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Laza-Xunqueira
de Ambía
22 septiembre 2008
32,6 km (8
horas 45 minutos)
Llovió en abundancia durante
la noche. Por la mañana, el cielo está oscuro y optamos por demorar la
salida media hora. Somos los únicos peregrinos que estamos en el
albergue de Laza. Cuando decidimos levantarnos ya un militar prepara, en la
cocina, el desayuno (bueno su desayuno, y suponemos que el de sus
compañeros). El termómetro de la farmacia marca 14,5ºC. Hemos vestido
los impermeables por si se repite la lluvia.
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La carretera está mojada, y como decía la canción de la tuna, "y parece
que llovió". Las nieblas se instalan sobre los campos, inmóviles
ellas, como telarañas dispuestas a atrapar a quien caiga en los
extendidos filamentos. Es el aliento de la tierra en esta mañana fría y húmeda. Media hora después ya nos sobra la ropa impermeable
y antitranspirable que nos empapa, y decidimos airearnos cuando
llegamos a Soutelo Verde. Aunque no lo vemos, nos llega el canto
del ratonero que oteará, desde las alturas, los montes procurando alguna
presa. Los busco en lo alto, y me doy por rendido.
En esta población, llama mi atención esta señal, ¿una metáfora
amiga?. A veces existen mensajes que no sabemos interpretar, ¿o son sólo
fruto de la casualidad? ¿Cuántas casualidades se han dado ya en el Camino?...
me quedo con el recuerdo que siempre resulta amable.
En la misma placita que esta indicación, está la fuente de Soutelo Verde,
presidida por una cruz de brazos cilíndricos.
Un puente nos permite salvar uno de los afluentes del río Támega,
próximo a la iglesia. Este sencillo templo tiene, en una de sus
fachadas laterales, una "almiña" (capillita de Ánimas, a la que falta la
iconografía) pero que conserva aún la inscripción: "Pasajero que vas
caminando socorre las almas que están penando".
Ahora vamos por la carretera Ou-113, siempre en ascenso, que nos
lleva al mismo lugar que el sendero que teníamos que haber cogido a
nuestra derecha. Las nieblas persistentes nos limitan los horizontes. La
humedad, el calor y la larga caminata que llevamos ya, algo más de once
kilómetros recorridos, crean una sensación de agobio. Desde los pinos
nos llegan los cantos de los carboneros. El sendero que deberíamos
seguir desemboca en la carretera y un cartel non anuncia que estamos en Alberguería,
asomando sus primeras casas allá, al final de la subida.
Distinguimos en la calle que recorre Alberguería el Rincón del
Peregrino, que hemos visto anunciado más atrás. El Rincón del Peregrino
es un pequeño bar, con cientos de conchas donde los peregrinos
han ido dejando sus mensajes. Cuelgan del techo y de las paredes; por
todo el establecimiento. Sin huecos, casi´, para seguir colonizando.
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Luis, su dueño, está acompañado
por algunos de los militares que tienen estos días su base en Laza y que
se han cruzado con nosotros algunos kilómetros más atrás. "Sí que tiran
ustedes", nos dice uno de los tres militares. Luis, que nos
dice que comenzó con esto de las conchas en el 2004, se presta a sacar
una foto con los peregrinos, y uno de los soldados, se encarga de
hacerla. Luis está empeñado en construir un albergue de peregrinos y nos
acercamos con él a una casa separada a penas veinte metros del bar. Luis
se lamenta de que se le acaban las conchas; dice que ha recibido
promesas de visitantes, de que se las enviarían, pero no las recibe
nunca. Nos despedimos de Luis y del 'ejército', y reanudamos el camino que nos manda al monte Telariño,
cuyo milladoiro, con su cruz, ya observamos en lo alto del sendero.
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Josep contribuye con su piedra y yo, hago lo propio. Esta cruz,
al parecer, se colocó ahí como homenaje o recuerdo de los gallegos que
se dirigían a Castilla, para participar en la siega. Me vienen los
versos de Rosalía de Castro: "Castellanos de Castilla, / tratade ben ós
galegos; / cando van, van como rosas; / cando vén, vén como negros." A un lado del milladoiro, un mojón ya nos indica el sendero que debemos seguir
Pero antes de continuar, desde el monte Telariño
observamos lo que fue la Laguna de Antela, el mayor lago de agua
dulce de la península desecado para convertirlo en tierras de cultivo. A
la derecha, también vemos algunas poblaciones diseminadas por el
valle.
