El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

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Almadén de la Plata-Monesterio

4 septiembre 2007

37,3 km (9h 20 minutos)

Hoy decidimos levantarnos a las 6 de la mañana, pese a la etapa larga que nos aguarda, pero su dificultad es media-baja.

Son poco más de las seis y media cuando Karl Richard, Jean Paul, Alain, Josep y yo iniciamos la jornada. Nos dirigimos hacia la Plaza de Toros y continuamos por el sendero que ayer reconocí. Alain, cada nuevo día, hace una muesca en su bordón.

A la izquierda discurre el arroyo de la Víbora cuya agua sentimos correr, porque en la noche apenas lo descubrinos.

Caminamos bajo la luz de las linternas que ahora son ya imprescindibles. Como teníamos dudas sobre si estaba autorizado el paso por la finca Arroyo Mateos, ayer me puse en contacto con la Asociación Amigos del Camino de Santiago de Sevilla que me confirmaron que desde la primavera, se vuelve a pasar por la finca. Así que, cuando llegamos a ella, abrimos la portela y nos adentramos en el que para mí sería uno de los más bellos parajes del sur.

Al llegar a la Casa del Guarda, cuando la noche es menos oscura, cada uno cogemos nuestro propio ritmo de marcha. Es habitual que a la salida, sobre todo si es de noche, se forme un sólo grupo de peregrinos para tener la seguridad de que vamos en la dirección correcta y no saltarmos ninguna flecha, de modo que cuando hay que buscarlas, resulta más fácil. Al doctor Karl, ya no lo volveremos a ver, posiblemente quedará en El Real de la Jara y allí se encontrará con los bretones, que caminan rápidos, pero que decidieron hacer sólo los 16,6 km que separan Almadén de El Real. Josep y yo continuaremos hasta Monesterio ya que nuestras vacaciones tienen un límite que, en mi caso, está en el 30 de septiembre.

Durante cinco kilómetros caminamos por el interior de la finca adehesada en la que nos topamos con ganado vacuno, cerdos ibéricos, venados, cabras y hasta algún perro dócil. Después de la Casa del Guarda, tomamos una bajada que nos acerca a un regato. Y luego, una corta, aunque fuerte subida, que es la mayor dificultad que encontramos hasta El Real de la Jara.

A la izquierda, una de las muchas charcas que para los cerdos encontramos en la Vía de la Plata, en la provincia de Sevilla y, sobre todo, en la comunidad extremeña. A la derecha, cancela en la finca Arroyo Mateos, que es reserva cinegética.

En ocasiones, en el Camino, se nos despierta el alma de niño que no queremos perder, así que la calavera de una cabra se puede prestar a la pequeña broma de cubrirla, por ejemplo, con el gorro de Alain o que Jean Paul le rinda admiración después de asegurarla en una encina.

El vacuno siempre me ha merecido un especial respeto (que realmente es temor), todo lo contrario que a Josep que no duda en acariciar a un animal cuando coincide en su camino. A la derecha una especie que supongo exótica y que se cría en Arroyo Mateos.

La vía de la Plata sigue la Colada de Bonales, una de las vías pecuarias del parque natural Sierra Norte. En las encinas y alcornoques, a falta de otros lugares, se pintaron las flechas amarillas que guían al peregrino en su itinerario hasta Santiago de Compostela. A estas horas, las encinas se reflejan en las charcas para cerdos que salpican las dehesas.

Paisaje de dehesas y monte mediterráneo es lo que nos ofrece ahora el recorrido, según leemos en el panel informativo que, en otro parágrafo, explica que "esta vía pecuaria coincide en su trazado con el Camino de Santiago en la variante de la Vía de la Plata".

En este trayecto, y tras un breve descanso, nos despedimos de Jean Paul y Alain, que entienden nuestras razones de premura. Aun así, ellos que tiran bien, nos darán alcance cuando decidimos detenernos y, luego, otra vez nos separaremos para volvernos a encontrar por última vez.

Entramos en el Real de la Jara, a las diez de la la mañana, por un camino que pasa justo por delante del albergue de peregrinos y desde el que se observa el castillo de origen árabe.

En "Los Claveles", restaurante en el centro de El Real de la Jara, nos detenemos para desayunar, y allí volveremos a ver a Jean Paul y Alain. Ahora sí nos despedimos definitivamente de nuestros amigos bretones.

Calle principal en El Real de la Jara por la que salimos para dirigirnos a Monesterio, donde finalizará nuestra etapa de hoy.

En El Real de la Jara aún visitamos el museo de taxidermia. Y ya emprendemos camino hacia Monesterio, aunque yo me detendré en la iglesia de San Bartolomé, nombre que me dan dos monjas jóvenes que rezan en el interior del templo. Es de origen mudéjar y y en su retablo hay un cuadro que se atribuye a Zurbarán.

Cruz dedicada "A la memoria de los españoles caídos en todas nuestras guerras" levantada en las proximidades de la iglesia de San Bartolomé. A la salida del Real de la Jara un pastor conduce su rebaño de ovejas por el arroyo de las Torres.

