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Geografía General del Reino de Galicia

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La Guardia (1928)
por Gerardo Álvarez Limeses
 
El ayuntamiento de la Guardia es el más meridional de la provincia de Pontevedra. Limita: al N., con los de Bayona, Gondomar y Tomiño; al S., con el río Miño y Portugal; al E., con el partido de Tuy y el Miño, y al O., con el Océano Atlántico.
Tiene una población de 7.694 habitantes de derecho, que se albergan en 2.312 edificios, y una extensión superficial de 21’11 kilómetros cuadrados, lo que supone la enorme densidad de 304 habitantes por kilómetro cuadrado, de las mayores de la provincia con ser muy grandes las de otros ayuntamientos de ella.
Comprende las parroquias de la Guardia (Santa María), Camposancos y Salcidos, en las cuales cuenta con una villa y nueve lugares, a los que aquí da el censo oficial –no desacertadamente por cierto- la denominación de barrios.
Hay en él varios hoteles y fondas, ocho ferreterías, ocho comercios de tejidos y varios de menos importancia, seis almacenes de vinos, dos relojerías, ocho mercerías, nueve de ultramarinos, 16 de comestibles y 32 abacerías, un café y algunos bodegones, cuatro tablajerías, dos comercios de quincalla, dos de calzado, dos de gasolina y dos de pescado fresco, una librería, tres cerrajerías, una confitería, una fotografía, nueve peluquerías y además sastrerías, herrerías, zapaterías, toneleros, albañiles, canterios y otros oficios. Existe también una fábrica de loza, otra de cuerdas y otra de gaseosas, un horno de ladrillo y otro de teja, caleras, serrerías, una amasadora mecánica, dos billares, una imprenta, una droguería, cuatro farmacias, un Dispensario Antituberculoso oficial perfectamente montados con cinco médicos. Hay también agentes de aduanas y de comercio, cobradores de banco y bolsa, un consignatario de buques, un semanario literario, servicios de automóviles y barcos de pasaje, correos, telégrafos y teléfonos.
Sus montes son los de Terroso y Santa Tecla y su río esencial el Miño, y lo atraviesan las carreteras de Pontevedra a Camposancos, Redondela a la Guardia, la Guardia a Vigo por Bayona, la Guardia a Fornelos y la de subida al monte de Santa Tecla, que le da nombre y fama, no solo por su gran valor arqueológico como emplazamiento de la Citania más importante entre todas las de Galicia y Portugal, sino también como fuente de turismo, porque el paisaje que a él conduce y desde él se domina es verdaderamente maravilloso.


 
Característica de este ayuntamiento es la belleza natural. A la salida del puente Tamuxe4, en Rosal, se abren amplias junqueras a la izquierda de la carretera, que está orlada de árboles, entre los que asoman las caleras de Tamuxe y el santuario de San Roque, en Salcidos, con su torre con reloj. A la izquierda y derecha de la carretera , en la llanada o sobre una pequeña loma se tienden los caseríos de Salcidos y la Gándara y se entra en la Guardia a pocos metros, villa excelente de calles urbanizadas y buenas edificaciones.
A la entrada a la izquierda está la alameda o paseo público y bordeándolo sube la carretera al monte de Santa Tecla, de unos 4 kilómetros de longitud, que presenta a su entrada el excelente hospital municipal y una hermosa casa gallega.
La subida al monte es una ascensión encantadora, pues van apareciendo en él las laderas con las antiguas moradas circulares y estrecjas escaleras de piedra, y está a su fin la amplia explanada en que se han construido escalinatas, tribunas y kiskos que la hermosean mucho, pero que son un anacronismo vivo, un contraste extraño con el caserío post-hallstético que los rodea en profusión insospechada y que cada vez va acreciendo con los nhuievos desescombros y excavaciones.
Desde aquella altura el centenar de barcos (gamelas o chalanas principalmente) que se mecen en el puerto, con algunas motoras de pesca, sobre las aguas lechosas, a la vista semejan juguetes de los niños en una palangana de agua de jabón.
Desde allí se dominan las carreteras de Oya con sus montes de Mougás y Buegueira, la Gándara y Salcidos, y más allá el Rosal, al pie de los montes de Loureza; Camposancos y el Pasaje y el río Miño con su magnífica delta, sus islas numerosas y al fondo la renombrada de los Amores, donde apacentan centenares de cabezas de ganado que atraviesan a nado desde ella a los caseríos de la orilla.



