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Vivienda reconstruida en el Tecla

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Cincuenta años de una reconstrucción 1965-2015
por Miguel Reboredo Otero

           Muchas veces no sabemos valorar las cosas de nuestro entorno hasta que estas mismas reclaman su protagonismo mediante la insaciable necesidad de ser fotografiadas. A nadie que vive en La Guardia le es de extrañar el enorme apetito fotográfico que suscita el monte SantaTecla para el turista, pero seguro que si preguntas por alguna estructura que es requerida constantemente como fondo recordatorio de una instantánea a todos nos viene a la memoria una pequeña construcción que es recordada por toda Galicia tanto como celebración de una excursión como inicio lectivo sobre un tema histórico: La Cultura  Castreña. Esta pequeña estructura no es más que la primera reconstrucción de una vivienda que profundiza sobre la cultura de los castros, y ahora que cumple cincuenta años le debemos dedicar unas pequeñas líneas para que su recuerdo entre también en la historia de La Guardia y de Galicia, y por tanto en mi historia:
        Ya hace algunos años cuando era un niño recuerdo que apareció en mi casa una especie de cenicero que tenía una forma peculiar, era una vivienda castreña. Dicho cenicero que trajeron mis hermanas y que causaba furor en La Guardia en esas fechas estaba desarrollado en dos partes: la primera, de forma circular y que representaba el hogar y la morada, y una segunda que si bien era desproporcionada -tenía que ser cenicero- hacía de vestíbulo o castañuela como decimos aquí.
        Corría el verano del año 1965, y siempre tengo este recuerdo cuando observo la última reconstrucción de esta vivienda. Recuerdo que continuamente se aviva al acercarme a La Guardia y ver los carteles anunciadores como ayuntamiento de interés turístico. Y también sé lógicamente que esta no será la última interpretación de la misma pues la inventiva de los hombres es infinita.
           Es curioso al pasar de los años como cambian las maneras de interpretar los yacimientos arqueológicos, cada época hace suya la manera de desentrañar el pasado; y desde una base interpretativa, generalmente la plataforma o soporte de cementación que permanece invariable a través de los años, empiezan a determinar las s supuestas alturas que pueden oscilar mucho sea según su interlocutor, o según el estado de los muros sobre los cuales se tenga que dilucidar.
         Cuando la sociedad Pro-Monte decidió reconstruir una vivienda en el año 1965 desplazó a Briteiros (Portugal), al Sr. Salinas, D. Ángel Luis Troncoso y D. Jesús Juan Garcés con el objeto de documentarse bien antes de pasar a la reconstrucción de la casa.
          De las muchas edificaciones que se encontraban excavadas se escogió una cerca de la carretera como intento de réplica y de referencia a las existentes en dicha ciudad, pero añadiendo el vestíbulo y haciéndola bastante más baja, seguramente a causa de parámetros estéticos.
          Transcurridos los años, siete para ser más precisos, se reconstruyó otra vivienda al otro lado de la carretera con los mismos parámetros que primera, y sabiendo, que la parte lítica de la construcción permaneció casi siempre inamovible dentro de las interpretaciones que se les quiso aplicar; excepto de los pequeños añadidos o rituales más o menos "esperpénticos" que pretendían hacer por un folclore turístico. La vivienda sólo se vería alterada en el techo porque en esas fechas se hacía con junco, material que si bien no era del todo adecuado resolvía el problema de una manera ciertamente eficaz y en el cambio habitual de las maderas y del palo central que soporta al tejado.
         En esas fechas no debemos olvidar a una persona que tenía un encanto especial a la hora de desarrollar su inventiva y que hacía de esta zona la más fotografiada en el Tecla: Don Gumersindo Salinas o Señor Salinas como se le conocía siempre.
          Esta buena gente tenía una creatividad que daba envidia a cualquiera que lo escuchaba, era la imaginación personificada y la inventiva hecha hombre. De él salían leyendas que hoy no aguantarían la más mínima investigación pero enriquecían el panorama turístico y creaban una mítica duda, ¡así era el Señor Salinas!
          Durante esa época se hicieron cambios en la estructura vegetal bastante caprichosos y poco prácticos para su función, pero curiosos en el transcurso del tiempo.
          Cambios como poner ramas verdes sobre el tejado, una puerta en la entrada de la vivienda o una verja de madera puesta en el vestíbulo, así como pequeños pilones y otras piedras labradas para ambientar una época mágica y potenciar el turismo a la subida al Tecla.
          Posteriormente, con el sobrevenir de los años y teniendo a una Sociedad ProMonte en plena extinción y un Patronato Municipal camino de su consolidación, se comenzó a tratar las reconstrucciones con unos criterios más objetivos y creíbles.
         Ya se empezaba a discutir si el palo central era necesario en la reconstrucción, la ventana siempre fue motivo de debate desde la primera interpretación, la altura de la misma era demasiado pequeña para las nuevas definiciones, las labras decoradas eran demasiado abundantes para una sola vivienda, no había fallado etc.
         Con estas premisas al principio del nuevo milenio comenzó a rehabilitarse la vivienda con nuevos criterios:
         Se aumentó la altura de la misma en más de medio metro, pero si precisaba un metro aunque que no se atrevieron los restauradores por temor a una crítica voraz, se techó tanto el núcleo como el vestíbulo suprimiendo el palo central, se fijó una doble altura para hacer un fallado, y algunas pequeñas cosas que olvidamos de subrayar para no aburrir al lector. Sin lugar a dudas, desde el año 1965 hasta ahora fue la interpretación más valiente que hizo sobre las reconstrucciones en el Tecla.
         Hoy, este monte es el segundo lugar más visitado de Galicia después de la Catedral de Santiago tiene un lugar emblemático: Sus viviendas restauradas que son envidia de todos los castros.

Miguel Reboredo Otero.
Empleado de la Xunta de Galicia para el Tecla.  

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