Vía de la Plata

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Torremejía-Mérida (16,1 km)

9 septiembre 2005

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La etapa de hoy es breve. Finalizará en Mérida y supondrá, también, la despedida de Juan Carlos que regresará a la actividad laboral. Mérida es un buen fin de etapa, como será, para otros, el principio del Camino, de hecho, alguna guía lo empieza en esta ciudad romana. Antes de abandonar Torremejía, Juan Carlos se informe en un moderno miliario del recorrido que nos aguarda.

Cuando abandonamos Torremejía, la estampa que observamos es la de un cuadro naturalista con tintes otoñales

El vandalismo, es omnipresente, de modo que algunos mojones que marcan el itinerario de la Vía de la Plata conocieron, también, los efectos de la destrucción. En nuestro recorrido pasamos por una curiosa construcción, similar a otra que ya antes habíamos visto, y hacemos conjeturas sobre su finalidad

Juan Carlos cruza las vías del tren...

...pasamos entre viñedos cuando ya divisamos al fondo Mérida...

...el Guadiana y...

...el puente romano que se tiene como el de mayor longitud del Imperio ...

... observamos otro puente más, bautizado en honor al pais vecino como Puente de Lusitania...

y pisamos Emérita Augusta, fundada por el emperador Augusto, declarada Patrimonio de la Humanidad

Recorremos sus calles y plazas; nos detenemos ante el Arco de Trajano...

...y alcanzamos el albergue, al parecer un antiguo molino enclavado en un parque excepcional

Al fin llega la despedida. Cruzamos el Puente de Lusitania en dirección a la estación de autobuses. Unos chicos nos preguntan de dónde venimos y si peregrinamos a Santiago...

Mérida es una ciudad para pasar más de una jornada: su teatro y anfiteatro romanos, el templo de Diana, la basílica de Santa Eulalia... son razones más que suficientes para retroceder dos mil años en el tiempo. Me queda casi toda la tarde, pero la despedida de Juan Carlos deja un poso de tristeza en mi corazón. Deambulo por sus calles y me acerco, antes de retirarme al albergue, al acueducto de los Milagros

Llegarán hoy algunos peregrinos al albergue. Allí conozco a Álvaro, que viene desde Burgos en sentido contrario a quienes vamos a Santiago y compartimos una sencilla cena (bueno, el es el cocinero y yo un simple ayudante)

También están en el albergue Silke y Mathias. Han llegado en autobús desde Torremejía, nos cuentan, porque allí no sabían dónde albergarse. Mañana cogerán de nuevo el autobús para regresar a Torremejía y cubrir el trayecto Torremejía-Mérida a pie. Cuatro ciclistas de Mallorca acaban de llegar también: maletas de ruedas y bolsos. Por su indumentaria decimos que no son peregrinos. Luego sabremos que iniciarán la ruta en Mérida, pero con coche de apoyo. Son amables en el trato. Un peregrino alemán, barbado, se ha acomodado, desde hace dos días en la dependencia destinada a lavadero. Casi no dice palabra, se limita a leer y a cantar en voz baja siguiendo las notas del pentagrama de uno de sus libros. Saluda amablemente; responde con parquedad, pero con una sonrisa y cortésmente cuando se le dice algo, y luego sigue en su soledad apartado del resto.

Después de hacer las curas, desde hace varios días una rozadura en el hombro me causa molestias, me acuesto.