Desde otro lugar se ve Portugal con su puente sobre el río Lima y las playas y puertos del Carmen y Moledo y más allá la de Áncora, que asoma en la lejanía, y el caserío de Camiña a la desembocadura del río.
De la citania de Santa Tecla ha hablado ya con su autoridad don Ángel del Castillo en el tomo de <<Generalidades de Galicia>>, pero algo más sin embargo queremos decir aquí, no con carácter científico, sino más bien con tendencia informativa.
Es esta citania en nuestro concepto la más importante de las descubiertas hasta el día en esta región, porque viene a ser un conglomerado de civilizaciones de todas las edades prehistóricas hasta las históricas, puesto que allí se han encontrado gran cantidad de hachas talladas al estilo chelense, que parecen pertenecer a la estación paleolítica de Camposancos (burgo de Saa), situado al pie de la colina de donde se alza esta citania; el gran kojokkemnöding o concheiro, de una extensión de 34 por 24 metros de lado y 2,50 de fondo, en el que se hallan anzuelos de cobre, fíbulas de bronce y huesos de bovinos, cerdo bravo, cabra y corzo; escrituras rupestres, probables evoluciones entre el periodo paleolítico y neolítico; hachas pulimentadas y otros elementos de este último periodo; hachas de cuarzo; piedras horadadas en forma de anilla; estelas enepigráficas y otros elementos del período eneolítico; insculturas con signos probables de la edad de bronce y colección riquísima de fíbulas, agujas, anzuelos, anillos, brazaletes, clavillos, espadas y puñales propios de esta edad, y por último escasos objetos de hierro, a pesar de que, según todas las apariencias a esta edad, examinada en el aspecto científico y conológico, a la segundad edad del hierro o de la Tene, pertenece precisamente esta citania en su fase última, no encontrándose seguramente más objetos de este metal por varias circunstancias entre ellas, porque, como es sabido, el hierro no se conserva como el bronce y el cobre, sino que se oxida y se destruye.

Puerto desde el Santa Trega

Pero no queda aún ahí. La citania de Santa Tecla, con sus mámoas, sus concheiros y sus insculturas y por lo tanto prehistórica, pasó también a ser histórica porque los romanos la aprovecharon, seguramente para campamento, y en ella se instalaron no modestamente sino hasta con lujo, como lo comprueban algunos hallazgos, entre ellos fragmentos de un vaso murrino que se conserva en el museo de la Sociedad “Pro-Monte”, cuentas con inscrustaciones de plata, otras de ámbar y otras de cristal con dibujos de ojo de perdiz (¿fenicias?), variadísima cerámica, molinos ánforas, estelas ídolos y monedas romanas de los dos primeros siglos, lo que indica que después de este tiempo fue abandonada por ellos aquella posición, o sea que la conservaron por escasa duración en su poder, ya que en Galicia no entraron hasta el siglo II de la Era cristiana.
Por último no falta quien cree que con este abandono no se extinguió la vida en la cumbre del Tecla, sino que todavía sufrió una transformación hondísima la citania, que en lugar de defensa pasó a ser refugio de oración y de paz, a donde se acogieron los primeros cristianos que buscaban en el retiro y apartamiento el sosiego del espíritu
Desde este monte, situado en la desembocadura del Miño, a la misma orilla del mar, a 314 metros de altura, empieza la costa. Desciende el monte hacia el S. y termina en una punta baja, límite N. de la boca del Miño, denominada Barbella.