 

Un lugareño, Daniel, se dedica a reparar una alambrada que, según nos cuenta, se la llevó una riada el invierno pasado. Se queja de que las autoridades le obligan a retirarla porque, dice, es de alambre espinoso que está prohibido "pero otros la tienen y no la retiraron". A la derecha el Castillo de las Torres. Leyenda o historia, se dice que los soldados del castillo defendían a los peregrinos que iban a Santiago. Aunque el castillo está a sólo un km de El Real de la Jara (Sevilla), pertenece al municipio de Monesterio (Badajoz), cuyo ayuntamiento dista unos 20 km. Hemos dejado, pues, la provincia de Sevilla para entrar en la comunidad extremeña.

Ganado en un cercado. La ganadería, nos explican, se destina fundamentalmente a la producción de carne.

Las asociaciones del Camino de Santiago en la Vía de la Plata, han señalizado el Camino con las características flechas amarillas, y la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura, con cubos. En este último caso, el azulejo amarillo indica el Camino de Santiago; el azul, marca el recorrido romano y cuando el azulejo es amarillo y azul, ambas rutas coinciden. No podemos entrar en el recinto de la moderna ermita de San Isidro, pues las puertas de la cerca están provistas de candados.

Unos metros después debemos cruzar la carretera que hace un año aún estaba en construcción. Por ello, con mucha precaución, buscamos el paso que nos permite subir al antiguo santuario de San Isidro, hoy totalmente abandonado, a cuya vera discurre el trazado de la Vía de la Plata.

Como en los días anteriores el calor resulta agobiante. Por suerte, a continuación de la ermita, nos adentramos en un bosque de eucaliptos, y aunque es verdad que nos evitan el sol directo, la temperatura ambiente es demasiado alta; quizás los del norte la sufrimos más, y si encima eres de puerto de mar donde se suavizan las temperaturas, ¡qué decir!.

Tras el eucaliptal, pisamos alquitrán sintiendo que los pies nos arden. En uno de los márgenes de la carretera, y paralelo a ella, discurre un sendero que tomamos, aunque no merece la pena: en algunos tramos presenta una pendiente peligrosa; incluso en un desagüe falta parte del ancho, obligando al caminante a hacer algún equilibrio. Pero además el tramo es tan corto (¿200 metros? ¿300 metros?) que por lo dicho no merece la pena arriesgarse y, en algún momento, decidimos saltar el quitamiedos y volver a la N-630. A la altura del viaducto nos desviamos a la izquierda para tomar el ascenso que nos conducirá a la Cruz del Puerto.

La subida a la Cruz del Puerto fue especialmente dura, y no tanto por la pendiente que había que salvar, cuanto por el mediodía caluroso que aplastaba al peregrino. Confieso que la sentí especialmente cruel y necesité de más de un descanso antes de coronar el Puerto y aquí me dejé caer exhausto permaneciendo un buen rato al amparo de la escasa sombra que a esa hora proyectaba el monumento con la cruz que anunciaba que estaba en Monesterio, aunque para llegar al pueblo todavía tendría que caminar otros treinta minutos. Josep, que seguramente hacía un buen rato que esperaba en la gasolinera, al borde de una caña de cerveza, me llamó preocupado. "Nada, que estoy muy bien, pero cansado!". Sigo la carretera que atraviesa el parque a cuya salida se divisa ya Monesterio.

Son las 3.57h cuando llego al albergue de la Cruz Roja, pero un comunicado en la puerta anuncia los peores presagios: "Se informa a los peregrinos que este local de la Cruz Roja Española ya no está habilitado como albergue".

Me dejo caer rendido apoyado en la puerta. Josep que viene detrás, me interroga con la mirada. Al lado, unos albañiles nos miran a hurtadillas.

Después de un pequeño descanso, emprendemos la marcha. En la calle principal, entramos en un restaurante-hostal con la doble intención de comer y, si acaso, pernoctar. No sé si somos bien recibidos, porque ni responden a nuestro saludo ni nos atienden, hasta que entra un matrimonio al que reciben con generosa amistad. Sentado como estoy, no hago ademán de marcharme, además los recién llegados pronto entablan conversación con los cansados peregrinos y nos adelantan que comienzan las fiestas del pueblo. Se muestran especialmente amables y nos invitan las cañas.

Decidimos consultar con la Policía Local, cuyas dependencias están en la Casa Consistorial, y nos atiende Manuel Pando. ¡Bella persona! Hombre atentísimo, y no digo más para que no suene a coba. Pero le estamos muy agradecidos por cuanto hizo por nosotros.

En las dependencias de la Policía dejamos nuestras mochilas y nos vamos a comer a un restaurante. En la Oficina de Turismo nos informan que no podemos acudir al Pabellón porque están organizándolo para las Ferias, o sea, la semana grande de fiestas y nos sugiere distintos hostales. Optamos por el primero que encontramos. el "Extremadura", 12 euros: habitación doble con baño y aire acondicionado.

Ducha, colada, descanso y paseo por el pueblo. Por su volumen, son las iglesias los edificios más fáciles de localizar y los que, sin duda, ofrecen alternativas artísticas que no defraudarán al visitante. De modo que, una vez más, la primera visita conduce mis pasos a la iglesia de San Pedro, del siglo XV, aunque no puedo pasar a su interior porque, como en la mayoría de las anteriores, sus puertas están cerradas.

El Centro de Interpretación de la Naturaleza, abre por las mañanas. Por suerte puedo visitar el Centro de Interpretación de la Vía de la Plata. Antes de retirarme al hostal para cenar, organizar la etapa de mañana y preparar la mochila, aún hago un recorrido por Monesterio.

Monesterio-Puebla de Sancho Pérez