Atlético Guardés

Balonmano

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Texto: Joaquín Miguel Villa Álvarez

Información: J. Carlos Rodríguez Barros

El nacimiento del balonmano en el Colegio PP. Somascos

 El curso 1967-1968 en el Colegio PP. Somascos se caracterizó por el auge que adquirió el deporte, y muy en particular el balonmano. En el mes de febrero de 1968, y a propuesta del P. Orestes, se incorporó como asistente del colegio el joven de Vigo José Carlos Rodríguez Barros, un hecho que tendrá una gran repercusión deportiva para A Guarda. Resulta que Carlos Barros –como así fue pronto conocido– era entrenador de balonmano, y en hora de gimnasia enseñaba este deporte a los niños del colegio, quienes acogieron este nuevo juego con muchas ganas. Pero el mayor interés no lo pusieron los chicos, sino las chicas. Así, pronto surgió un grupo de alumnas que querían formar un equipo, para lo que se dirigieron a Carlos Barros. Éste las intentó disuadir explicándoles que para tener un equipo hacía falta dinero para equipajes, viajes, campo, etc. Sin embargo, ellas insistieron en la idea. Ante esto, a Carlos no le quedó más remedio que decir que sí, aunque todavía realizó un segundo intento por eludir esta responsabilidad: puso los primeros entrenamientos a las ocho de la mañana, con la intención de que muchas no asistieran y las demás se desanimaran. Pero no fue así y el primer día resultó que todas estaban allí a las ocho en punto. Así fue como Carlos Barros decidió comprometerse en la aventura de formar el primer equipo femenino de balonmano de A Guarda, contando con el permiso del director P. Orestes, y la ayuda del profesor del colegio Ignacio Saa González. Para comprar el equipaje –camisetas negras y falditas blancas– las propias chicas pidieron dinero por el pueblo, el cual respondió extraordinariamente. La Sección Femenina de Falange también les dio algún dinero, así como unas porterías de madera, con la condición de que el nombre del equipo llevara la palabra MEDINA, población donde se había creado dicha Sección Femenina a nivel nacional.

La primera liga en la que participaron constaba de seis equipos y todos eran de Vigo. Jugaban en el campo del colegio, por entonces todavía de tierra, con una gran asistencia de público. Entre las primeras jugadoras, según recuerda Carlos Barros, estaban Trini, Chus, Pili, Elena, Celia, Marcelina, Tuchi, Chelo, Teresa, Rosa, Carmen, Palmira… Para mantener al equipo todas ellas se volcaron organizando bailes y rifas, e incluso crearon un grupo de majorets para desfilar en las fiestas. Otras alumnas querían jugar pero no las dejaban sus madres, «porque era perjudicial para su tipo debido al músculo que podían adquirir». Más delante se anotaron algunas chicas en el equipo por las «ventajas» que les reportaba. Y es que, por entonces, para trabajar en organismos oficiales era imprescindible hacer el llamado «servicio social de la mujer», y al jugar en un equipo de la Sección Femenina ya se daba por hecho.

Por supuesto, también hubo balonmano masculino, llegando a formarse, por ese entonces, hasta tres equipos en el colegio: Cesantesa, José Riego y Colegio PP. Somascos, que con el Olímpico de O Rosal organizaron una competición. De estos equipos salió una selección de juveniles que con el nombre de José Riego participó en una competición provincial. Años más tarde, en la temporada 1971-1972, se formará el equipo de la localidad Atlético Guardés (seniors) con la base de jugadores de los Somascos, siendo su campo oficial el patio del colegio. Los partidos se jugaban a las doce del mediodía, a la hora de la misa, algo que no gustaba nada al director P. Orestes, pero que admitía, ya que la Federación de Balonmano no les dejaba jugar a otra hora por el desplazamiento de los equipos. Los vestuarios eran un aula que estaba en el vestíbulo, próxima a la entrada interior de la capilla. Por ello muchas veces los jugadores, vestidos de corto, debían sortear a los asistentes a la misa situados a la entrada de dicha capilla.

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