. de cumplir como bueno porque se hace encubridor de tan nefando crimen.

....................................................

Resulta de lo expuesto, que las cantidades embolsadas por el Abad son 74.000 reales por un lado y 40.960 por otro, total 115.560 reales. Pensad ahora los vecinos en qué podrá tener gastado tanto dinero y me diréis: en limpiar y cintar la torre e iglesia, 3.500 rs; en maderas para el tejado, entarimados de la Iglesia y sacristía, un altar nuevo y dos buenas pipas que hizo para su uso, 4.000 reales; en jornales, cal y otros materiales para arreglar el tejado, 3.000 rs; en la construcción del altar, 1.800 rs; para dorar el mismo, 3.000 rs; en jornales para entarimar la Iglesia y sacristía, 500 rs; en la apertura de una luz en la Iglesia con cristales de colores para dos 400 rs; y finalmente en la escalinata y muros del atrio, 5.000 rs; importa todo veintiun mil seiscientos reales que descontados de los ciento quince mil quinientos sesenta que por lo menos resultan en su poder, quédanle todavía sin invertir la respetable suma de noventa y tres mil novecientos sesenta reales, haciendo aún caso omiso de 1.800 reales que le entregaron de limosnas las Hijas de María, para ayuda del nuevo altar.

¿Sabéis de qué otra manera ha gastado estos noventa y tres mil novecientos sesenta reales?

Pues fijaos al entrar en la ciudad de Tuy y veréis allí tres casas levantadas de nuevo a vuestra cuenta; reparad en los pleitos y demandas que ha sostenido con el Sevillano de Novás, con el finado Dorna, con Don Indalecio, con la viuda de Sueiro, con Rafael Álvarez de Visodoseidos, con Nicolás de Pancenteno, y con otros muchos y comprenderéis perfectamente que siempre ha litigado a costa de vuestros intereses donados a la Iglesia: mirad cuantos viajes emprende a Tuy, a Vigo, a Pontevedra, a Santiago, a Madrid, a los balnearios y a todas partes, siempre con fines malévolos y perversos y siempre con lujo ¿y es posible que gane para todos estos gastos? No y mil veces no; ¿cómo es posible que gane además para soportar el excesivo lujo de su hermana que vistiendo humildemente cuando vendía el pan en la plaza de Tuy arrastra hoy variados y buenos trajes? ¿quién le diría a esta señora que había de llegar en el Rosal a lucir magnífico reloj y pendientes de oro con valiosas sortijas y pulseras del mismo metal? No es posible que pueda ganar tanto, no lo creáis así inocentes vecinos; en los fondos de la Iglesia no hay un solo céntimo, todo lo ha agotado ya y tanto es así que en las elecciones que hubo reñidas últimamente, habiéndose gastado próximamente 7.000 reales y careciendo de ellos pidió a D. Eduardo, a D. Gabriel Peña, a D. Estanislao, a D. Ramón de Santiago y a D. Rafael Martínez que repartiesen entre todos dicha cantidad y efectivamente la pagaron a escote, atreviéndose después ese solemne embustero a decir que todo lo había gastado él, cuando todos estos señores pagaron las cantidades que les correspondieron y aún dejó por satisfacer los gastos que hizo el Sr. Abad de las Eiras y los que también hizo González de Tabagón. Yo quisiera ver las cuentas de los fondos de esa Iglesia para poder deciros después los mil gatuperios que en ellas ha de haber forzosamente; yo deseara que el Ilmo Sr. Obispo mandara un delegado recto probo e íntegro que pusiera al público esas cuentas para que todos pudiéramos darle detalles; yo daría no sé qué por poder examinarlas para exclamar después ¡Si hay quen asegure q’o Abade non rouba, q’o demo me leve! ¡E xa que os veciños non lle toman conta moito máis merecen!

.......................................

