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Hércules del Tecla

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El Hércules del Tecla
por Miguel Reboredo Otero

    Hoy, un día triste y gris lleno de niebla, situado sobre la cima del Monte que corona A Guarda en la que se encuentra un museo [1] de enorme valor, y que pocos vecinos llegan a apreciar la ingente dimensión cultural inherente a este espacio. Un día gris que me evoca a escribir sobre este lugar que nos habla de tiempos ancestrales a través de los múltiples restos arqueológicos que se encuentran depositados en él.
     Estas pruebas que nos ayudan a descifrar los comportamientos humanos desde hace más de veinte siglos; también nos permiten reescribir la historia a medida que se analizan o aparecen nuevas aportaciones a través de las excavaciones que se hicieron o que se están realizando en este grandioso enclave.
     No pretendemos hacer un tedioso estudio sobre las piezas y depósitos del museo del Tecla, ya que sería un ingente trabajo que nos apartaría del motivo principal del mismo: El Hércules [2] del Tecla.
     Antes de profundizar en el tema debemos poner al lector sobre unas bases que le ayuden a situarse en la época de esplendor del que quizá sea el castro más grande de todo el noroeste peninsular, y que fue ocupado durante más de dos siglos –Las recientes excavaciones expanden todavía mucho más esas apreciaciones- y con una enorme densidad de población que desbordaría casi toda superficie útil a ocupar.
     Todas esas evaluaciones están más que probadas, no es que lo desee, es que la cerámica asociada tanto indígena como romana, las labras, los útiles, monedas, esvásticas, torques, espadas, herramientas de uso doméstico … nos hacen entrever un pasado tremendamente enriquecedor que estos fondos depositados en el museo nos lo quieren exponer en todo su esplendor.
     Una vez rematada esta breve exposición, y poniendo al lector en la línea temporal del enclave, podríamos extendernos en las numerosas piezas existentes en él, en los fondos que hay, y empezar por el más reciente, El cabezón del Tecla hallado en las últimas excavaciones del 2016 terminando por el precioso remate de torques de oro que se encuentra en una de sus vitrina
   Muchas piezas que evocan una sorprendente historia, un museo que nos habla a través de sus restos y un monte que nos muestra su yacimiento es un mundo de enormes posibilidades………….
   ¡No!, este trabajo no va hablar de las piezas que hay, no porque todas y cada una de ellas pasaron por manos más cualificadas que las mías para hacer una disertación clara de la misma. ¡No! Porque hay estudios completos de los depósitos y yo poco podría aportar a los mismos.
   Ahora bien, lo que mucha gente desconoce es la existencia de una figura de bronce, de unos 18 cms de altura y realizada mediante el método de la cera perdida [3] ¡Si! Existe esa pequeña pieza entre los fondos del museo del Tecla, y encima no está expuesta al público: He aquí nuestra pequeña historia.
   Me refiero a una interesante escultura en bronce proveniente de una fase ya romanizada de este castro costero: se trata de una supuesta representación de la divinidad grecolatina, Hércules-Heracles en la mitología griega- Es una figura de bronce de unos 18 cm de alto para la que Ignacio Calvo, en su memoria de las exploraciones arqueológicas de los años 1914 a 1920, señala un origen íbero copiado de modelos romanos.
   La interpretación del bronce no está exenta de problemas. La imagen es un hallazgo fortuito realizado por un cantero que encontraba en el pico facho en 1861 y que se integró en la colección particular de Don Ricardo Blanco Cicerón, posteriormente fue donada al museo del castro en 1922 para formar parte de sus fondos.
   Desgraciadamente en 1964 fue objeto de un hurto aún hoy sin esclarecer.
