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    Antonio Martínez Vicente es el depositario de uno de los mejores archivos de la historia de A Guarda que existen en nuestra localidad. Su disposición, siempre a colaborar de un modo totalmente desinteresado, nos permite traer a estas páginas esos capítulos de la Historia local que, por el tiempo transcurrido y la escasa difusión que tienen, no son bien conocidos o, cuando menos, no están al alcance de todos.

     Esperamos que esta contribución de Martínez Vicente tenga el mejor agradecimiento de todos con su lectura. 

TOPONIMIA DE

LA GUARDIA

 

OS TEARES O LOS TELARES EN LA CRUZADA

 

            Es éste otro nombre cuyo origen muy pocos conocerán, especialmente entre la gente moza, por provenir de una industria textil hoy completamente olvidada entre los hijos de La Guardia.

 

Al regresar de Méjico y Cuba el hijo de esta villa, D. Benito Español, hacia el año 1835, concibió el proyecto de dotar a nuestro pueblo de una importante industria que daría ocupación a muchos convecinos suyos de ambos sexos, y para ello, asociándose con D. Antonio Medrano, sobrino del párroco de La Guardia, don Antonio Herrero, vecino que era también de esta villa, fundó una modesta fábrica de servilletas, toallas y manteles en la casa que forma ángulo en dos de las calles de la Cruzada, en el sitio que aún hoy se llama con el título que encabeza estas líneas.

 

No he podido comprobar si allí se elaboraban también lienzos para confeccionar ropa blanca como paño crudo y otros similares.

 

Los primeros obreros peritos que trabajaron en esta fábrica fueron D. Benito González, casados más tarde con doña Josefa Sobrino y un hermano de aquel, llamado D. Antonio González, unido después en matrimonio con doña Dolores de Puga y Ozores. Ambos fueron mandados venir de Portugal, como prácticos en el arte textil, con objeto de dirigir dicha industria y enseñar teórica y prácticamente el manejo de la maquinaria de que disponía el nuevo establecimiento.

 

Esta industria guardesa alcanzó mucha importancia por la abundancia de la producción y por la excelente calidad de los géneros que se elaboraban.

 

En algunas casas de La Guardia, y nosotros lo hemos visto muchas veces, existían y existen todavía piezas de aquellos géneros fabricados en aquellos telares, que se distinguen por la duración de su tejido, muy resistentes a la acción del uso y del tiempo y por la belleza de su presentación, especialmente los de labor adamascada. Muchos de aquellos artículos tienen como característica una estrecha franja de color azul o encarnada situada a unos diez centímetros de los extremos. La materia prima que se empleaba era el hilo de lino o el de algodón.

 

Los productos de esta fábrica tuvieron mucha aceptación en esta comarca, en otras regiones de España y aún en Portugal, merced al precio bajo que tenían, que permitía competir con otras marcas extrañas. Pero sucedió a esta villa lo que a otras localidades con otros productos fabriles. Cuando se perfeccionaron las máquinas extranjeras que permitían mayor producción y por tanto rebaja en los precios, aquí no se supo evolucionar y la introducción en nuestro comercio de artículos similares más baratos echó por tierra esta importante industria local que daba pan a muchas familias y llevaba el nombre de nuestro laborioso pueblo a regiones lejanas. Hoy sólo resta de ella el edificio convertido en domicilio particular.

 

Lo único que permanece es el nombre de Teares o Telares con que se conoce aquella calle de nuestra villa.

 

Descendiente y heredero del fundador de esta fábrica de tejidos fue otro benemérito hijo de La Guardia D. Juan Antonio Español, fundador del edificio del magnífico Colegio de Padres Jesuitas del Pasaje de Camposancos y de los muelles de aquel punto. Lugar fue éste de gran importancia comercial por los barcos que allí se hacían o reparaban, por los que allí arribaban para desembarcar productos americanos y de otras naciones y de donde partían importantes artículos para Cádiz y puertos trasatlánticos. A la sombra de éste movimiento comercial se fundó el barrio del Pasaje.

 

Otra obra de D. Juan Antonio Español en nuestra comarca fue el puente del Tamuje, obra hermosa de arquitectura civil construido en 1844-45, con todas las garantías de solidez y comodidad. Siendo Diputado Provincial gestionó y consiguió con su influencia la realización de esta obra que era entonces una necesidad pública, por estar derruido el puente antiguo y como por su cargo no podía contratar la obra, lo hizo en su nombre y como maestro D. José Fernández, vecino de San Cristóbal de Goyán.