Voy a terminar señalándoos los hechos que prueban su descaro sin igual en saquear miserablemente vuestros bolsillos, blasonando de que es justo o piadoso cuanto os pide. Es tan amigo de lo ajeno este miserable Abad que no tiene inconveniente alguno cuando cobra los entierros, en incluir en la cuenta el importe de su asistencia aunque nunca estuviera presente ni hubiese rezado un Pater-noster por el alma del finado o finada. Sucedió un hecho de esta clase entre muchos otros con Dña. Casilda Jorge que se negó a pagarle el importe de la asistencia a unos funerales que indebidamente le reclamaba como si estuviera presente. No le pagó hasta que fue demandada y en el acto del juicio resultó que efectivamente le pedía además la asistencia de un sacerdote cuyo importe se vio obligado a rebajarle. Reparad también que los funerales a que asistían antes siete Señores Sacerdotes os costaban 18 duros tanto que vayan dos clérigos a acompañar el cadáver, como que vayan cuatro, como que vayan seis, es decir que no hay descuento para los que dejan de asistir al acompañamiento. Reflexionad como Abad tan ratero os obliga sin tener atribución ninguna para ello, a que le paguéis cincuenta reales para enterrar en los nichos, que son verdaderos hornos de ladrillo, a todos los cadáveres que se le hacen funerales de 18 duros; en estos 18 duros iban incluídos antes 20 reales de sepultura y hoy los subió a diecinueve duros y medio obligando así a pagar cincuenta reales por el enterramiento. Antes de ahora se pagaba solamente un real o una parva al tío Juan da Mata y al cojo de las ánimas de Novás por acompañar los cadáveres con el estandarte y lo mismo a los que ponían la cera de S. Sebastián y otras cofradías, hoy ha subido el doble y todos estos señores cobran dos reales por su asistencia y haciéndose por la tarde los enterramientos entonces cobran una peseta; ved ahí la razón por que estos individuos son tan amigos del Abad temiendo a perder la sopa. Observad también en el interés que se toma para intervenir en todas las cuestiones que existen entre vosotros, mas no lo hace con el deseo de allanar dificultades y proporcionar la paz y armonía tan conveniente a todos, sino que por el contrario se coloca siempre al lado de la parte que siendo un poco prevenida procura traerle un jamón, unos cuantos pollos, unos huevos, unas botellas de vino, una caja de cigarros, un par de lampreas, un salmón, un saco de maíz y hasta un haz de paja que nada desprecia este miembro de la orden mendicante, cuando en unión de su hermana solicita a cuatro infelices doncellas a que sustraigan de la casa de sus padres, aunque ocultamente de éstos, regalos tan mezquinos como un cesto de patatas, un manojo de lino o una libra de lana. ¡Cuántos hechos como estos podría citar si fuera a descubrir los cometidos por algunas hijas de familia!¡Os asombraríais de veras al tener conocimiento del sinnúmero de veces que sirviendo de alcahueta a vuestras hijas la Caneda de Martín, entregan aquellas a ésta mil cosas de vuestras casas para regalar en la Abadía! Nada tenéis seguro porque no hay llave para el ladrón de la casa y después de lo expuesto créome autorizado para exclamar ¡Si este noso Abade non é un ladronciño, q’o demo me leve! ¡E todos aqueles que pagan e calan, moito máis merecen!

Hácese demasiado larga esta historia haceros ver su censurable conducta en el mismo domicilio convertido en un foco de inmoralidad, y finalmente su refinada lujuria e incomparable liviandad. Todo esto será objeto de otro escrito que es preciso que leáis para concluir de formaros idea de quien es vuestro Abad y lo que podéis esperar de él, terminando por hoy esta parte con las siguientes reflexiones:

Echad una mirada a los íntimos amigos que rodean y adulan a tan perverso Párroco y tendréis: 1º A D. Rafael Martínez, Capitán retirado, que cobra ochenta pesos mensuales, que tiene una buena casa y lugar y que a pesar de estas circunstancias no le impuso el Abad mas que nueve duros de consumo debiendo pagar treinta. Tiene además cédula de 15 reales debiendo adquirirla...

(NOTA DO TRANSCRIPTOR: aquí remata o escrito, pois como dixemos, fáltan as dúas últimas páxinas).