   Otra cuestión es la problemática derivada de su interpretación iconográfica, ya que se viene dando por sentado que se trata de un Hércules, pese a carecer de sus atributos más característicos, como la piel de león o bien la clava [4]. Sin embargo, la posición del brazo derecho de la escultura evidencia que esta se apoyaba en un elemento perdido. Teniendo en cuenta, además, que se trata de un hombre barbudo de aspecto imponente, todo parece indicar que posiblemente estamos ante Hércules, ya que cualquier otra representación en bronce de los primeros siglos tras el cambio de era fallaría en explicar satisfactoriamente su composición; esta, en cambio, no es extraña
para el héroe guerrero, que descansaría sobre una clava perdida. Respondería, de este modo, a un tipo de representación de Hércules bien conocida y con una amplia dispersión geográfica entre los siglos I y III d.n.E.
Atendiendo a esta comparación, podemos suponer que, con su mano derecha, se apoyaría en una clava perdida mientras que, con la izquierda, sostendría una manzana aludiendo con ello al episodio del jardín de las Hespérides (5).
Hoy, pasados muchos años de su descubrimiento, bastantes de su robo, y el abandono de las instituciones, esta figura tiene un merecimiento inherente al Tecla, y sin ánimo de ser reiterativo, es el Hércules del Tecla, obligando aclarar que el guardado es una réplica. Réplica realizada por el escultor tomiñés José Antúnez Pousa, que debería estar expuesta al público para recordar que en su día el Tecla tuvo dicha figura.
Figura que ha desaparecido y que debe recordarse para un día poderla recuperar.
Autor: Miguel Reboredo Otero.
Guarda del monte Sta. Tecla.
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PIES DE PÁGINA:
1-El museo fue creado por la Sociedad Pro-Monte en el año 1917, ocupando en un principio unos locales en la villa de A Guarda hasta que en 1953 fue trasladado al actual edificio en el propio castro, en la cumbre del monte de Santa Tecla, que le da el nombre a ambos. Fue declarado Monumento Histórico y Artístico en 1962.
2-Para la Mitología Griega clásica, tal como se designa al conjunto de mitos y leyendas que corresponden justamente a los antiguos griegos y versan sobre sus dioses, la naturaleza del mundo y sus héroes, entre otras cuestiones, Hércules, llamado en realidad por los griegos Heracles, fue un popular héroe perteneciente a la mencionada mitología. Mientras tanto, en Roma y en Europa Occidental se hizo conocido como Hércules, especialmente gracias a la popularidad que le
imprimieron los emperadores Cómodo y Maximiano, quienes se identificaron con su figura. Hércules era hijo natural de Zeus y de Alcmena, una reina mortal, aunque fue adoptado por Anfitrión (bisnieto de Zeus).
3-El moldeo a la cera perdida, fundición a la cera perdida o vaciado a la cera perdida. Es un procedimiento escultórico de tradición muy antigua que sirve para obtener figuras en metal (generalmente bronce y oro) por medio de un molde que se elabora a partir de un prototipo tradicionalmente modelado en cera de abeja.
4-Una clava es una maza, porra o garrote, de tamaño corto a mediano, usualmente de madera, que va aumentando de diámetro desde su empuñadura a su extremo y que desde la remota antigüedad, se utilizaba como arma de cuerpo a cuerpo o de contacto. Para aumentar su efectividad, se podían colocar en la zona extrema, piezas de sílex, hueso o metal.
5-LAS MANZANAS DE LAS HESPÉRIDES, de los trabajos de Hércules. Hasta ahora había llevado a cabo Diez Trabajos en ocho años, pero como Euristeo pensaba que la muerte de la Hidra y la limpieza de los establos de Áugeo no habían seguido sus reglas, envió al héroe a realizar un nuevo trabajo. Ahora debía viajar hasta los confines del mundo conocido para traerle las manzanas de oro de las Hespérides o «damas de la noche», que eran las hijas del titán Atlas, el cual vivía en el límite occidental del mundo y sostenía sobre sus hombros la bóveda celeste-

Bibliografía:
El Hércules de Santa Tegra y el middle-ground de la religión castreña. Alberto Santos Cancelas
Departamento de Ciencias de la Antigüedad. Universidad de Zaragoza.
Citania y Museo Arqueológico de Santa Tecla. Xoan Martínez Tamuxe
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