Hasta la Guardia la costa corre formando arco con su convexidad hacia el mar, rodeada de arrecife, que despide gran cantidad de piedras, algunas de las cuales llegan hasta dos cables y medio de la orilla. Esta es la parte más peligrosa, y en bajamar descubre sus petones conocidos con los nombres de Fierro, Conjido y Congrido. Entre ellos y la costa hay paso cuando la mar está en calma, que es pocas veces, para las gamelas que allí se usan.
El puerto de la Guarda es un leve abrigo aprovechable únicamente para barcos pequeños, pues es simplemente una caleta abierta al NO. de dos cables de largo por medio de ancho. Sobre el arrecife se construyó, como ya dijimos, un malecón, pero ha sido destruido por las olas cuantas veces se ha intentado repararlo.
La orilla N. es un arrecife inabordable que termina en la punta de la Guieta, entre la cual y la cabeza del rompeolas tiene la boca un abra de N. a S. que no llega a un cable. El puerto no sirve ni aún para embarcaciones menores, pues cuando la mar es gruesa es preciso vararlas. No debe, pues, entrarse en él más que con buen tiempo fijo, siendo prudente permanecer fuera buscando un fondo de arena en unos 20 metros de agua y estando dispuestos a levar en cuanto el tiempo empeore.
Entre el puerto de la Guardia y la punta Centinela la costa corre casi de N. a S. y está rodeada de arrecife y dominada por montes altos y escarpados, muy próximos a la orilla hasta Oya y algo más alejados hacia el N., desde este punto.
La única playa que existe desde la Guardia al Estero de Oya está en una caleta llamada Area Grande, situada a media milla de aquel puerto. Es pequeña y se esconde en el fondo de la caleta. A poco más de tres millas y media de Area Grande, separado de la costa menos de cien metros, está el islote Agoeiro, rocoso totalmente.
La parroquia y la villa.- Así como solamente para algunos Santa Tecla es la Abobriga de que hablan los escritores romanos, la Guardia es para muchos el Ostium Minii, puerta del Miño, fundada por legiones. Otros atribuyen su población a unos malteses a los que una tempestad arrojó a estas costa en un barco desarbolado. Acaso por esto el escudo de la Guardia ostenta un barco sin arboladura, y una de las calles de la villa tiene desde tiempo inmemorial el nombre de “los Malteses”.
El P. Sarmiento busca la etimología de la Guardia en la palabra Varda, gótica o sueva, y otros dicen que los suevos la llamaron Ganda y Garda.
La Guardia, según don Juan Domínguez Fontenla (1), estuvo enlazada con los castros ibéricos de otras localidades gallegas por vías rudimentarias que aún subsisten, y desde ella una vía interior (enlazada con la Per locca marítima) cruzaba el valle del Rosal, comunicando sus castros con los de Loureza para dirigirse a los de Borreiros, Belesar y Barcala, en Donas, y seguir por el Burgo hasta Bayona.


La costa vista desde el monte de Santa Tecla

Según el mismo autor, la Guardia es memorable en el año 445 en que los vándalos arrasaron el territorio de Turonium, llevando cautivas a muchas familias, y por ello un siglo más tarde los antes prósperos burgos de Gauda y Turonio seguían reducidos a la categoría de míseros pagos.
Después de la invasión árabe (2) perteneció la villa hasta el año 1312 al señorío de los Templarios, y más tarde, por donación de Don Pedro I de Castilla, al de don Suero Yáñez, de Parada; pero don Enrique de Trastámara lo depuso de él dándola al cabildo de Tuy, en 1370. Pedro Madruga la usurpó al cabildo y se hizo su dueño hasta 1488 en que volvió a la mitra tudense. Los portugueses se apoderaron de ella en 1665, ocupándola cerca de tres años.
En 1804 se defendió de las flotas inglesas, y sin dejar de pertene3cer al cabildo de Tuy, fue dominada por los corsarios, siguiendo en poder de aquel hasta 1811 en que fueron suprimidos los señoríos eclesiásticos. En 1809 sus hijos lucharon contra los franceses, formando una guerrilla con los del Rosal.
 

Castillo de San Cruz, desde el monte Santa Trega

En todas estas luchas fueron destruidos los dos castillos que en ella existían, el de la Atalaya y el de Santa Cruz, este situado en un saliente de la costa, y aunque fueron reparados en distintas ocasiones por particulares, hoy sólo existen de ellos las ruinas.
La Guardia fue antiguamente capital del concejo de la Foz del Miño, integrado por los actuales ayuntamientos de este nombre y el Rosal.
La Guardia limita: al N., con el Rosal y el monte Terroso; al S., con Camposancos; al E., con Salcidos, y al O. con el mar. Dista 26 km de Tuy y 71 de Pontevedra.
Consta la Guardia de 3.772 habitantes de derecho, que se distribuyen: 2.738 la villa, 421 el barrio de Cruzada y 563 el barrio de Sobre la Vila, que ocupan 969 edificios.
La iglesia es del último tercio del siglo XVI, y sus fiestas principales son las de Corpus y la Guía, donde existe una capilla, habiendo, además, las de las Carmelitas y San Cayetano y el convento de Benedictinas, construido en 1561, también con su capilla. Pero la más importante de todas ellas es la de Santa Tecla, consagrada a la Ascensión de la Virgen, donde se celebra todos los años durante su octava una novena que constituye un votyo penitencial, donde los romeros hace años no comían más que pan y estaban durante 24 horas sometidos a una dura penitencia.
 