Por un precioso sendero nos encaminados
hacia otra de las poblaciones que nos esperan antes de llegar a nuestro
destino. Josep se detiene un momento para sacar una piedrecilla
que incordia su caminar.
Entramos en Vilar do Barrio y lo cruzamos por una de sus
calles principales...
...al tiempo que buscamos detalles que nos sorprenda, como una
rosácea hexafolia, un llamador, una hornacina dedicada
a San Antonio, la ropa tendida...
En Bóveda, a menos de dos kilómetros de Vilar do
Barrio, seguimos apreciando la arquitectura popular, representada, entre
otras construcciones, por los hórreos, la ventana gótica
de una de sus casas abandonadas...
...un pozo con su abrevadero, y un "balcón-puente" que
cruza la calle...
... también un hórreo y las pacas
cilíndricas.
Una pista interminable nos acerca a Vilar de Gomareite,
en cuya entrada vemos sorprendentes edificaciones, mansiones comparadas
con las que predominan en el entorno, que aluden a un mayor
nivel económico de sus moradores. En el interior de Gomareite, la
arquitectura es menos pomposa. Una mujer, con la que conversamos un
rato, lava la ropa en el lavadero público.
Salimos por un sendero que desemboca en la
carretera, deteniéndose un coche cuyo conductor aprecia que somos
peregrinos. Nos pregunta qué tal el Camino, de dónde venimos y si
pensamos llegar a Santiago. Luego se presenta. "Soy el párroco del
pueblo que acaban de pasar. Cuando lleguen a Santiago denle un abrazo al
apóstol en nombre de Manuel González Chao". Le prometemos que se lo
daremos e incorporamos otro nombre a la lista que ya llevamos.
Hórreo en Padroso y casa natal de Bieito Ledo. "Hai cousas que nunca
existiron, e poden ser verdade", se lee en una placa en el lateral
de la casa. Bieito Ledo es el editor de la Enciclopedia Galega Universal
y fue nombrado Fillo Predilecto de Xunqueira de Ambía en junio de 2006
Un portentoso castaño nos sorprende en
nuestro camino y no resistimos a marcharnos sin abrazarlo. Primero yo,
después Josep, saltamos el pequeño muro y nos unimos a todos los días
que su tronco guarda. Luego seguimos
por una corredoira por la que nos sentimos cómodos.
Dejando Padroso, disfrutamos continuamente de las
vistas excepcionales de este paisaje que recorremos. Josep
se encarama en lo alto de un conjunto rocoso, que se eleva sobre el
camino destacando su presencia, y alza los brazos al cielo
como uno de aquellos druidas que da gracias a los dioses por las
oportunidades que nos brindan cada día. Josep sigue siendo sorprendente;
a veces me pregunto si no tendrá razón cuando me habla de las otras
vidas que hemos tenido.
Nos dirigimos a Quintela, y, a poco más de
un kilómetro, alcanzamos Xunqueira de Ambía, con su excepcional Monasterio de Santa María la Real.
Al albergue llegarán, también, Ángel y Sandra,
ciclistas, y Liv Marie, que camina a pie. Ángel nos cuenta su experiencia con un lobo en la sierra
Culebrera. El lobo se le apareció a un lado del camino. Ambos cruzaron
su mirada, y el lobo, sin más, se dio la vuelta y se perdió por donde había
venido. Escucho su relato con envidia y me imagino la escena.
Compartimos la cena, que son momentos de
placentera conversación y exteriorización de recuerdos y anécdotas.
Después, con Josep, estudiamos las etapas siguientes. Tenemos claro que
mañana estaremos en Ourense, pero no sabemos si para el día siguiente
habrá albergue en Oseira, así que llamamos a un número de teléfono que
figura en una de las guías que llevamos y nos confirman esta posibilidad.
Xunqueira de Ambía-Ourense |