El Camino de Santiago por la Vía de la Plata

/2007/   Portada   Sevilla-Guillena    Guillena-Castilblanco de los Arroyos   Castilblanco-Almadén de la Plata     Almadén de la Plata-Monesterio     Monesterio-Puebla de Sancho Pérez       Puebla de Sancho Pérez-Villafranca de los Barros       Villafranca de los Barros-Torremejía      Torremejía-Aljucén       Aljucén-Aldea del Cano     Aldea del Cano-Casar de Cáceres   Casar de Cáceres-Grimaldo     Grimaldo-Carcaboso    Carcaboso-Aldeanueva del Camino     Aldeanueva del Camino-Fuenterrobles de Salvatierra     Fuenterrobles de Salvatierra-San Pedro de Rozados     San Pedro de Rozados-Salamanca      Salamanca-El Cubo de la Tierra      El cubo de la Tierra-Zamora...   Epílogo  /2008/  Zamora a Santiago (didicatoria)    Zamora (Esperando)   Zamora-Riego del Camino    Riego del Camino-Tábara       Tábara-Calzadilla de Tera      Calzadilla de Tera-Mombuey      Mombuey-Puebla de Sanabria         Puebla de Sanabria-Lubián        Lubián-A Gudiña      A Gudiña-Laza    Laza-Xunqueira de Ambía       Xunqueira de Ambía-Ourense       Ourense-Oseira      Oseira-A Laxe     A Laxe-Vedra    Vedra-Santiago      Epílogo

 

Laza-Xunqueira de Ambía

22 septiembre 2008

32,6 km (8 horas 45 minutos)

 

Llovió en abundancia durante la noche. Por la mañana, el cielo está oscuro y optamos por demorar la salida media hora. Somos los únicos peregrinos que estamos en el albergue de Laza. Cuando decidimos levantarnos ya un militar prepara, en la cocina, el desayuno (bueno su desayuno, y suponemos que el de sus compañeros). El termómetro de la farmacia marca 14,5ºC. Hemos vestido los impermeables por si se repite la lluvia.

La carretera está mojada, y como decía la canción de la tuna, "y parece que llovió". Las nieblas se instalan sobre los campos, inmóviles ellas, como telarañas dispuestas a atrapar a quien caiga en los extendidos filamentos. Es el aliento de la tierra en esta mañana fría y húmeda. Media hora después ya nos sobra la ropa impermeable y antitranspirable que nos empapa, y decidimos airearnos cuando llegamos a Soutelo Verde. Aunque no lo vemos, nos llega el canto del ratonero que oteará, desde las alturas, los montes procurando alguna presa. Los busco en lo alto, y me doy por rendido.

En esta población, llama mi atención esta señal, ¿una metáfora amiga?. A veces existen mensajes que no sabemos interpretar, ¿o son sólo fruto de la casualidad? ¿Cuántas casualidades se han dado ya en el Camino?... me quedo con el recuerdo que siempre resulta amable. En la misma placita que esta indicación, está la fuente de Soutelo Verde, presidida por una cruz de brazos cilíndricos.

Un puente nos permite salvar uno de los afluentes del río Támega, próximo a la iglesia. Este sencillo templo tiene, en una de sus fachadas laterales, una "almiña" (capillita de Ánimas, a la que falta la iconografía) pero que conserva aún la inscripción: "Pasajero que vas caminando socorre las almas que están penando".

Ahora vamos por la carretera Ou-113, siempre en ascenso, que nos lleva al mismo lugar que el sendero que teníamos que haber cogido a nuestra derecha. Las nieblas persistentes nos limitan los horizontes. La humedad, el calor y la larga caminata que llevamos ya, algo más de once kilómetros recorridos, crean una sensación de agobio. Desde los pinos nos llegan los cantos de los carboneros. El sendero que deberíamos seguir desemboca en la carretera y un cartel non anuncia que estamos en Alberguería, asomando sus primeras casas allá, al final de la subida.

Distinguimos en la calle que recorre Alberguería el Rincón del Peregrino, que hemos visto anunciado más atrás. El Rincón del Peregrino es un pequeño bar, con cientos de conchas donde los peregrinos han ido dejando sus mensajes. Cuelgan del techo y de las paredes; por todo el establecimiento. Sin huecos, casi´, para seguir colonizando.

Luis, su dueño, está acompañado por algunos de los militares que tienen estos días su base en Laza y que se han cruzado con nosotros algunos kilómetros más atrás. "Sí que tiran ustedes", nos dice uno de los tres militares. Luis, que nos dice que comenzó con esto de las conchas en el 2004, se presta a sacar una foto con los peregrinos, y uno de los soldados, se encarga de hacerla. Luis está empeñado en construir un albergue de peregrinos y nos acercamos con él a una casa separada a penas veinte metros del bar. Luis se lamenta de que se le acaban las conchas; dice que ha recibido promesas de visitantes, de que se las enviarían, pero no las recibe nunca. Nos despedimos de Luis y del 'ejército', y reanudamos el camino que nos manda al monte Telariño, cuyo milladoiro, con su cruz, ya observamos en lo alto del sendero.