Interior de la ermita de Santa Tecla
Hay en la Guardia un par de hoteles de primera clase y algunas fondas, buen comercio, un café dos bares, un cine, fábrica de muebles y molinos harineros.
Tiene dos campos de deportes, siendo bastante bueno el Stadium de Troncoso y un equipo de fútbol de la serie B, denominado “Deportivo Guardés”.
Cuenta la Guardia con varias sociedades de recreo y culturales, como el Casino, el “Club de Artesanos” y el “Recreo Artístico”, en los que se suelen dar conferencias, conciertos y funciones teatrales principalmente, organizadas por el último de ellos, con un cuadro de declamación de aficionados que suelen dar representaciones en el cine “Ideal”. Existe, además, el Centro de Agricultores, el Centro Obrero, “La Unión” y el “Deportivo Guardés”, que organizan excursiones turísticas y festejos durante el verano. Son tradicionales las fiestas de San Juan, que se celebran en la villa y sus alrededores, con las hogueras y los bailes ante ellas, amenizados por músicas, orquestas y gaitas.
En sus términos está el aeródromo de Canosa, el más importante de Galicia, donde recientemente han aterrizado las diferentes escuadrillas de aeroplanos que vinieron a Lalín en el aniversario del glorioso aviador Loriga.
La Sociedad “Por Monte San Tecla” realiza también una gran obra cultural, y sobre todo tiene establecido el notabilísimo museo arqueológico de todo lo hallado en las excavaciones del monte, que reviste gran interés, muy semejante por la variedad y por las colecciones al de Numancia.
Tiene la Guardia actualmente las siguientes escuelas nacionales: dos de niños (una en la Marina) y dos de niñas. Hay, además, el Colegio de Carmelitas Trinitarias, donde se da enseñanza a niñas y párvulos.
 

Rúa Puerto Rico

Las calles de la Guardia son bien cuidadas y algunas propias de una ciudad, y tiene títulos significativos como los de Puerto Rico, por ser construidos sus edificios en su casi totalidad por inmigrados de aquella isla y otros lugares de América.
Las producciones de esta parroquia como las del ayuntamiento son cereales, maderas, vino, frutas, ganado y pesca; envases metálicos, muebles, juguetes y cuerdas.
Tiene la Guardia viceconsulado portugués, y cuenta con telégrafo, teléfono y luz eléctrica, así como un buen servicio de automóviles a Tuy y Vigo.
Camposancos (Santa Isabel).- Limita: al N., con la Guardia (Santa Tecla); al S., con Portugal, del que la separa el Miño; al E., con el mismo río y Salcidos, y al O., con el Océano Atlántico. Dista 75 kilómetros de Pontevedra y 28 de Tuy. Sus entidades son dos únicamente: Camposancos, con 1075 habitantes, y Pasaje, con 119, que hacen en total 1.194, para los que tiene cuatro escuelas, dos de cada sexo.
Su monte más importante es el de Santa Tecla, que tiene una altura de 314 metros, y la baña el Miño ya en su desembocadura, la soberbia desembocadura del Miño, al pie del célebre Facho o pico de Santa Tecla, lugar lleno de encantos y de magnífica visualidad.
Llega hasta aquí la carretera de Tuy a la Guardia, y de ésta parte un ramal al Pasaje.
 

 
La iglesia es de reciente construcción, o sea del siglo pasado, y tiene, además, la capilla de San Mauro. Sus fiestas principales son las de este santo, la patronal y la de San Roque.
Tiene alumbrado eléctrico; la gran fábrica de aserrar maderas denominada “Serrerías del Miño”, una de las más importantes de Galicia; Casino y algunos establecimientos de comercio mixto. Cuenta también con teléfono, y en Pasajes hay Aduana y puesto de Carabineros.
Produce maíz,  ptatas y algún vino. Posee riqueza forestal, principalmente en pinos. Sus habitantes se dedican también a la pesca del salmón y del sábalo, de la que obtiene muchos beneficios.
Existe en esta parroquia una sociedad titulada “Sociedad del Coto”, con cuyos fondos se cubren las principales necesidades del pueblo.
Hasta hace unos años estuvo establecido en esta parroquia el Colegio de la Compañía de Jesús, soberbio edificio que luego ocuparon los jesuitas portugueses y que hoy ha quedado sin destino por la expulsión de estos.


Picos como los hallados por Jalhay y Fontes
 
Camposancos es notable en el aspecto arqueológico, porque allí, en el lugar de Saa, al pie del monte de Santa Tecla, se halla la estación prehistórica que el P. Jalhay descubrió y considera como paleolítica, pero que el arqueólogo tudense Manuel Fernández Costas considera simplemente como asturiense y el doctor Fontes cheleo-achelense.
El señor Fernández Costas, siguiendo los descubrimientos iniciados por el P. Cruz y seguidos por el P. Eugenio Jalhay y el arqueólogo portugués Joaquin Fontes, a los que acabamos de aludir, ha hecho importantes descubrimientos de nuevas estaciones de este mismo carácter en la playa de Area Grande y en otros lugares como Fedorento, Matadeiro, Aldramán, A Ribeira, A Moreira y A Cetárea de Silva, lo cual demuestra la abundancia extraordinaria del material de esta clase, existente no sólo en la Guardia sino en el mismo Tui, como ya dijimos al hablar de esta ciudad. Picos, machados de abano, poutadas, raspadores, machadas de mano o coups de poing, abundan extraordinariamente en toda esta zona y presentan ancho campo al investigador para sus estudios y consideraciones publicados en dos folletos: Notas en col do asturiense na bisbarra d’A Guardia, publicada en 1929 en la Coruña, y As industrias Líthicas d’A Guardia, impresa también en dicha ciudad.
Salcidos (San Lorenzo).- Limita: al N., con el Rosal; al S., con Camposancos; al E., con San Miguel de Pías, y al O., con la Guardia. Dista 74 km de Pontevedra y 26 de Tuy.
 

Salcidos desde el Monte Santa Trega

Sus entidades son: Cividanes, con 1.018 hbitantes; Gándara, 378; Pintán, 118; Proba, 81 y Salcidos, 1.183, que hacen un total de 4.778 para los que tiene dos escuelas unitarias en Salcidos y una mixta en la Gándara.
Sus montes principales son el Tarroso al N. y el Santa Tecla al S., y por este mismo lado la baña el río Miño. La atraviesan las carreteras de Tuy a la Guardia y de ésta al Rosal. El río Miño forma en sus términos una isla denominada la Canosa, que se extiende desde la desembocadura de Tamuxe, en San Miguel de Tabagón, hasta Pasajes, en Camposancos.
La entidad de Cividanes se halla en el castro de este nombre, situado en el Tarroso, que tiene unos 365 metros de altura y cuyas laderas están cubiertas de pinares. Hay huellas de vía romana, pero fue poblada por razas prerromanas y tiene carácter de acrópolis.
La iglesia fue reconstruida en 1865, borrándose las huellas de su primitivo estilo. Tiene, además, las capillas de San Roque y Las Mercedes, celebrando la fiesta del primero el 16 de Agosto y la del Cristo de la Vera Cruz en el mes de Marzo en día variable.
Hay alumbrado eléctrico, una fábrica de cerámica de teja plana, ladrillos, tubería y loza; un taller mecánico de muebles, varios molinos eléctricos y maquinaria agrícola. Produce maíz, patatas y vino, y cría ganado vacuno y de cerda, Hay un asilo de fundación particular con una pequeña renta.
Los varones emigran a Castilla, Extremadura y Aragón y son en su mayor parte albañiles.
Tiene Salcidos importancia prehistórica porque en el citado monte de Cividanes existe alguna mámoa y se hallaron dos estelas con triceles que se encuentran en el museo “Pro-Monte”. Se presume que existió allí la antigua ciudad de Santa Eulalia.

HIJOS ILUSTRES.- P. Ramón de Ordóñez, escritor y filósofo, que nació el 22 de agosto de 1732.
Juan Bautista Alonso, que nació en Salcidos el 14 de Septiembre de 1801. Estudió Filosofía y Derecho en Salamanca y fue subsecretario del Ministro de la Gobernación con Olézaga y presidente de Consejo de Estado en 1868. Publicó en 1835 un tomo de poesías elogiadas por el gran crítico Mariano de Larra (Fígaro). Murió en 5 de Diciembre de 1879.
Jaun Portela Vicente, presbítero, que nació en 1840 y fundó el asilo de que hemos hablado. Murió el 17 de Febrero de 1913.
Manuel Lomba, fundador de la Sociedad “Pro-Monte”.
Manuel Ángel, notable pintor, que nació el 16 de Febrero de 1855.
Manuel Rodríguez Baz, que nació en 1828 y murió en la Habana, donde fue cónsul general de Portugal e Italia, el 23 de Enero de 1890.

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1)    Libro de Oro de Pontevedra (1931)
2)    Almanzor la destruyó en el año 997
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