Josep contribuye con su piedra y yo, hago lo propio. Esta cruz, al parecer, se colocó ahí como homenaje o recuerdo de los gallegos que se dirigían a Castilla, para participar en la siega. Me vienen los versos de Rosalía de Castro: "Castellanos de Castilla, / tratade ben ós galegos; / cando van, van como rosas; / cando vén, vén como negros." A un lado del milladoiro, un mojón ya nos indica el sendero que debemos seguir

Pero antes de continuar, desde el monte Telariño observamos lo que fue la Laguna de Antela, el mayor lago de agua dulce de la península desecado para convertirlo en tierras de cultivo. A la derecha, también vemos algunas poblaciones diseminadas por el valle.

Por un precioso sendero nos encaminados hacia otra de las poblaciones que nos esperan antes de llegar a nuestro destino. Josep se detiene un momento para sacar una piedrecilla que incordia su caminar.

Entramos en Vilar do Barrio y lo cruzamos por una de sus calles principales...

...al tiempo que buscamos detalles que nos sorprenda, como una rosácea hexafolia, un llamador, una hornacina dedicada a San Antonio, la ropa tendida...

En Bóveda, a menos de dos kilómetros de Vilar do Barrio, seguimos apreciando la arquitectura popular, representada, entre otras construcciones, por los hórreos, la ventana gótica de una de sus casas abandonadas...

...un pozo con su abrevadero, y un "balcón-puente" que cruza la calle...

  

... también un hórreo y las pacas cilíndricas.

   

Una pista interminable nos acerca a Vilar de Gomareite, en cuya entrada vemos sorprendentes edificaciones, mansiones comparadas con las que predominan en el entorno, que aluden a un mayor nivel económico de sus moradores. En el interior de Gomareite, la arquitectura es menos pomposa. Una mujer, con la que conversamos un rato, lava la ropa en el lavadero público.

Salimos por un sendero que desemboca en la carretera, deteniéndose un coche cuyo conductor aprecia que somos peregrinos. Nos pregunta qué tal el Camino, de dónde venimos y si pensamos llegar a Santiago. Luego se presenta. "Soy el párroco del pueblo que acaban de pasar. Cuando lleguen a Santiago denle un abrazo al apóstol en nombre de Manuel González Chao". Le prometemos que se lo daremos e incorporamos otro nombre a la lista que ya llevamos.

Hórreo en Padroso y casa natal de Bieito Ledo. "Hai cousas que nunca existiron, e poden ser verdade", se lee en una placa en el lateral de la casa. Bieito Ledo es el editor de la Enciclopedia Galega Universal y fue nombrado Fillo Predilecto de Xunqueira de Ambía en junio de 2006

Un portentoso castaño nos sorprende en nuestro camino y no resistimos a marcharnos sin abrazarlo. Primero yo, después Josep, saltamos el pequeño muro y nos unimos a todos los días que su tronco guarda. Luego seguimos por una corredoira por la que nos sentimos cómodos.

Dejando Padroso, disfrutamos continuamente de las vistas excepcionales de este paisaje que recorremos. Josep se encarama en lo alto de un conjunto rocoso, que se eleva sobre el camino destacando su presencia, y alza los brazos al cielo como uno de aquellos druidas que da gracias a los dioses por las oportunidades que nos brindan cada día. Josep sigue siendo sorprendente; a veces me pregunto si no tendrá razón cuando me habla de las otras vidas que hemos tenido.

Nos dirigimos a Quintela, y, a poco más de un kilómetro, alcanzamos Xunqueira de Ambía, con su excepcional Monasterio de Santa María la Real.

Al albergue llegarán, también, Ángel y Sandra, ciclistas, y Liv Marie, que camina a pie. Ángel nos cuenta su experiencia con un lobo en la sierra Culebrera. El lobo se le apareció a un lado del camino. Ambos cruzaron su mirada, y el lobo, sin más, se dio la vuelta y se perdió por donde había venido. Escucho su relato con envidia y me imagino la escena.

Compartimos la cena, que son momentos de placentera conversación y exteriorización de recuerdos y anécdotas. Después, con Josep, estudiamos las etapas siguientes. Tenemos claro que mañana estaremos en Ourense, pero no sabemos si para el día siguiente habrá albergue en Oseira, así que llamamos a un número de teléfono que figura en una de las guías que llevamos y nos confirman esta posibilidad.

Xunqueira de Ambía-Ourense